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Mostrando entradas de 2006

LA VIE EN ROSE

Cojeras

Nos falta algo. Ya lo sabíamos de antes, pues recibíamos clases y azotes y reproches para demostrarnos día a día que nos faltaba algo. Crecimos mal que bien, a duras penas, pues no siempre nos adaptamos al mundo y mucho menos el mundo se adaptó a nosotros.
Llegamos a olvidarnos de la misantropía, de las meteduras de pata, de los insultos de los compañeros del colegio. Fuimos mayores un tiempo. Uno se va de casa de sus padres y ya parece que es mayor, que crece, que es capaz de valérselas por sí mismo, que está entero, que sabe a dónde va. Entonces ya no permitimos reproches ni azotes ni clases de ningún tipo.
Todo ha quedado claro, ya hemos demostrado que crecimos, que pese a todo crecimos, hicimos lo que se esperaba de nosotros. Ahora ya estamos del lado de los "adultos", del lado de "pagar una hipoteca" o del lado de "formar una familia" o más aún del lado de "tener un trabajo sólido, un auto, un ordenador portátil". Sí, ya estamos de ese lado, …

La ciudad de la luz

Bienvenida a la oscuridad

De noche, por los bares, en esos bares donde me duermo contra la máquina de tabaco, mientras suena la música a lo lejos. Aún es pronto para irse a casa. Tengo que dormir un poco y así pasará todo más deprisa. De noche, digo, dentro de esos bares, siempre busco el cuarto de baño (miento, siempre no, a veces me da vergüenza irme tan lejos y no atravieso los miles de tumbas o kilómetros o desiestos que me separan de la puerta de lavabo, y espero al próximo bar con un cuarto de baño accesible, conocido, inevitable). No busco los cuartos de baño por ganas de mear -casi nunca bebo, y si lo hago no me doy cuenta de que necesito mear hasta que echo el pestillo de la puerta del baño- ni por llenarme de sustancias narcóticas. No los busco para escribir en las paredes W.R. ESTUVO AQUÍ ni para follar con hombres a los que no pueda llevar a un lugar habitable o iluminado. No es por eso. Los busco por instinto, porque sé que allí soy yo, verdaderamente yo y no la que está con vosotros, la que se ha pu…

Heridas

Le daba pequeños besos. Le hacia pequeñas heridas. Muy pequeñas; apenas unas gotas de sangre. Decia que todo era por su bien, y puede que fuera verdad. Llegados a este punto resulta dificil discernir, saber si las cosas suceden por el bien de nosotros, los seres humanos. No hacen daño las heridas cuando son muy pequeñas. Resultan reconfortantes, incluso, como resulta reconfortante vomitar. Es otra suerte de bulimia, la de las gotitas de sangre que descienden por la piel. Por eso le daba besos como abriendole boquetes. Los besos tambien pueden abrir boquetes, dejar caer gotitas de sangre a su paso y tambien, a su manera, pueden ser reconfortantes. Todo son manifestaciones de cariño, las heridas, los besos, todo lo que luego te hace sentir tan limpia como un bebe recien nacido. Los bebes no tienen menos sangre cuando nacen que la que le han dejado sus besos. Las heridas no fueron violentas en absoluto. No hubo gritos ni aspavientos ni nada de nada, solo un silencio viscoso que hacia que e…

Huecos

Generalmente empezaria asi: No fue facil darse cuenta por fin. Pero eso seria si al fin me hubiera dado cuenta, si no siguiera actuando como entonces. Empezaria: La alquimia no era facil, o pense que era mas poderosa. Si, empezaria asi o con un: ya no espero; mas sencillo, mas simple, sin retorica. Eso es lo que se hace cuando te das cuenta de algo, cuando te has aferrado a una idea como motor de un camino y de repente te haces de otro tamaño y la deshechas. Y yo podria empezar asi, y hacero ver a todos que he cambiado, que se ha cumplido el proceso y que todo tenia un orden lineal, una teleologia, un final hacia el que encaminarse. Porque yo pensaba que bastaba crear el hueco justo para que algo o alguien apareciera. Era suficiente dejarlo todo colocado y poner el espacio como quen coloca un objeto y voila, es todo. Pero me empeñado en crear espacios correctos, espacios exactos y no aparecio nada. Durante meses y meses y mas meses estuvo todo colocado en el orden preciso y espere que …

Reconciliacion.

No te precipites. No juzgues. Paris no es Paris hasta que no te acarician, hasta que no te besan en cada iglesia, hasta que no te abrazan en cada puente, hasta que no llevas vestido y zapatos nuevos. Paris no es Paris hasta que no dices "te quiero".

SOUVENIRS XI

LES AMIS

SOUVENIRS X

LA FEMME

SOUVENIRS VIIII

LES ANS

SOUVENIRS VIII

LE CHAT

SOUVENIRS VII

LERENCONTRE

SOUVENIRS VI

LE PÉTIT DEJEUNER

SOUVENIRS V

LE CONTRACT

SOUVENIRS IIII

LES PIGEONS

SOUVENIRS III

LA MUSIQUE

SOUVENIRS II

LE PASSÉ

SOUVENIRS I

LA PORTE

Puños

Quién lo iba a decir, querida, cuando nos hicimos las fotos. Quién iba a pensar que aquello sólo sería un recuerdo de esos que ocurren antes del hecho y no después. Tampoco tú lo habías pensado cuando las enviaste en el sobre más extraño que he visto en mi vida (créeme, he visto sobres extraños), unas cuantas fotos con el pelo corto y los guantes de boxeo y algo que todavía no sé lo que es en la mirada. Normalmente no me ocurre, normalmente sé por qué son las miradas, sobre todo las mías, pero esta vez no. Tal vez sea porque hice más teatro que otra cosa cuando me sacaron las fotos o quizá porque en realidad estaba desnuda, con aquella camiseta sucia puesta al revés, y desnuda, como en las fotos que los hombres me sacaban y cuando una está desnuda se siente más desvalida frente a las fotografías y quizá por eso ya no me gustan las fotos, por eso o porque los hombres nunca llegaron a devolverme mis propias fotografías (algo les hizo creer que en realidad eran suyas, que tenían derecho …

La visita

¿Estás lista? ¿Ya ta has cortado el pelo? ¿Has ido a hacer la compra? ¿Has pasado la aspiradora? ¿Has barrido? ¿Te has depilado las dos piernas, los dos brazos, las dos cejas, el bigote único? ¿Ya sabes lo que hay que hacer? ¿Has reservado los billetes de tren, de barco, las bicicletas? ¿Has llenado la nevera, el congelador, la despensa? ¿Has lavado tu ropa de cama? ¿Has dejado de sangrar? ¿Has vuelto a estar aquí? ¿Has visitado todo los lugares? ¿Has hecho las debidas presentaciones? ¿Has recogido, ordenado, colocado? ¿Sí? ¿De verdad has hecho todo eso? ¿De verdad tu casa está vacía y tú estás limpia? ¿De verdad estás preparada? Bien, ahora espera.

Al alcance de mi mano

Le Pont Mirabeau
Sous le pont Mirabeau coule la Seine Et nos amours Faut-il qu'il m'en souvienne La joie venait toujours après la peine Vienne la nuit sonne l'heure Les jours s'en vont je demeure Les mains dans les mains restons face à face Tandis que sous Le pont de nos bras passe Des éternels regards l'onde si lasse Vienne la nuit sonne l'heure Les jours s'en vont je demeure L'amour s'en va comme cette eau courante L'amour s'en va Comme la vie est lente Et comme l'Espérance est violente Vienne la nuit sonne l'heure Les jours s'en vont je demeure Passent les jours et passent les semaines Ni temps passé Ni les amours reviennent Sous le pont Mirabeau coule la Seine Vienne la nuit sonne l'heure Les jours s'en vont je demeure Gillaume Apollinaire (1880 - 1918)

Deformación

A veces sí es importante

Me pregunto por qué no es igual la ciudad real a la que había visto. Ni siquiera es igual la ciudad que yo misma fotografío a la que veo. Los edificios, el río, las esculturas... todo conserva la belleza pero carece de importancia. Y esto es importante, señores, París es importante. Es el lugar de los falos gigantes y los grandes hombres de la historia (millones de tumbas lo atestiguan) y de la ilustración y también es el lugar del patriarcado, un patriarcado que se asienta entre LA Seine y LA Tour Eiffel. Un patriarcado melifluo y femenino, al que le gustan los corpiños, las bragas y los zapatos de tacón. Súbanse señores a los símbolos del patriarcado por un módico precio. Móntense en París. Monten a París. Fóllensela. Está ahí para eso, para que se la follen. Nunca quiso otra cosa. Por eso no puede ser igual en las postales. No se fíen, señores, de las postales. Las postales son mentira. Las fotos son mentira. Aquí todo es más grande de lo que podrían llegar a imaginar. Porque París …

Deseo

Hubo un momento y era verano. Una piscina. Una casa grande. Poco más que eso, los escenarios no tienen por qué estar plagados de elementos. A veces basta una piscina y una casa grande que no he vuelto a ver en mi vida para un acontecimiento. El caso es que yo quería descubrir el sexo (así, con estas palabras "descubrir el sexo" como quien busca continentes o antídotos) y cogí el único libro señalado como "Erótico" en aquella exigua biblitoteca. Marguerite Duras, Ojos azules pelo negro. Lo leí hasta el final. Cuando me propongo un libro pase lo que pase y aunque me lleve años acabo por llegar a la última página. Poco entendí de aquello. Se me quedó un pañuelo de seda negro al que no veía sentido por ningún lado, una mujer hermosa (los libros están plagados de mujeres hermosas) y un hombre triste (los libros también están plagados de hombres tristes). Quizá ese libro no me hizo descubrir el sexo, o quizá sí y fui yo la que en ese momento no se dio cuenta. A veces pasa…

De quien no ha ido a llevar rosas

Es lo mejor que encontre en 512 megas a la redonda.

Clochards

De repente aparecieron. No se de donde salieron todos ellos, alguna hoja del otoño o algun puente los escondio hasta ahora y yo no supe verlos. No tomaron poco a poco la ciudad, sino que brotaron todos ellos igual que el frio, a la par que el vaho en la boca y las manos en los bolsillos. El primero llevaba consigo unos manuscritos y dormia en el metro. Se lavaba los dientes con un cepillo rosa mientras arqueaba la espalda como si estuviera representando una obra de Beckett; el segundo era negro y dormia casi desnudo cerca de la Gare d'Austerlitz; la cuarta era una mujer y cantaba a Edith Piaf de la unica forma de la que habria que cantarla. Luego eran tantos los clochard que perdi la cuenta. No creo que haya sido el frio quien se los invento, el frio no suele inventarse muchas cosas, sino que estaban debajo de la sensacion de poder que transmite la ciudad a todo el que no vive en ella.
No son ni vagabundos ni pobres, aunque tengan algo de ambas cosas. Aqui los clochards son los que…

Presintiendo el invierno

No se si existe otra estacion en Paris mas que el otoño. No supongo nada porque ya he supuesto demasiadas cosas y ahora prefiero caminar cada vez con una prenda mas de abrigo.
Llegara un dia en que no quede una sola hoja en los arboles ni una sola rosa perdiendo los petalos. Llegara un dia en que la noche venga antes, muchisimo antes y que yo ya no pasee por los cementerios. Dejara de llover sobre los cementerios mientras camino llorando a aquella que creyo amarme.

Parle-moi d'amour

Y del París que pensaba, incluso recordaba. Háblame del París que fue libre cuando en España (menos aún en Asturias) no era posible. No dejes de hablarme de las miradas que han visto tantas cosas y de las barbas de los hombres y las gafas de las mujeres. Háblame de los niños, oh, sí, háblame de los niños que siguen bailando las canciones de Brassens. Háblame de Brassens. Dime que hace 25 años que murió y que nadie pensó que se pudiera morir Brassens. Luego llévame al parque, a su propio parque, al parque Georges Brasens, metre Porte de Venves, donde todavía hay niños que juegan y cantantes cantando sus canciones y el viejo París que conocía como sus estrofas. Háblame y cantemos O bella Chao, encore une fois. Seguimos vivos, todos nosotros, el viejo París, Brassens, yo misma. Todos vivos. Los sábados y domingos un mercado de libros antiguos junto a su parque y un lago y todos cantamos y dejamos que nos hables de amor.

No voy a pedir permiso

Quien lo va a entender lo ha entendido siempre. Quien no lo entiende es que nunca lo ha entendido todo. Mentiría si dijera que no me importa, pero no voy pedir permiso. No cierro las puertas, tan sólo levanto una verja. Si no lo hiciera las rosas no resistirían el invierno, y es absolutamente necesario, este invierno sí es necesario que resistan. Perdón sí voy a pedir. Perdón por vallar el jardín. Sentaos a contemplar el otoño de todas formas. Siempre estamos juntos.

Decision

Es otoño. No podia haber elegido otra epoca ni otro lugar (si, Paris me devuelve el sabor a mi misma, ambas lo sabiamos). Es otonno porque no podia ser otra cosa. A veces las decisiones son inevitables. ¿Quiere usted un lectorado en Turquia? No sennorita, muchas gracias, es que vera usted, es otonno y no me puedo mover de aqui. Comprendalo.
Al parecer lo entendio bien. Las decisiones correctas nos dejan la sensacion de no haber decidido nada, como si no costara trabajo o no hubiera otra posibilidad. Otra salida. Una salida mas en una ciudad llena de entradas, de recovecos, que sin embargo guardan una exacta y sutil estructura. Un gigante con negros en el metro. Negros muy negros que me miran fijamente y que antes me asustaban como una parte demasiado vieja del mundo. Negros que viven lejos, que levantan la mano y ahora me llaman "sennoguita" con acento frances. "Sennoguita puede guepetig?"
Ya no me dan miedo los negros, ni el otonno. Paris un poco. Es inmensa. Pero n…

Anclada en Madrid

La boca seca. Siempre se me seca la boca cuando sucede que no me siento capaz de afrontar. Esta vez fue una pelirroja que me sonreía mientras pronunciaba estas palabras: "te has equivocado. Este vuelo salió ayer". Entonces quise llorar, porque me ayuda a no sentirme estúpida, pero mis lágrimas no son de buena calidad (lo dijo el oftalmólogo, que no eran buenas lágrimas) y entonces abrí la libreta, me tranquilicé, esperé a que fueran las 6 de la mañana para coger el metro. Regresé a Madrid. Compré otro billete. De nuevo me voy. Siempre me estoy yendo. El problema es que nunca acabo de irme del todo.

Un respiro

Aunque sea con inyecciones, sobre una camilla del hospital. Aunque sea en camisón blanco abierto por la espalda y aunque tenga que escuchar las quejas ayayayaya me duele. Aunque sea con una mascarilla y medicamentos y antibióticos (sí, aunque sea con antibióticos), aunque sea con electrocardiogramas y placas del pecho. Aunque sea con sopa de fideos sin sal y tomas de temperatura y presión arterial. Aunque tenga que venir un tifón y llueva y llueva y llueva. Aunque tenga una vía en la vena del brazo izquierdo y una botella para tomar ventolín cada 6 horas. Por favor, que alguien me dé un respiro.

11-S

Hay aniversarios porque existen momentos en los que sabes que eso es un instante, que algo comienza o algo termina. Es para siempre. Sucede mientras una mujer agita un pañuelo para quitar el polvo a los cristales (el último polvo de los cristales que estarán rotos unos minutos después) o mientras los niños patinan sobre el hielo. Sólo unos minutos después ya no será un instante, no tendrá importancia, será una secuencia aleatoria en un transcurrir que carece de sentidos finales ni principios desde los que empezar a contar historia alguna. Minutos después se desarrollarán las consecuencias más o menos lógicas de lo que acaba de suceder.
Pero existen los instantes y por eso podemos respirar tranquilos, saber que tiempo después, mucho tiempo después, podremos volver a ellos con la conciencia clara de que aquello fue el principio o el final de algo importante. Sí, podemos respirar tranquilos mientras suceden, mientras somos parte de ellos, porque a partir de esos instantes podemos contar n…

estaciones

¿Sabrías un día vivir sin estaciones?¿Sabrías vivir sin necesitar las horas que se alargan y se acortan, el olvido del calor y el frío, los bordes del sol cuando empieza o acaba el verano, la alergia y el sentir un mundo más hermoso que todos nosotros de la primavera, el frío inacabable del invierno, la caída del otoño que siempre está cayendo? ¿Sabrías vivir un día en una isla donde el tiempo es algo que nunca ocurre?

Tiempo restante: 0h 0m 0s

Se te pegan a las manos. Nunca supiste desprenderte de las cartas que te sobraban, las escondías debajo de la colcha cuando jugábamos sobre la cama de los viejos -tantos tantos juegos, en los que a veces era posible prescindir de casi todo-. No tiras una sola carta y mírate ahora, sin fumar porque no fumas (es malo para tus pulmones) y sin beber porque no bebes (es malo para tu hígado), con cinco cartas en tus manos y a punto de realizar el descarte. Es casi una escalera de color. Llevas intentando esa escalera de color desde que te c0nozco, pero desengáñate, ya han salido todas las cartas que te hubieran hecho falta, ya no queda casi nada (nada bueno, eso seguro) en el taco. Te toca tirarlas todas, quedarte con las manos vacías esperando que esta vez la suerte sí esté de tu parte. Cualquier cosa es mejor que esa casi-escalera-de-color que en el fondo no es nada. No vale una mierda. Tira todas las cartas sin alterar la mueca de tus labios, sin dejar de sonreir. Ambas sabemos que te va…

Convite

Estamos invitados. Es el banquete por el fin del mundo. Está la mesa puesta sobre el acantilado y justo al otro lado se divisan las enormes esferas que anuncian una nueva creación o destrucciones pequeñas y sutiles, apenas perceptibles. Donde termina el mundo siempre queda sitio para un invitado más. No hay mucho que cenar, platos vacíos de mármol y el sol que se deja ver a veces. Pero tranquilos, no tendremos hambre. Os prometo que no vamos a tener hambre. Todo es tranquilo, es un borde aliviado de todo fervor romántico, donde desaparecen las ganas de inmolarse en honor a algún dios privado. Es el lugar perfecto para esperar. Esperar siempre.

La posesión

Tengo derecho. Creo que tengo derecho. Es posible que tenga derecho. Todos creen tener derecho a poseer aquello que quieren, y yo no soy muy diferente a "todos". No me mires con esa cara, claro que no lo soy, tanto tiempo juntos debería bastarte para eso, para tomar conciencia de que ni tú ni yo somos demasiado diferentes a todos ellos. Por eso creo tener derecho de posesión y también derecho de enfado o celos, derecho sobre cada uno de tus movimientos y de tus palabras -ay, sobre todo de tus palabras-. Y tengo ese derecho sin pestañear, sin inmutarme, sin lugar a dudas (los derechos funcionan así, sin dudas). Por eso poseo todo lo que amo; los libros, los poemas -los poemas distintos, como sabes, de los libros-, también la luz del sur o el verde de este norte que es mío, aún pese a mí misma. Todo forma parte de mi propiedad, como una herencia exensa, extensísima, que voy conociendo poco a poco. Los hijos ajenos, los animales míos también me pertenecen, como el agua para el …

Cuidados

Cuando regresé no había nadie lamiendo los cristales, pero mi jardín estaba lleno de malas hierbas. Me va a llevar un tiempo arrancarlas todas. Mientras tanto, agotemos los últimos días de Agosto, cálidos a pesar de todo.

Lección

"Yo no vengo a decirte que estoy triste y te amo". No. No es eso. Vengo a decirte que el universo tiembla a nuestros pasos, que mil pájaros descifran las palabras que escribo, que camino por sendas oscuras y nado hasta el fondo de los lagos. Te digo que estoy muerta, que estamos muertos y por eso hay algo cierto en nosotros. Vengo a hablarte de las cosas pequeñas, de la tierra que se ha caído o del gato o de las camisas dobladas, vengo a decirte que son cosas inmensas. Te grito las oraciones que tenemos que aprender para estar solos. Vengo para cantarte nanas, cantarte todo el tiempo, para que duermas o para que no puedas dormir. Vengo a desgarrar todas las paredes de este mundo. Vengo a construir casas y palacios y castillos. Vengo a plantar flores y malas hierbas. Vengo a destilar veneno para nosotros o para ellos. Vengo a decirte que no pido tu perdón.

Resaca

Para eliminar los efectos de la borrachera dicen que es bueno alejarse. Un viaje, pero un viaje a un lugar lo suficientemente conocido como para que lo importante sea el viaje. 6 horas de autobús más dos horas y media de avería entre León y Benavente mientras daba el sol, un sol implacabe y evidente, un sol que iba secando los restos de agua que aún permanecían encharcando los pulmones o el hígado o el corazón o los ojos (todavía los ojos). Dos horas parados con una cantante de mariachis que había conocido a Antonio Aguilar y se reía y se movía como una muñeca con su vestido rosa y tenía los rulos debajo del pañuelo y yo me reía con ella y estuvimos a unos minutos de empezar a cantar rancheras en el autobús. O eso o fue que el micro no funcionaba. Luego 6 horas para regresar, al anochecer, olvidada en el último asiento del autobús, acurrucada para soportar el mareo, mirando cómo se iba escondiendo el sol. No fue un atardecer espectacular, simplemente era un atardecer, un final como ot…

Queremos tanto a Juanma

G y yo lo decidimos, y cuando tomamos una determinación conjunta es difícil que las cosas vuelvan a ser lo mismo. Fue después de Frágil y no hubo lugar a dudas. Ambas sabíamos que teníamos que hacerlo. No importa los años que nos lleve, no importa a cuántos tengamos que matar ni lo que tengamos que destruir. Ni siquiera tiene importancia si a alguien le hace daño cualquiera de nuestras acciones. El fin lo justifica. Esta vez en fin sí vale la pena. Nos armaremos de valor y cumpliremos con nuestra obligación. Acabaremos con copias, cintas, carteles, artículos, memorias, programas... todo lo que tenga que ver con Air-bag. No dejaremos que el futuro lo recuerde por esa infamia. Lo libraremos del recuerdo y los chascarrillos. El futuro será el de Alas de Mariposa, el de la Madre Muerta o el de Frágil. No permitiremos que su memoria siga manchada.

Espera

Me abandonasteis. Todos vosotros me abandonasteis y yo pensé que no era para siempre, que podía hacer algo, que podía igual tal vez era posible, que si mantenía cada cosa en su lugar, si lo tenía todo exactamente igual que entonces, que el momento en que decidisteis abandonarme, que si hacía todo eso entonces volveríais. Supongo que no lo pensé conscientemente -ese tipo de cosas no entran dentro de nuestra conciencia-, pero el caso es que no alteré la colocación de los muebles, ni el desorden, ni el ruido de los cubiertos, ni lo que había dentro de los armarios. Esperaba que si eso permanecía vosotros tendríais, no os quedaría otro remedio que regresar. Por una parte, y si lo piensas detenidamente, tenía su parte de lógica. El lavabo roto por el golpe aquella mañana con la banqueta de la cocina; la misma grieta en el lavabo durante años y la misma banqueta ejecutora en la cocina, la misma que rompió primero el fregadero y luego fue hasta el cuarto de baño y estalló contra el lavabo que …

Prohibición

No escribas con lágrimas en los ojos. No escribas bajo la influencia de una emoción muy fuerte. Espera. Enfría tus manos. Espera. No lo hagas. No es bueno. No sale nada de ahí, ya lo has intentado otras veces y no valió para nada. Tampoco te ayuda a sentirte mejor. Espera que pasen unos días, espera a ser capaz de dormir por las noches, espera a no derrumbarte, a mantener el tipo, a no acurrucarte sobre los hibiscos para llorar porque no hay sol, porque necesitas que haya sol y llueve todo el tiempo.
Ahora no. Ahora no puedes entender nada. No puedes entender por qué estás triste. Espera a poder tragar de nuevo la comida, a cuidarte, a cumplir con tus obligaciones, a haber encontrado ya el certificado de defunción y a haber pagado ya los tres meses atrasados de la comunidad de vecinos.
Incluso espera a estar lejos, a no pararte a dormir en los bancos de los parques, a que tus pezones no tengan puntitos de líquido blanco y sean capaces de resistir el contacto de una lengua sin romperse.…

O algo mejor

Sí, era la misma noria. Es lo bueno de la Semana Negra, pase lo que pase sabes que siempre traerán la misma noria. Antes de irme a Irlanda me monté, para contemplar la ciudad desde lo alto y para despedirme, porque -esto lo sabe Christina R.- es inevitable despedirse desde las norias, como también es inevitable quedarse un ratito más sentada en el porche. Un ratito. Sólo un ratito. Sólo hasta que haga demasiado frío para dormirse a la intemperie o hasta que estemos exhaustos. Sólo hasta que ya no tengamos ganas de dar de comer a los perros flaquitos.
Ahora volví. Llevaba tiempo viviendo de nuevo en mi casa, pero lo cierto es que no había vuelto, seguía como huída en un país donde sí que hay luz y donde sí que es posible dibujar y donde los otros no me parecían seres extraordinarios. Lo cierto es que me cuesta no escabullirme, agazaparme y esconderme allí donde no me pueda ver ni yo misma, donde no resulte chocante y donde las cosas no se transformen, o por lo menos no profundamente. Pe…

La comadrona

Vino a casa con un maletín negro, la comadrona. Me asusté un poco. Reconozco que me dan miedo los médicos, los enfermeros, los hostipitales... pero sobre todo me dan miedo las comadronas. Me dieron mucho miedo desde siempre, supongo que porque no estoy acostumbrada a ese saber físico, brutal e ineludible que tiene quien es capaz de arrancarte un ser vivo de las entrañas. No le pude negar que estaba asustada."Tranquila, ahora me quito los tacones", pero me seguía dando miedo. No deberían dejarlas convivir con el mundo, a las comadronas. Deberíamos mantenerlas prudencialmente alejadas de la ciudad y llamarlas en el momento necesario. Lo malo es que una nunca sabe cuándo es el momento necesario, cuándo a su cuerpo le va a dar por tener contracciones y expulsar niños en lugar de otra cosa, así que hay que tenerlas siempre cerca, incluso demasiado cerca. No la dejé dormir. La necesitaba tanto que no la dejé dormir. Todos sabemos que las comadronas no duermen, pero no podía arriesga…

El origen del mundo

Yo la sé. No preguntéis por qué la sé, pues yo misma no me he preocupado por averiguarlo. No me importa demasiado. El caso es que la sé. Sé la verdadera historia de los hombres. Mucho más de lo que finjo saber, sé de dónde vienen todos ellos, sé que en el principio eran hombres-pájaro, pero volaban muy lento y alguien los aniquiló y tuvieron que bajar a la tierra e intentar ponerle nombre a las cosas ¿lo entendéis? Ponerles un nombre digno a las cosas para poder convivir con ellas, para que resulten familiares, para poseer algo más que un gato que se llame "gato" o un trozo de tierra. Ponerle nombre a todo, pobres, cuando lo único que sabían hacer era volar.
Alguien los dejó sangrando. Les sajó las alas zas zas zas como si tal cosa, como si fuera lo más normal del mundo tener que andar a dos patas. Los hombres eran pájaros cuando eran algo. Luego ya fueron muy poca cosa, errantes sonámbulos zombis dueños del mundo. De este mismo mundo en que nosotros habitamos pero que no es …

El monstruo

Entro en las bibliotecas para mirar mi correo -no siempre es posible hacerlo desde la playa- y apuro la hora frente a los ordenadores públicos. En el fondo me gusta haberme quedado sin ordenador. Sé que lo echaré de menos y que esta situación me llegará a agobiar, pero de momento estoy bien. Tranquila.
He desempolvado el tablero de ajedrez y por fin puse play en la cinta de vídeo que llevaba un siglo dentro del aparato (Casanova). La tele tampoco funciona. A ésta sólo le falta un cable, pero encontrarlo es toda una heroicidad y, la verdad, ahora no estoy para heroicidades.
Hoy madrugué. Entraba en mis planes madrugar, pero no fue por eso por lo que lo hice. La razón es que mi cuerpo despertó despavorido a eso de las seis y media y ya no pude conciliar el sueño.

En los ordenadores del Antiguo Instituto se pueden fisgar las páginas del de al lado con sólo echar la silla para atrás. A mi lado ayer estaba uno de los seres más horribles que he visto en mi vida. Deforme, con las manos también …

El túnel

Volvíamos cansadas, con este cansancio de días de sol que te deja la piel pegajosa y no te permite pensar en nada. Estábamos realmente agotadas después de dos días oliendo calles y pasando nuestra mano por los cantos rodados de las paredes. Teníamos los colores, sabores y aromas de una ciudad extranjera y la sonrisa de los ocho años esculpida en la cara. A toda velocidad por la autopista, aprendices de detective con el cielo de nuestra parte, sabíamos que estábamos atravesando una frontera. El Negrón es la frontera más brutal que conozco. No sólo separa la provincia de Asturias de la provincia de León, sino dos paisajes, dos cielos, dos formas de vivir. Creíamos que no iba a ser terrible, porque habíamos conquistado de nuevo la inocencia y nos pensábamos inmunes a este cielo plomizo e inevitable. Con la insolencia de los héroes atravesamos el túnel para volver a las zapatillas, a la casa abarrotada, al polvo, a tener que conocer las respuestas. La atravesamos rápido para que no doliera…

La tierra

Regamos con incienso nuestros campos
Y no quedó nada, madre, no quedó nada.

Nada que estuviera vivo o diera de comer.
Nosotros los regamos para no morirnos de hambre
y ahora míralos, madre, tan desolados,
tan silenciosos y yermos.

Nos postramos ante los campos de girarasoles
-esos inmensos campos de girasoles-
y entonamos los rezos que tú nos enseñaste, madre.

No ha sido culpa nuestra, hicimos
todo lo que estuvo en nuestras manos.
No quedó plegaria que no pronunciáramos
ni fuego que no extinguiéramos,
ni agua que no derramáramos sobre la tierra seca;
nada en absoluto.

Perdimos la esperanza muchas veces
conservamos la fe,
algo que no era nuestro, madre,
que nos decía:
"La vida aún es posible".

Y ahora abandonamos,
por fin tenemos el valor de abandonarte
de esperar a que mueras
sin ningún Dios que acoja
y te perdone tus pecados.

Tiempos asesinos

Cuando vengan a por mí tendré el revólver en el regazo, como un bebé o un ramo de lilas (esas flores que amamos de alguna extraña manera), lo tendré cargado de una vida llena de preguntas y de la resistencia al frío que he ido desarrollando a lo largo de los años. No podrán conmigo porque ya no tendré miedo, el miedo que se enrosca en las rodillas y que se puede resumir en las palabras "morir sola", miedo al abandono, miedo a la muerte, miedo a apretar el gatillo. Si vienen a por mí estaré preparada y les sonreiré debajo del ala de un sombrero rojo como en una película en blanco y negro, donde el rojo es el único color real. Si me amenazan no gritaré. Apuntaré y dispararé, olvidadas ya la piedad y la culpa. Cuando vengan a por mí tú ya te habrás ido. Estáre sentada en el centro de una habitación vacía y conservaré la calma cuando echen la puerta abajo. Vendrán a por mí y no habrá libros en las paredes y la ciudad no será un escondite ni una excusa. Permaneceré quieta, tranquil…

Lirios Rotos

Decía mamá que era muy triste. Se había quedado por la noche a verla, era una de esas noches interminables en las que mamá se acostaba muy tarde para no tener pesadillas. "Es la película más triste que he visto nunca" nos dijo al día siguiente, y permaneció allí, junto a las otras cintas de vídeo y yo siempre quería verla pero tal vez era demasiado triste para nuestra minoría de edad y tal vez por eso fue que no la vimos y también por eso un día alguien grabó encima. Lo que no entiendo es por qué aún no la he buscado. Puede ser que persista el miedo, la incapacidad de asumir una tristeza de imágenes capaces de calmar la pesadilla, o es que ya me he quedado sin curiosidad a fuerza de ver y escuchar cosas que hubiera preferido no ver ni escuchar nunca jamás.
Tarde o temprano aparece todo, absolutamente todo en nuestra vida. Y este fin de semana aparecieron las tres rosas amarillas que ya no sé muy bien si son de Carver o tuyas o mías y también apareció su tristeza infinita, su …

Limpieza

Los días son más claros. Es necesario llorar y llorar mucho y llorar más todavía para limpiar este cielo turbio del norte, para que alguien o algo nos escuche allí debajo. Más abajo todavía, en el vientre, o el sexo, o las entrañas de la tierra. Abajo donde podemos acurrucarnos en posición fetal y no tener forma. Somos seres a medio hacer y necesitamos empaparnos.
Las necesidades nunca fueron caprichos, eso lo sabemos, por eso tú respetas aquello que los otros califican de caprichos y sabes que es un asunto de vida o muerte. Las necesidades son obligaciones de nosotros mismos, como dormir o comer o cagar al menos una vez al día. Esas son las necesidades, y los tés y las botas verdes y el libro de poemas y Jim Thompson y un cuarto propio y cantar y el Polaco y el sur. Cada día descubro necesidades nuevas, como si tuviera que limpiarlas de un olvido sucio y lleno de polvo. Las limpio llorando como una niña pequeña, con un poco de desesperación y otro poco de teatro (el estrictamente nece…

Mimesis

Estoy tan alejada de mis pechos como tú. Ambos tenemos en la yema de los dedos un tacto idéntico.

En descargo de la memoria

Puede que el olvido no exista, o al menos no del todo, pero es posible descargar la memoria de su peso. Los cables y las pilas de una cámara digital nueva: Lumix dmc-lz5, un coche alquilado, la iglesia en la que hicimos la primera comunión y un ramo de calas. Es importante reunir los ingredientes adecuados, no olvidarse de nada, actuar sin sentimentalismos, ni emociones, ni pena, ni culpa (yo, que he sido siempre culpable). Es importante que no nos tiemble la mano al colocar el cemento a los recuedos. Allí se quedarán hasta que pasen 3 años. 3 años es un tiempo adecuado. 3 años no es demasiado. Es lo justo. Es importante saber esperar 3 años antes de desenterrar lo que fuimos o éramos o quisieron hacernos creer.
La casa va a caer, y si yo hubiera sido la que fui no habría tomado esa fotografía, porque creía que el olvido requiere un esfuerzo mayor, un esfuerzo sobrehumano, heroico, el esfuerzo de hacer desaperecer el mundo cerrando los ojos. Pero ya no soy más, o no lo mismo, y puedo …

Si quiere ver la vida color de rosa, eche veinte centavos en la ranura.

Existe un lugar donde arrojar monedas. Está más allá de la Lloca del Rinconín y consiste en una escultura con dos imanes y una ranura.
Pide un deseo. Arroja tu moneda de cobre y déjala suspendida en el cielo.
Si quieres, claro está, ver la vida color de rosa.

Miradas

Una sonrisa para todos los que ya se habían dado cuenta de que mi mirada, "esa mirada inquisitiva y risueña, era en realidad una mirada de amor".

Y también para los que no se enteraron.

Hoy tengo sonrisas para todos.

Abandonada

Se derramó el bote de alcohol yodado en a alfombra. No sé si el alcohol yodado es lo mejor para la piel, supongo que no, pero untarme los brazos y el pecho de amarillo que arde me produce cierto alivio y, tal como están las cosas, el alivio es a lo único que aspiro.
También me produjo cierto alivio que se cayera en la alfombra. Ver una mancha amarronada como si algo hubiera estallado, quizás un corazón o una bolsa de veneno (o ambas cosas, una bolsa de veneno contenida en el corazón) y respiré toda la noche el olor a yodo como un vaho curativo. El eccema no había desaparecido, sólo se había trasladado a la alfombra, pero entonces hay algo de equilibrio, ya no está sólo en mi cuerpo, sino en algo exterior, algo objetivo y físico que puedo odiar, maldecir o aborrecer. Con mi piel no puedo hacer todas esas cosas, o al menos no debo hacerlo. No es sano.
No limpio la mancha de alcohol yodado. No cambio las sábanas. Pero no me llaméis abandonada, pues la canción más triste del mundo, querida …

Abismo

Va por rachas. Hay momentos en los que puedo reconocer algo mío en los otros. Algo de su indolencia, de su desesperación, de su amor, de su tedio, de su mezquindad, de su valentía, de su ternura, algún gesto, alguna mirada, alguna forma también me pertenece. Soy yo en sus palabras, soy inmensa en su poesía o estoy en sus frases a través de la mesa del café. Soy su forma de sorber el café, sus sueños, sus ganas de amar y ser amados, soy sobre todo su afán porque los comprendan, por tener a alguien que los escuche. También soy la que escucha, con el escuchar de las putas, que no juzgan ni intervienen. Soy lo que defienden, lo que votan, soy la que proclama la tercera república y también la que grita ¡viva el rey! Soy sus caras de asombro, soy el viejo encorvado, soy cada una de sus arrugas y he vivido su historia. Soy también el niño o la niña, los que sonríen desde el carricoche. Soy esa sonrisa despertada en el mundo. Soy cada uno de ellos y los entiendo y sé que ellos a mí, que ellos…

Descanso

No es la misma ciudad cuando la enseño. No es el mismo suelo ni la misma lluvia. Ni tan siquiera yo soy la misma, sino que soy más idéntica a lo que está dentro, cuando no me divido en partes y soy un solo ser, con un borde que toca el universo.
Hay quien recorre cientos de kilómetros sólo para decirnos una frase, o para darnos un abrazo, porque esa frase o ese abrazo son mucho mayores que las 13 horas en autobús, que los paisajes, que los recorridos. Son aquellos ante los que no vale la pena hacer esfuerzos y es absurdo, resulta ridículo fingir que soy mejor de lo que soy. Es un descanso, mayor que cualquier país o vacaciones, por unos días no ser mejor.
Tampoco nuestras fotos son las mismas cuando las enseñamos, como la ciudad, la lluvia, el suelo. Y ¿por qué tienes la mirada tan triste en todas? No sé, si te digo la verdad nunca me había dado cuenta. Siempre supe posar. Siempre fui fotogénica. Ahora menos. Ahora no me gustan las fotos. ¡Fotos no, por favor!
Me gusta enseñar mi ciudad…

Requisitos

Habréis
de cortaros el pelo para venir a verme
de descalzaros para entrar en mi casa
de encender el fuego para hacer la comida
de cantar con voz suave las canciones pasadas me moda
de abandonar las cosas que nos hicieron daño
de hacer preguntas difíciles
de responder preguntas difíciles
de bañaros desnudos
de inventar lugares donde podamos vivir
de leer poemas
de recordar mi voz cuando no hablo
de no perder la fe

Gironda

Cansada, sí, cansada. De no ser un animalito que maulla o una playa o no tener antenas. Cansada de tener sed, esta sed inmensa que no se apaga nunca. Cansada de no ser agua o de llevar los pantalones rozando la entrepierna. De no saber decir, de no tener la voz chillona de un gallo o de los lobos. Cansada de seguir volviendo cada día, de beber magdalenas en cada sorbo, de esperar la muerte de los otros. Cansada de no ser una rosa, una cala, una pared de madreselva. Cansada de ser tan inútil como un teléfono fuera de cobertura. Cansada de no morder espaldas. Cansada de no esperar nada.
Cansada, muy cansada. Cansada de no tener ganas. Cansada de dar explicaciones. Cansada de no desear hombres palpables. Cansada de dar besos a las tazas, las paredes, la frente de los perros. Cansada de no parir, cansada de no comer placenta o sangre.
Cansadísima de no cantar a gritos por la calle. Cansada de que me arda la piel, del sarpullido, de las postillas, de las heridas, de los rasguños. Cansada de …

Doble lectura

Ella sabía que podría hacerme saltar de alegría y gritar como una niña pequeña con sólo cuatro palabras, así que esperó para decirlas al final de la cena. Una vez recogida la mesa las pronunció como un hechizo:

"Leo dijo que sí"

Será el 4 de Mayo. En Oviedo. Masaveu 55. 8:30 p.m. Un jueves, obviamente.

Leopoldo Sánchez Torre, Miguel Rojo, Ana Vanessa Gutiérrez, Paco Velasco, Aurelio Ovies, Guillermo del Pozo, Pablo Texón y Pablo Suárez

nos (yo, tú, Viti, Fran, Héctor, Carlos, José Luis, Antonio y Simón) leerán. El chico lánguido nos (yo, tú) cantará mi tango y tu bossa.
Nosotros (yo, tú, ellos) pronunciaremos palabras ajenas. Probablemente más de cuatro.
Los demás (vosotros) serán sólo invitados.

En Marcha

Es hora de caminar sobre la tierra todavía fresca de haber enterrado cosas en ella. No sé si eran tesoros o huesos. En el caso último no sé si eran huesos humanos o huesos animales. Si eran animales no sé si había muerto hace dos días o hace miles de años.
Ponerse en marcha. Bajo un cielo que es sólo azul a medias y en un camino que nadie ha recorrido.
Guardar una toalla en la mochila para las adolescentes que vomitan en el autobús número 20, camino de El Jardín (la discoteca). Para limpiarles la boca y que no pidan perdón. Limpiarles el rímel de los ojos y que no pidan perdón. Taparles las piernas de una falda demasiado corta y que no pidan perdón.
Para eso quiero la toalla, y para seguir caminando y bañarme en un río de agua fría. Dulce y fría. Llorar agua salada si es preciso.
Cantar con la línea azul las canciones que me aprendí cuando tenía miedo, y también las que nunca llegué a aprenderme. Descubrir que nunca llegué a saber El Cadilac Solitario y descubrir que la parte más fría …

Cosas

Morir entra dentro de la rutina diaria. Es algo que hacemos siempre, decir adiós a rincones, personas, animales, objetos... sobre todo objetos, aunque tengan esa apariencia inmontal. Recuerdo un cuento de una escritora argentina que para mi era la perfecta descripción del infierno. El caso es que la protagonista de repente se empezaba a encontrar con todos los objetos que había ido perdiendo a lo largo de su vida. Su habitación llegó hasta el paroxismo de lo grotesco. Los objetos que habián sido hermosos ahora eran simples cachivaches sin conexión, sin significado, es decir, sin vida. Sí, el infierno tiene que ser algo así. Yo en mi infierno me encontraría cuatro teléfonos móviles, un gato, unos cuantos millones de pendientes, un trozo de corazón (el trocito que dejé dentro de su bota) y cacharros que ni siquiera imagino existiendo en una secuencia temporal en la que yo estuviera.
A veces pierdo cosas para no tener que recordar, otras por no romper un "momento perfecto" busc…

Manos

No nos conocimos nunca. Hablamos una vez por teléfono un par de días antes de volverme a España. Por alguna razón se empeñó en que yo sabía leer las manos. Le quise sacar de su error, pero no me hizo caso. Se las arregló para conseguir mi teléfono, me pidió mi mail, desatendió todas mis advertencias y me las envió: sus manos escaneadas.
Totalmente abiertas, llenas de líneas que jamás podría interpretar, las manos de aquel desconocido me ofrecían su vida entera. Me dio cierto pudor ver aquello. No estoy acostumbrada a contemplar la desnudez ajena -casi no estoy acostumbrada a contemplar siquiera la desnudez propia-, menos aún cuando en la desnudez habita la desesperanza, un grito que pide auxilio, que exige que le lean el alma de una vez, que le traduzcan algo que no entiende.
Las manos abiertas siempre dan alguna cosa. En esta ocasión se dieron a sí mismas, desligadas de un cuerpo que no conozco, de unos rasgos que nunca he contemplado, de una persona anónima. Las manos extendidas como…

Materia

Estuvimos jugando como niñas pequeñas, G. y yo, sobre la mesa de la cocina con un trozo de barro que iba tomando formas torpes. Me di cuenta de que desde que era una niña no había mejorado nada, pero lo sorprendente es que tampoco había empeorado. Había algo que permanecía intacto.

Los jueves M. da clase de cerámica. También hacía mucho tiempo que no jugaba en su taller. Lo visitaba como turista, fisgaba los rincones y acariciaba los falos gigantes. Sin embargo, cuando mis manos tocaron el último trozo de gres k 118 traído de Alemania ya no hubo diferencia entre ese barro y el que manipulábamos G. y yo un par de días antes como niñas pequeñas sobre la mesa de la cocina, no hubo diferencia entre la que escribe en este ordenador y la que sujeta una rosa y un misal al otro lado de la mesa.
Las manos se colocan en posturas fijas, casi rituales, y el barro pasa por entre sus huecos. No es moldear. No tiene nada que ver con moldear. Es contener la materia en espacios exactos. La materia da m…

La maleta

Ella es guapa. Bastante guapa. La típica mujer que vuelve las caras de los hombres y hace que siempre le digan que sí. No tiene una belleza arrebatadora, pero sí es lo suficientemente guapa para no necesitar ser nada más que eso: guapa. Ahí es donde radica su tragedia. Somos seres perezosos y no desarrollamos nada más que lo que vamos a necesitar, por tanto ella no tuvo que ser más lista, ni más astuta, ni más graciosa que nadie. Le bastó con ser guapa. Ella sabe que un día su físico se volverá en su contra, que será -tal como ahora es en el fondo- su enemigo. Su propia piel no le servirá de nada.
Abandonó su maleta en la que fue mi casa. No adquirí consciencia clara de lo que abultaba su vida hasta que me vi obligada a hacerme cargo de su maleta. Tenía que haberla obligado a deshacerse de ella o a cargar el exceso de equipaje, pero lo planteó de tal modo que negarme a recogerla hubiera resultado demasiado violento.
Cuando me fui la dejé en el patio, junto a los trastos viejos, junto a …

Brecha

Los días son más largos. Lo sé porque al salir ya no era denoche, todavía quedaba un resquicio de luz en el horizonte mientras temblaba en el penúltimo asiento del autobús número cuatro.
Lo que me sucede cuando se empiezan a alargar los días o los prados a cubrirse de margaritas es como una sensación de vacío. Preguntarme si al fin estoy haciendo lo correcto o si debería estar con algo grande. Si me basta con levantarme cada día a las once de la mañana o debería hacer algo importante, algo realmente importante. Yo qué sé, una tesis doctoral, una novela, unas oposiciones, tener un hijo... como si de repente las pequeñas cosas se volvieran aún más pequeñas, insignificantes, y yo no fuera tan grande como los días ni diera tanto de mí como la tierra.
Es solo un momento, una brecha que se abre de repente en mi vida cotidiana, mi vida que se acerca a los veintisiete años y sigue masticando pequeñas cosas. Y de repente me enfrento al asombro de constatar un mundo inmenso, que florece y estall…

La mujer perfecta

Yo la conocí. Llegué a tocarla, incluso. Tenía la piel sedosa y tersa, los pechos perfectos, los labios perfectos, un pelo dorado que caía en cascada hasta la cintura. Los ojos eran color violeta, aunque inexpresivos. Las nalgas torneadas como medias lunas. Las manos perfectas, los dedos finos, las piernas tan largas que parecían interminables. Era preciosa.


La abandoné, pues cuando superas los 8 años deja de ser emocionante jugar con Barbies. Sin embargo hay escritores que lo siguen haciendo, no entienden que haya dejado de emocionar.

El despertar

Te despertaste y estabas sola. Te despertaron y estabas sola. No lo entiendes, por qué se empeñan en despertarte una y otra vez si no te quitan esa soledad, si te despiertan pero te vuelven a dejar sola y no te abrazan como abraza una mamá a su niña pequeña.

"Pierde un poco de líquido, pero te servirá", me dijiste al regalarme tu viejo mate. Tembién el termo azul "quiero que te lo quedes. Quiero que te acuerdes de mí cuando tomes tus mates en la playa".

Dime, ¿quién sos vos? Sos la que vivía en el 4º piso de Malasaña o sos la que se levanta una y otra vez entre sábanas de hospital, espantosamente limpias.

Sos la que cuenta historias, la que otorga consejos como sentencias, la que descubre el mundo y los motivos, la que no calla nada, la que un día me regaló el nombre de un planeta o sos a la que tienen que esconder los botes de pastillas.

¿De quién me tengo que acordar aquí, donde resulta casi imposible algo tan sencillo como compartir un mate? De la viajera, de la que…

Ocho de Marzo

Cuando me levanté no tenía voz. Había pasado toda la noche escupiendo una materia compacta. Reuní unos pocos poemas en hojas sueltas, me puse las medias moradas y le quité al gato todos los huevos de pulga que pude. Cuando llegué al último piso de El Corte Inglés mi garganta dejó de responder por completo.
Leí de todas formas, sin voz y en hojas sueltas. No siempre, pero de vez en cuando es necesario que nos volvamos héroes. Aquellas palabras estaban en la materia compacta que yo misma había escupido. Por eso era preciso. Porque si no expulsaba esas palabras seguiría sin voz. "Eres muy joven" me dijeron, entre la admiración y la disculpla.
Luego el azar o la réplica me llevaron a cenar entre el exilio. Pusieron una orquesta de tango y espaguetis sobre la mesa. Sus voces de otro acento, mi carencia de voz, todo unido creaba un clima idéntico. Nostalgias de un pasado que yo no era, mientras anhelaba el país al que ellos tampoco pertenecían. Lejanos en esta ciudad que no acoge pe…

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Nos escuchamos
Cogimos la costumbre de escucharnos
Es de esas costumbres de las que luego una no puede deshacerse
Nos seguimos escuchando a pesar de los jueves
Empezamos
aunque en realidad nunca dejamos de hacerlo
Este martes y todos ellos

A las 8

107.3
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Caballitos de Cartón

y tu té

Regreso

Recuperé algo. Todavía no sé exactamente el qué, porque está constituído de una materia viscosa y difícil de definir. Igual lo que recuperé está en la foto con el vestido azul, lazos en el pelo, un libro de nácar en la mano y una espiga atravesando el primer plano, pero creo que es más bien el caracol de porcelana del que me quise deshacer tantas veces. Tal vez lo que recuperé sea sólo espacio, pero esa clase de espacio que no tiene huecos ni fisuras.
Cambié la cama de 1'30 por mi viejo colchón de 90. Ya lo había decidido hace tiempo, la noche que me pasé gritando por algo que me contaron sin darse cuenta de que precisamente yo no tenía que escuchar aquello. Desde entonces mi colchón (nunca fue mío) se volvió insoportable (más extraño e insoportable aún) y la cama de madera maciza se rompía, amenazando con caer sobre el papel de periódico que la sostenía en un tiempo obsoleto y amarillento.
Me ayudaron todos los demonios y fantasmas que aún habitaban mi cuarto a mover esa cama y a c…

HIERRO 3

Nunca pensé que fuera a echar de menos un sótano. No suele extrañar lugares quien casi no extraña personas. Tal vez lo extrañé porque se había convertido en una especie de ritual, o porque por una vez iban asociadas ambas cosas, el lugar y la persona. Un día por semana iba con H. al Dam, bajaba las escaleras, atravesaba las cortinas de terciopelo y buscabamos nuestro sitio de siempre. Nos Repantingábamos en los pufs naranjas de ese sótano con luz baja, música hipnótica, pared de bicicletas y olor a porro. En ese sótano los móviles dejan de funcionar y hasta creo que los relojes van más lentos.
No volví al Dam hasta que no volví con él, pero estaba lleno (un lugar así suele estarlo) y nos tuvimos que conformar con mesa y sillas, como todo el mundo.
Luego otra vez más, y otra, hasta que por fin había sido un día agotador de una semana agotadora y sabíamos con certeza que habría poca gente en el sótano. Descubrimos con euforia una tarta de manzana encima de la barra y bajamos cansados y f…

resurrección

Si es cierto que las tazas tienen labios -debe serlo, la porcelana en contacto con la boca provoca algo de calor y ternura humanos- las mías tienen labios dorados. Quería dos tazas blancas para ver el color exacto del té que las habita, y dos porque no tengo dos de nada (casualidad o fobia a las colecciones, vaya usted a saber).
Me esperaron en lo alto del bosque, en la casa abandonada que debió ser de la bella durmiente, pues en el dormitorio intacto había trepado una rama de rosal. Estaban en la cocina, donde se habían acumulado los años en forma de polvo y de olor a moho, dos tazas de porcelana blanca, con una línea dorada en el borde y el recuerdo en forma de platos de haber sido un juego entero.
Dos tazas que sumergí con cariño en agua hirviendo, para que olvidaran todo lo que es preciso olvidar. Dos tazas que se irán acostumbrando al té mientras yo me acostumbro a besar labios dorados.

Pero al final, fracaso. El polvo se ha incrustado en sus grietas de tal manera que es imposible…