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En Marcha

Es hora de caminar sobre la tierra todavía fresca de haber enterrado cosas en ella. No sé si eran tesoros o huesos. En el caso último no sé si eran huesos humanos o huesos animales. Si eran animales no sé si había muerto hace dos días o hace miles de años.
Ponerse en marcha. Bajo un cielo que es sólo azul a medias y en un camino que nadie ha recorrido.
Guardar una toalla en la mochila para las adolescentes que vomitan en el autobús número 20, camino de El Jardín (la discoteca). Para limpiarles la boca y que no pidan perdón. Limpiarles el rímel de los ojos y que no pidan perdón. Taparles las piernas de una falda demasiado corta y que no pidan perdón.
Para eso quiero la toalla, y para seguir caminando y bañarme en un río de agua fría. Dulce y fría. Llorar agua salada si es preciso.
Cantar con la línea azul las canciones que me aprendí cuando tenía miedo, y también las que nunca llegué a aprenderme. Descubrir que nunca llegué a saber El Cadilac Solitario y descubrir que la parte más fría de mi cuerpo son las nalgas. Pongo las manos en mis nalgas y está frío. Para todo eso es necesario seguir caminando, y para todo lo que aún no existe, y para lo que empieza a ser, y para lo que va a dejar de ser en cuanto dé un paso.
El jardín florece. Aspiro. Huele más la tierra que las flores.

Comentarios

Hombre de Arena ha dicho que…
¿Sabías que los niños comen tierra para vacunarse? Se fortalecen gracias a todos los saprófitos que la habitan, las madres escandalizadas no saben que su pequeño cuerpo aprende más de la tierra que de los abrazos que ellas les niegan.

Tenemos que aprender mucho de nuestros pequeños, no son ellos los que tienen que pedir perdón.
Anónimo ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
The Wild Rose ha dicho que…
Con heroína sólo se fabrican cicatrices, nunca abrazos.
Lo sé porque lamo cicatrices como una perra y descubro viejos sabores detrás de ellas.
Me duele borrarle su mensaje, lo mismo que arrancar ortigas con manos infinitamente suaves.
Por Dios, tenga compasión y perdóneme. Me lo he ganado. Me he ganado su perdón por las heridas de los otros. Me he ganado su perdón porque en este jardín sobre las heridas crecen belladonas y se han olvidado las lágrimas de heroína.
Quedan nada más que los pétalos de las amapolas pegados a las ventanas de la nariz. Sutiles como abrazos o como el sur.

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