26 abril 2016

Regreso


Sólo duele de verdad cuando regresas
Dejar cosas atrás no es complicado.
Lo difícil es volver a ver el mismo lado
Torcido por el tiempo lleno de arrugas gruesas
Pues mirar es mirarse en el espejo
Ya resistente a la idea, a Stendhal,
A la historia que quisiste contarte
Que te cuentas cada día desde lejos.
Nunca como esperabas, como un verso
Que muestra realidad ante tus ojos
Marcharse no es difícil, amigo mío
Llevamos una vida marchándonos de algo lo difícil, lo que desangra
Es volver para ver que aquello fue verdad
Que fuste la que fuiste,
Que el amor se mezcló con odio algunas veces
Que las tardes no habían sido cálidas,
Que traicionaste, que te traicionaron
Que nunca hubo perdón en la distancia.
Y luego, sin embargo,
Volver es volver a echar de menos.
No añoras hasta que tu piel recuerda
El olor familiar, el timbre de las voces, las paredes. Y vuelves a ser la que fuiste por
Un lapso muy breve, un instante fugaz
Un abrir y cerrar de ojos y mentiras.
La realidad también es adictiva
Como la morfina, el hachis, las drogas familiares
Que permitieron huir algunas veces
Y nunca demasiado lejos.
No echabas de menos la que fuiste,
Hasta que vuelves a ser ella,
Hasta que vuelven a mirate
Los ojos complacidos y expectantes
hasta que das vuelta hacia atrás
Al tiempo que susurras, que no
Que no eres esa.

01 febrero 2016

El secreto de la educación

Si le das un pez a un hombre
comerá un día.

Si le enseñas a pescar
comerá todos los días.

Si pescas delante de él
y te comes el pez
con pasión y placer,
el hombre acabará
pescando mejor que tú.

Ese es el gran secreto de la educación.

17 enero 2016

Guía de etiqueta para pobres

Estimado pobre,

es nuevo en esto. Es la primera vez que pisa este lugar sagrado, este anfiteatro. Lo sabemos, y por eso no queremos dejar pasar la oportunidad de ofrecerle unos cuantos consejos que puedan resultarle útiles a la hora de integrarse en la vida de la cámara, a la vez igual y diferente de la vida real.

1. La ropa. Es muy importante llevar la ropa adecuada. Puede olvidarse de todo lo demás, pero haga el favor de recordar la ropa. Debe ser ropa barata, de alguna cadena tipo Zara, Mango o Pull and Bear, pero que imite lo mejor posible la ropa cara. Tiene que ser una copia, ejecutada con precisión pero sin perder su idiosincrasia mimética. No lleve nada de firma, ni excesivamente caro, manténgase en un precio asequible para todos los bolsillos. Su ropa ha de ser parecida a la nuestra, pero nunca igual. Es importante que la diferencia se mantenga, sin renunciar por ello a la elegancia o la homogeneidad. Olvídese de atuendos juveniles, coloridos o que llamen la atención. A cualquier gremio le incomoda especialmente no reconocer en sus colegas un espejo de sí mismo.

2. El olor. Quiera usted o no lo quiera, traerá al congreso ese olor a pobre del que resulta tan difícil desembarazarse. Si usted no lleva la ropa adecuada, o no ha pasado por la peluquería, ese olor se verá incrementado. Le aconsejamos que visite los museos, los teatros, las óperas y, en fin, cualquier lugar donde vayan los ricos, con perfumes caros y olor a clase social alta. Estos lugares se le pegarán a la piel y harán que usted lleve un olor adecuado, un olor aceptable.
Evite pasear por barrios como Usera o Estrecho, donde hay altas concentraciones de olor a pobre. El pobre siempre huele mal. Convénzase de esto. No frecuente pobres, porque el olor, como la pobreza o la enfermedad, son contagiosos, víricos, pegadizos. Y sobre todo no traiga ese olor a pobre a nuestra presencia. Nos tomamos la profilaxis muy en serio.
Olvídese de visitar casas humildes. Si acaso vaya a ver a su madre, pero vaya con su traje bien planchado, su falda de tubo, su corbata, sus medias de 300 deniers, para que su mamá se siente orgullosa y lo admire. La admiración huele bien, la admiración baña de aroma a albahaca y cedro cualquier ambiente. Así que –en este caso y sin que sirva de precedente– no se preocupe por el olor a croquetas y a guiso (comida de pobre) y déjese impregnar por la admiración ajena. Respírela muy fuerte y se irá traspasando a su piel. Eso sí, por nada del mundo se queda a dormir. Las sábanas de pobre dejan un olor muy desagradable, que no se puede quitar ni con los geles de ducha l'Occitaine de lavanda.
Visite El Corte Inglés. Compre un perfume caro. Ni se le ocurra comprar el perfume en otro lugar. Todo acto teatral requiere su escenario preciso. Sin embargo, no se embadurne de perfume. Unas cuantas gotas bastarán para que lo aceptemos en la manada, para que lo reconozcamos como uno de los nuestros.

3. Lo extravagante. Evite a toda costa llevar cualquier cosa que llame demasiado la atención: rastas, joyas ostentosa, uñas largas, un pañuelo en la cabeza o un color de piel excesivamente negro. Manténgase todo lo blanco que pueda. Si es posible que usted sea un hombre, mejor, el hombre es más neutral, no resalta a la vista, se mimetiza perfectamente con la representación que de sí mismos tienen los votantes (sean estos hombres o mujeres). Procure por todos los medios ser un hombre. Si no tiene más remedio que ser mujer, trate de resultar lo más hombre posible. En estos círculos, ser hombre blanco se considera de un buen gusto exquisito.
Si, pese a todo, a usted se le nota mucho su extravagante sexo, por unos pechos demasiado abultados, una vos muy aguda o hijos, evite que estos elementos sean visibles.

4. Tiene usted terminantemente prohibido dar el pecho en el congreso. Tiene que ser consciente de que está haciendo un trabajo de hombres, que los cuidados no son compatibles con el hecho de tomar decisiones importantes. También se deberá hacer cargo de que ninguno de los presentes tienen que soportar el olor, los llantos o la atención de un bebé. Solo los pobres van pegados a sus crías, como animales maleducados. Aquí no aceptamos que los hijos formen parte de la comunidad. Sus niños, al igual que sus ropas, deberán ser una copia barata de nosotros mismos. Deben estar confinados a guarderías, este no es lugar adecuado para dar el pecho, ya que entendemos que es antihigiénico y obsceno, que se aleja de la masculinidad aséptica que ha de reinar en este recinto sagrado.


Sin otro particular, le damos la bienvenida, esperamos llevarnos bien y que nuestros consejos le ayuden a integrarse, a mantener el estatus y la imagen de este lugar en su sitio, neutral y elegante, como siempre ha sido y como siempre habrá de ser.








01 diciembre 2015

Tirar

Guardamos todo. Guardamos los libros que nos servirán en un futuro, las fotos, los diarios, las libretas, la ropa que nos trae recuerdos de cuando éramos más felices o estábamos más delgadas. No dejamos de guardar, cada día un poquito, hacemos hueco, reordenamos las estanterías, nos sentimos orgullosas de todo lo que tenemos, de lo que hemos conseguido hasta el momento, pero quizá también alberguemos la esperanza de más cosas, más libros, más ropas, un ordenador mejor, una tele más grande. No somos del todo felices porque siempre nos falta alguna cosa, sin pensar, incautos de nosotros, que quien no es feliz con todo lo que tiene tampoco va a ser feliz con todo lo que le falta.

Guardar es un acto de responsabilidad, unas veces una responsabilidad propia (tengo que leer este libro, tengo que practicar este deporte), otras veces –muchas más de las que nos gustaría admitir– un acto de responsabilidad con algún otro: no se pueden tirar los regalos, pues se ofendería el sentimiento con el que se nos regaló, no se pueden tirar las herencias, porque quiénes somos nosotros para decidir tirar aquello que estuvo tantos años siendo fielmente custodiado por nuestros progenitores. Tampoco podemos tirar aquello que nos define, porque le estaremos robando a nuestros hijos, al futuro, la opción de conocer nuestra historia, quiénes fuimos y cómo hemos llegado hasta allí. De esta manera deshacerse de cosas se convierte en minúsculas traiciones, que no se nombran como tales pero que se castigan con culpa, con reproches, porque violan leyes tan antiguas que no se pueden nombrar.

Pero si guardar es un acto de responsabilidad, una responsabilidad que no se puede romper sin pagar un precio por ella, tirar el un acto de honestidad con una misma. Tirar aquello que fuiste significa que aceptas que ya no eres eso, que ahora no te define, que durante un tiempo te sirvió pero que ya no vale. Tirar lo que guardas para tus hijos es aceptar por fin que los años pasan y que cada vez es menos probable que los hijos lleguen, que una vez los aceptaste como una realidad incuestionable pero que la realidad, la verdad honesta es que hoy en día no existen. También es aceptar que escribías mucho, y muy bien, y muchos diarios, pero que ahora no estás escribiendo y que tener esos diarios allí te tranquiliza porque sientes de alguna manera la tarea cumplida, puedes sentirte escritora, poeta, lectora ilustrada. Tomaste notas, hiciste poemas, tuviste grandes ideas para desarrollar más tarde. ¿Y qué? Pues que nada de eso es una realidad ahora, así que dejar ir es tener que empezar de cero.

Lo bueno de las cosas es que construyen tu identidad. Lo malo de las cosas es que esa identidad es una mentira, un deseo, un apego. Es una identidad que heredaste o que quisiste ser en algún momento, o que querrás ser en el futuro. Una identidad que te mantiene a salvo de tener que enfrentarte a quién eres, a cuáles son tus verdaderos valores. Siempre encontré el coleccionismo como algo patológico. Coleccionamos porque existe una carencia, un sentimiento de incompletitud que queremos llenar con cosas. El coleccionista siempre tiene (tenemos) algo de psicópata. Llenamos huecos, manipulamos el entorno, buscamos la pieza que falta. Nuestra colección se vuelve más importante que nuestras relaciones. Cada vez estoy más convencida de que nos rodean seres animados, con un nacimiento, un cenit, una degradación, una muerte. No importa si el objeto en cuestión sea sólido, de un material irrompible, el objeto llega un momento en que se muere a nuestro lado y no somos capaces –no somos valientes– de darle sepultura, de tirarlo, regalarlo, deshacernos de él. "Todavía sirve" nos decimos, "es una pena", y verdaderamente es una pena, es una pena horrible, decir adiós a algo que nos ha servido, que nos ha gustado tanto tiempo, los objetos son seres animados, y por lo tanto su despedida genera también un luto. Un luto que no se puede llevar con naturalidad, sino con hastío o con histrionismo. O bien despedimos con indiferencia o bien con aspavientos, nunca con un ritual solemne y sagrado.

Y luego, por supuesto, después llega el arrepentimiento. Una vez que te has armado de valor para tirar pasan los años y te das cuenta de que echas de menos tus cosas, de que quizá no deberías haberlas regalado, no deberías haberlas tirado a la basura. Odias a tus amigos por aceptar ese regalo que debió haber sido un préstamo, te odias por haber guardado en una caja ese libro que tanto te gustaba. Deshacerse es aceptar ese sentimiento, esa nostalgia. Deshacerse es aceptar el hueco, la soledad, la ausencia. Deshacerse, tirar, es convivir con esa ausencia y empezar a amar lo que sí está, lo que sí has conservado, las poquitas cosas que necesitas, que te gustan, y que un día también se irán, como nos vamos todos, dejando un hueco un tiempo para después permitir que la vida siga. Tirar es dejar fluir, es aceptar el fluir, es saber que lo que se fue no volverá, que lo será todavía no está siendo, es amar el instante, precioso y perecedero, como una hermosa flor de este mi –vuestro– jardín.











04 noviembre 2015

India. RUCHI

Primer día en Ruchi. Apenas pude dormir. Tuve que ir al baño, escribir a M., jugar al 2 dots, jugar al threes, mirar un puñado de cosas (sin internet el móvil se vuelve un trasto no demasiado útil). Después mi alarma para meditar sonó a las 3 y media y me desveló cuando ya había cogido el sueño, y a las 5 y algo apareció el sol y a las 8 Anaïs hablaba con Gita. Así que en el meeting de hoy sólo una parte estaba presente.

Solan: big town
Shimla: City
More traditional
Conflict: kids quieren hacer cosas. Kids have to work in the field.

Ahora estoy más preocupada por mi maleta, ya no es tan bonito estar sin cosas. Llamé a la aseguradora, pero no funciona el móvil (un trasto más inútil aún). Tenía que haberlos llamado a cobro revertido cuando ocurrió el percance. Imagino que todo es aprendizaje. Una parte de mí estaba feliz, la otra simplemente lo esperaba, lo asumió como obvio. De alguna manera atraje la pérdida.
Llamamos y llamamos, pero no responden. Empiezo a echar cosas de menos, como el secador de pelo, la toalla, las cholas.

Women self help group. Idea: woman become independent. Just keep the money. Al final se lo reparten y ya está. Les enseñan cosas para hacer. Problema ¿luego dónde lo venden? No pueden competir con las fábricas.

Me sentí ausente el las reuniones, sólo siguiendo a la gente con la mirada, tratando de no cabecear. Apenas entiendo al chico inglés, Al, de piel oscura, parece mas de India que de Londres. Esperaba un apuesto caballero inglés, de ojos azules. Prejuicios. Están por todas partes. Es inmensamente difícil sacudírselos de encima.

Social-technical NGO. Construir cosas. Empezaron a venir ingenieros. Low cost building. 40 people working. Soil and water conservation practices. Technological interventions. Cómo conservar water. Primeros en conservar agua en el techo.

Anaïs parece más habladora con la gente, es diferente, mi viaje no es su viaje. Cada persona hace un viaje diferente, aunque cojan los mismos trenes y visiten idénticos lugares, pues partimos de puntos diferentes y llegamos también a diferentes metas.

Woman -> centro de la familia. La mujer puede educar a toda la familia. Gap between men and women. Marriage arranged muy jóvenes 70% indias no van a la universidad.

Una sombra muy negra de arrepentimiento me inviadió anoche ¿qué coño pinto yo aquí? ¿para qué he venido? Medio consciente, intentaba enlazar preguntas con "para qué". Parece que llevan a algún sitio. A Dios esta vez. No preguntéis más. Estaba casi soñando, y ya sabéis que los sueños están construidos de una materia frágil.

Global warming issues: awareness of the people.
Cantera: hace mucho humo. Paran la actividad que formaba el humo.
Population activity.

También creo que busco ciertas raíces acá, pues hay rasgos que me recuerdan a mi familia de Tenerife, como si hubiera emigrado del Este. Las mujeres locales me dicen que "Sibi" es un nombre hindi. Una me miró de arriba abajo, diciendo que tenía el cuerpo similar al de su hija. Sí, cierta familiaridad, cierto aire de reconocimiento.

Social responsibility project. 30% del profit in social.
Short EVS. Infraestructuas. Self help. No muy común ser voluntario local. Bandh Village. 60 people in RUCHI.





03 noviembre 2015

India. El vagón de primera clase.


















(El frío) en el vagón de primera clase

En el vagón de primera clase
del trayecto Delhi-Kalka
el aire acondicionado sopla fuerte.

Nada que ver, entonces,
con los vagones de tercera clase,
la estación asfixiante,
con la calle repleta
en donde olor, calor
y sudor se entremezclan.

El aire elimina toda posibilidad
de inconvenientes, tan chic,
los pájaros revolotean sobre las vías
el tren parte.

La mujer a mi lado hace sudokus
Yo me abrigo
hace un frío helador
en el vagón de la primera clase.


***


Perfecta comida en el tren. Vagón de primera clase. Agua, refresco de lima sin gas, sandwich de zanahoria con salsa (no muy bueno), empanadilla vegetal, especie de bola de almendra, peanuts especiados. ketchup y té. El matrimonio a mi lado se toma la bola de almendra con cuchara. Yo a mordiscos. Dejo los peanuts para más adelante. Rematan la comida con un tubo de pasta de dientes. Nadie se agolpa en los western toilet. Yo tampoco me lavo los dientes. Guardo la pasta.



***


¿Cuál es tu mirada entonces? ¿mirada de amor o mirada de dominio? ¿Es tu identificación con el otro lo que reflejas o una cierta distancia compasiva? Un "gracias a dios que no soy tú", un "ojalá que pudieras ser como yo algún día"


***


"Don't forget you are in India"

Abhi

01 noviembre 2015

India. Entrada.


Sales del avión. Coges el metro. El metro parece sacado del futuro, un metro que toda ciudad desearía tener: limpio, rápido, con información precisa de dónde te encuentras y cuánto te falta para llegar a tu destino (unas lucecitas azules se van encendiendo entre el nombre de una estación y otra a medida que avanzas). Incluso una luz roja te indica por qué puerta salir (derecha o izquierda). Ningún olor, ningún ruido perturba este universo organizado en luces de colores. Nada te hace sospechar lo que habita en la superficie, las riadas de gente, la ciudad palpitante.
Sales del metro. Te invade la oleada de personas, el perfume inciensado de pobreza. Atraviesas la calle negándote a todos los ofrecimientos, que pasan de la asertividad a la violencia. No, thank you, con tu ropa europea y tu piel extremadamente pálida y tu suficiencia. El hotel está cerca. Miras otra vez el plano: Sólo hay que coger esta calle, asegurarse del nombre en una placa, luego contar tres perpendiculares, torcer a la derecha, et voila! Uppal International hotel. No parece difícil.
En la estación de trenes se amontonan los cuerpos, como en una fosa común de semi-vivos. Hay familias enteras y niños que trepan por los cuerpos de sus madres. Duermen allí. Habitan ese espacio. En India el submundo no está bajo tierra; el metro es el espacio a salvo de la realidad sucia y carnoso. El verdadero submundo está en la superficie, dejando el interior de la tierra limpio, libre y preparado para quien no quiera mezclarse con la epidermis de la ciudad.