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Mostrando entradas de enero, 2006

violencia

Está escrito a lápiz "HOY ES NOCHEBUENA Y NADIE LO SABE". Es el título de la cinta. La grabé una mañana que había soñado con mi abuela, hace unos veinte años. Mi abuela me contaba un gran secreto: en realidad esa noche era Nochebuena, pero nadie, absolutamente nadie excepto ella o yo lo sabía, así que yo, emocionada por nuestro gran secreto me puse a escribirlo por todas las paredes y a cantar una y otra vez:

Hoy es Nochebuena
y nadie lo sabe
hoy es Nochebuena
y nadie lo sabe

Por la mañana, entre otras mil historias entrecruzadas, conté mi sueño al caset de la cocina. Hablé y canté e intententé deletrear. Esa cinta producía luego en mí una sensación viscosa. Por un lado de orgullo y por otro de vergüenza.
Ha sobrevivido. Aquí sobrevive casi todo (excepto la buganvilla que me regalaron por mi cumpleaños), pero en la cinta ya no estaba mi canción. Por lo menos yo no la oí. Sólo los escuché a ellos, a mamá y a papá en una de sus discusiones. Nada grave. La típica discusión de la hora…

cariño

Tengo dentro de mis ojos una rosa amarilla. La trajeron un día que hacía demasiado frío para salir de casa. El frío, a veces, tiene estos pequeños milagros.

No era un poema, ni un cuadro, ni la fotografía de un atardecer, ni un libro de páginas brillantes, ni música ni un planeta. Una simple rosa fuerte como un corazón que existe, sin papel de celofán que empañara su belleza o su aroma.
"Ponla en agua para que no se estropee, canija". Pero el "canija" creo que no lo dijeron y fue tan sólo que yo lo escuché. El frío, a veces, tiene estos pequeños milagros.

La puse en agua, con el tiempo he aprendido a ser obediente. Ahora la tengo dentro de mis ojos. Una no puede mirar una rosa como la mía sin que se le acabe metiendo dentro de los ojos, y el frío, a veces, tiene estos pequeños milagros

alquimia

Volvimos las dos juntas y quizá era la única forma de hacerlo. Ella aún estudia allí, yo ya no, pero me parece que atravesar esas puertas y el olor a la máquina de café y las escaleras que conducen a los despachos tienen para ambas un aire de regreso. Por eso tenemos, como quien tiene un animal o un libro, el nombre de una persona que no debió morir así, porque estamos regresando mientras fingimos que caminamos hacia adelante, siempre hacia adelante y jamás dar la vuelta. Regresar no suele ser fácil y ese edificio, que fue albergue de guerreros y de enfermos, pesa demasiado. Hoy tiene un precioso color mostaza, pero sigue pesando mucho, así que a veces es mejor caminar como si nunca hubieras estado allí, como si fuera esperanza o parte del futuro y no un eterno retorno hacia el pasado.
***
Por la tarde cambió todo, pero esta vez no fue por el té que M. guardó para que yo lo viera florecer, en un cuenco de cristal mientras anochecía y el té daba a luz una guirnalda de jazmines blancos y…

perdón

Avec un ciel si gris
qu'il faut lui pardonner
Le plat pays
Jacques Brel

Perdono al cielo gris y al frío y a la humedad. Perdono a los abrigos de colores tristes. Perdono a las tiendas de ropa, al tinte rubio, a los edificios. Perdono a los recortes de periódico, a los anuncios por palabras, a los que buscan trabajo. Perdono a los ludópatas y al casino, al supermercado que ocupa el lugar de mi cine, a las películas dobladas, a las series de televisión, a los que siguen los concursos, a los alcohólicos y a las putas. Perdono a los especuladores y a los aburridos. Perdono a los neuróticos, a los ciclotímicos, a los bipolares, a los dependientes, a los psicópatas. Perdono a los viejos. Perdono a las mujeres que odian a los hombres y a los hombres que no entienden a las mujeres. Perdono a los que no se enamoran y a los enamorados que no suben a las azoteas. Perdono a los que mean en las paredes, a los lugares llenos de humo, a las salas de espera, a los juzgados, al olor a hospital, al roj…

Ma liberté

Traducción libre de Moustaki

Libertad,
te protegí durante mucho tiempo
como a una perla exótica.
Libertad,
nadie más que tú me ayudó
a soltar amarras
para ir a cualquier lugar
para llegar hasta el fondo
de los designios de la fortuna,
para cortar como en sueños
la rosa de los vientos
sobre un rayo de luna.
Libertad,
Mi alma se rindió
a todos tus caprichos
Libertad,
Te regalé
hasta mi última camisa.
Cómo llegué a sufrir
para satisfacer
la más pequeña de tus exigencias.
Cambié de país, perdí a mis amigos
para ganar tu confianza.

Libertad,
supiste cómo librarme
de todas mis costumbres
Libertad,
tú me hiciste amar
incluso la soledad.Tú, que me dibujaste una sonrisa
cuando veía llegar el final
de una hermosa aventura.
Tú, que me protegiste
cuando me tuve que esconder
a lamer mis heridas.

Libertad,
a pesar de todo te abandoné
una noche de diciembre
Fui un desertor
de las apartadas sendas
que caminamos juntos
cuando, sin llegar a perder la confianza en ti,
de pies y puños atados
Me he dejado llevar
y al fin te traicioné
por una prisión…

Looser

Cuestión de carácter. Para ser una ganadora hay que tener carácter y lo cierto es que yo nunca tuve demasiado. Tal vez es porque no tengo nada que demostrar o porque me parece tan normal ir perdiendo cosas que ya apenas le doy importancia. Ni siquiera me sorprende.
El caso es que el carácter también se adquiere. O por lo menos eso dicen. Creo que se adquiere en esos momentos en los que de repente te haces mayor de edad, cuando no cabes en tu propia ropa, o por el contrario te vuelves tan diminuta que todos los pantalones te quedan anchos. Son los momentos de las grandes pérdidas, de esas que no te dejan la opción de pensar que aún queda otra oportunidad o partida o al menos otra venganza.
He tenido varios de esos momentos, y sin embargo me parece que sigo sin tener carácter. Me temo que ganar supondría un peso demasiado grande, un peso de esos que te obligan a ser alguien en la vida. Y yo ya he descubierto que puedo no ser nadie, que puedo perder y seguir adelante. Porque eso sí que es …

Voz

Yo no la conocía. No era más que una mujer borracha. En aquel momento, bajo el cielo amable del noviembre en Tacoronte, yo ya no la conocía y ella no era más que una mujer borracha.
Lo sé porque al día siguiente lo había olvidado todo, y yo no tuve agallas para recordárselo. Mi ego aún se resentía, no mucho, pero sí lo suficiente como para permanecer callada.

Nadie más me criticó una sola palabra de aquél cuento, ni antes ni después, por eso aún la puedo ver riéndose mientras encendía un cigarro tras otro con la llama de las velas y yo leía, [h]inflada como un sapo por mis propias palabas. Recuerdo su estallido final, cuando dijo: "esto no lo tendrías que haber escrito tú, esto parece escrito por una mujer mucho más vieja" -palabras que en otras circunstancias hubiera tenido la torpeza de tomar como un halago-.
Siguió negando con la cabeza y protestando "No, tú eres joven. Tú no puedes escribir esto".
Los borrachos son transparentes como espejos y no debemos mirarnos e…

Identidad

No fui nadie especial. No tenía por qué serlo. Por fin mi nombre sonaba igual de extraño que todos los demás, y mis zapatos no eran más altos que yo y unas pocas semanas bastaban para leer los libros que poseía. No se esperaba nada. No tuve que ser grande ni descubrir nada, ni enseñar nada, ni siquiera tener buen gusto. No había nadie a quien salvar y yo no tenía nada con que salvar vidas ajenas.
No necesité estar a la altura. La Gran Esperanza Blanca no estaba acostumbrada a no necesitar estar a la altura, así que al principio me costó asimilarlo. Las palabras no podían ser más que un instrumento, tampoco ellas me exigieron nada. Nunca necesité redactar con corrección escrupulosa, ni perseguir la exactitud como si me fuera la vida en ello.

Siempre tuve miedo a ser la "chica que prometía tanto" y me resultó extaño vivir sin promesas, sin que nadie pensara que yo tenía que hacer algo especial, o ser especial o por lo menos ser encantadora, o aunque fuera fingirlo. Porque en el …

Poética

No tengas miedo. Soy yo. Al principio te costó reconocerme, pero eso es porque me mirabas a contraluz, y cuando miramos a contraluz no vemos nada más que siluetas.
Ven, acércate, hay sitio para ti junto a las glicinas. Son las mismas glicinas que florecían sobre nosotros varias páginas atrás. Pero no te quedes ahí, ya puedes entrar. Te digo que puedes entrar. Te he dado mi permiso ¿qué más necesitas? No molestas. Nunca molestaste. Nunca me impediste ser quien soy. Y sí, dame la mano.

P.D. Maybe you will miss that place (or that plane)