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Mostrando entradas de octubre, 2006

Parle-moi d'amour

Y del París que pensaba, incluso recordaba. Háblame del París que fue libre cuando en España (menos aún en Asturias) no era posible. No dejes de hablarme de las miradas que han visto tantas cosas y de las barbas de los hombres y las gafas de las mujeres. Háblame de los niños, oh, sí, háblame de los niños que siguen bailando las canciones de Brassens. Háblame de Brassens. Dime que hace 25 años que murió y que nadie pensó que se pudiera morir Brassens. Luego llévame al parque, a su propio parque, al parque Georges Brasens, metre Porte de Venves, donde todavía hay niños que juegan y cantantes cantando sus canciones y el viejo París que conocía como sus estrofas. Háblame y cantemos O bella Chao, encore une fois. Seguimos vivos, todos nosotros, el viejo París, Brassens, yo misma. Todos vivos. Los sábados y domingos un mercado de libros antiguos junto a su parque y un lago y todos cantamos y dejamos que nos hables de amor.

No voy a pedir permiso

Quien lo va a entender lo ha entendido siempre. Quien no lo entiende es que nunca lo ha entendido todo. Mentiría si dijera que no me importa, pero no voy pedir permiso. No cierro las puertas, tan sólo levanto una verja. Si no lo hiciera las rosas no resistirían el invierno, y es absolutamente necesario, este invierno sí es necesario que resistan. Perdón sí voy a pedir. Perdón por vallar el jardín. Sentaos a contemplar el otoño de todas formas. Siempre estamos juntos.

Decision

Es otoño. No podia haber elegido otra epoca ni otro lugar (si, Paris me devuelve el sabor a mi misma, ambas lo sabiamos). Es otonno porque no podia ser otra cosa. A veces las decisiones son inevitables. ¿Quiere usted un lectorado en Turquia? No sennorita, muchas gracias, es que vera usted, es otonno y no me puedo mover de aqui. Comprendalo.
Al parecer lo entendio bien. Las decisiones correctas nos dejan la sensacion de no haber decidido nada, como si no costara trabajo o no hubiera otra posibilidad. Otra salida. Una salida mas en una ciudad llena de entradas, de recovecos, que sin embargo guardan una exacta y sutil estructura. Un gigante con negros en el metro. Negros muy negros que me miran fijamente y que antes me asustaban como una parte demasiado vieja del mundo. Negros que viven lejos, que levantan la mano y ahora me llaman "sennoguita" con acento frances. "Sennoguita puede guepetig?"
Ya no me dan miedo los negros, ni el otonno. Paris un poco. Es inmensa. Pero n…