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No estamos solos

Estamos solos. Pero no pasa nada. No es grave. Tenemos cada una una pantalla, una pantalla amiga, que nos habla, que nos entretiene, que detiene pensamientos, demonios, esas cosas. Y así, envueltos en nuestra pantalla de 360 grados, la soledad no se nota apenas. Se parece mucho a la compañía, la diminuta pantalla que se incrusta en el cuerpo. Los millones de pixeles que nos corroen como un buitre voraz.
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Empeño

Te empeñas en algo
Y al final lo consigues
Porque si te empeñas, si pones toda tu energía en eso
es muy difícil no superar los obstáculos.

Entonces un día te despiertas
y tienes todo
todo aquello en lo que te has empeñado
y piensas:
igual no era para mí,
igual me empeñé demasiado,
igual forcé las cosas
y están ya tan retorcidas que es imposible ponerlas derechas otra vez.

Pasa continuamente
con el amor
el trabajo
los sueños.
Con todo lo que te ha importado tanto
con todo por lo que dejaste tantas cosas.

Modales

Quien me conozca un poco de sobra sabe que no tengo modales. No muy buenos, si se quiere matizar. Podemos decir que mis padres no daban demasiada importancia a los modales, que los veían como una capa de falsedad de la sociedad más falsa y podemos decir que yo asumí esa reticencia a los modales, aunque no sería del todo cierto. Lo cierto es que ellos no sabían demasiado bien cómo comportarse y que nos enseñaron lo mejor que pudieron y que yo también intenté encajar lo mejor posible en la sociedad que exigía limpiarse con la servilleta, no hacer demasiado ruido o ceder el asiento en el metro y que tampoco llegué a conseguirlo. Hay reglas que aprendemos inconscientemente o no aprendemos. Si tenemos que separar una a una todas esas reglas nos es imposible asimilarlas, porque a cada paso que damos en libertad hay algo que hacemos mal o que al hacerlo molestamos a alguien. Por eso una se levanta por la mañana, canturreando bajito como casi que una está cansada o nerviosa y su compañera de…

Finales

Llega un momento –siempre– en el que tienes que dar por finalizado el día. Recoger tus cosas, irte a la cama, sumirte en el ritual diario de cremas y pijamas. Hay días en los que es sencillo. El final llega como una consecuencia natural de las acciones, como un silencio necesario después de todo lo dicho, después de lo escuchado. Y entonces, plácidamente, te tiendes en la cama. Probablemente juegas un poco con el móvil a unir puntitos, te acurrucas en el olor conocido de otro cuerpo y llega el sueño.
Pero también hay otros días a los que es difícil dar un final conciso. Días grumosos, que han transcurrido a trompicones, en los que se ha quedado todo un poco a medias, en los que no ha existido nada memorable, nada de lo que sentirse particularmente orgullosa, o días de agitación, sin un momento para detenerse a contemplar, a restaurar la calma. Dias que alargas con la esperanza de que –ya al final– reciban por arte de magia ese equilibrio del que carecieron o que ocurra algo de lo que …

Punto intermedio

Creemos que existe. Creemos firmemente que existe. Confiamos en ello. No lo ponemos en duda.
Creemos que hay un estado intermedio entre hacer las cosas o no hacerlas.
Por eso escribimos listas. No para no olvidarlo, pues lo pendiente martillea la cabeza de tal manera que el verdadero desafío consiste en no acordarse, en vivir en paz sin una mente que soluciona una y otra vez lo que no está solucionado en la realidad, lo mismo que soñamos que nos levantamos y nos vestimos cuando lo cierto es que seguimos en la cama. No. Hacemos listas porque apuntar las cosas es un poco –pensamos– empezar a hacerlas. Es el primer paso que –creemos– nos hará que el resto de los pasos resulten más sencillos.
Por eso también apuntamos los libros que nos recomiendan. Son listas que se hacen a veces en una sola noche y pueden acompañarnos durante varios años. Mi lista se llamaba precisamente "mesita de noche", el lugar donde colocamos los libros, no sólo que tenemos a medias, sino que queremos emp…

Amable

Me gusta pensar que soy amable. Por eso, cuando salgo de casa, coloco en mi cara la sonrisa sugerida de la Gioconda, que amplío en cuanto me es posible hacerlo, dejo pasar a todo el que tenga un solo producto y esté detrás en la cola del supermercado, ayudo a pagar a todo aquel que esté delante en la cola del supermercado y se haya quedado sin dinero, doy conversación ligera a las señoras del gimnasio, contesto abiertamente.
Me gusta pensar que soy amable. Sin embargo. Todo se tuerce pronto. Empiezo a preguntar qué tal ha ido, o por algún familiar, o por las notas, o por los viajes, y de repente, en cuanto empieza la respuesta me doy cuenta de que en el fondo (no tan en el fondo) me importa muy poco, así que corto, paso pronto a la siguiente pregunta o, lo que es peor, pregunto a otra persona. Dejo al primero con la palabra en la boca. Lo mismo que cuando hablo por teléfono y llega un momento en que ya no quiero oír nada más, me despido y cuelgo. Ahora suelo contar hasta 5 antes de co…

Regreso

Sólo duele de verdad cuando regresas
Dejar cosas atrás no es complicado.
Lo difícil es volver a ver el mismo lado
Torcido por el tiempo lleno de arrugas gruesas
Pues mirar es mirarse en el espejo
Ya resistente a la idea, a Stendhal,
A la historia que quisiste contarte
Que te cuentas cada día desde lejos.
Nunca como esperabas, como un verso
Que muestra realidad ante tus ojos
Marcharse no es difícil, amigo mío
Llevamos una vida marchándonos de algo lo difícil, lo que desangra
Es volver para ver que aquello fue verdad
Que fuste la que fuiste,
Que el amor se mezcló con odio algunas veces
Que las tardes no habían sido cálidas,
Que traicionaste, que te traicionaron
Que nunca hubo perdón en la distancia.
Y luego, sin embargo,
Volver es volver a echar de menos.
No añoras hasta que tu piel recuerda
El olor familiar, el timbre de las voces, las paredes. Y vuelves a ser la que fuiste por
Un lapso muy breve, un instante fugaz
Un abrir y cerrar de ojos y mentiras.
La realidad ta…