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Cosas

Morir entra dentro de la rutina diaria. Es algo que hacemos siempre, decir adiós a rincones, personas, animales, objetos... sobre todo objetos, aunque tengan esa apariencia inmontal. Recuerdo un cuento de una escritora argentina que para mi era la perfecta descripción del infierno. El caso es que la protagonista de repente se empezaba a encontrar con todos los objetos que había ido perdiendo a lo largo de su vida. Su habitación llegó hasta el paroxismo de lo grotesco. Los objetos que habián sido hermosos ahora eran simples cachivaches sin conexión, sin significado, es decir, sin vida. Sí, el infierno tiene que ser algo así. Yo en mi infierno me encontraría cuatro teléfonos móviles, un gato, unos cuantos millones de pendientes, un trozo de corazón (el trocito que dejé dentro de su bota) y cacharros que ni siquiera imagino existiendo en una secuencia temporal en la que yo estuviera.
A veces pierdo cosas para no tener que recordar, otras por no romper un "momento perfecto" buscando bajo el banco del parque pendientes de lapislázuli (con el tiempo me he dado cuenta que buscar pendientes de lapislázuli bajo el banco del parque es igual de imprescindible que el condón en las penetraciones), otras por descuido o desidia, otras por no poder soportar más cosas dentro del mundo, otras porque pesaban, otras porque carecían de peso alguno, otras porque necesitaba decir adiós y siempre es más fácil decírselo a los objetos, otras porque si no mi vida hubiera resultado un infierno. Un auténtico infierno.
No lloréis por todo lo perdido, niños. No lloréis por la madre muerta. El desiero es un lugar solitario y sin embargo tan hermoso.

Comentarios

Azena ha dicho que…
a veces llorar por lo perdido nos ayuda a dejar de echarlo de menos...

besos
Hombre de Arena ha dicho que…
Leí ese cuento, lo recuerdo. Entra sutilmente en una angustiosa pesadilla. Los objetos perdidos siempre nos sobreviven.

De nuevo, creo que llevas la angustia dentro, aunque creas verla fuera. Sonreiré por tí al menos una vez al día.
The Wild Rose ha dicho que…
Quién eres tú, peregrino
que tantas señas me das.
Hombre de Arena ha dicho que…
Sigue el camino de baldosas amarillas. Siempre he estado aquí.

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