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Clochards

De repente aparecieron. No se de donde salieron todos ellos, alguna hoja del otoño o algun puente los escondio hasta ahora y yo no supe verlos. No tomaron poco a poco la ciudad, sino que brotaron todos ellos igual que el frio, a la par que el vaho en la boca y las manos en los bolsillos. El primero llevaba consigo unos manuscritos y dormia en el metro. Se lavaba los dientes con un cepillo rosa mientras arqueaba la espalda como si estuviera representando una obra de Beckett; el segundo era negro y dormia casi desnudo cerca de la Gare d'Austerlitz; la cuarta era una mujer y cantaba a Edith Piaf de la unica forma de la que habria que cantarla. Luego eran tantos los clochard que perdi la cuenta. No creo que haya sido el frio quien se los invento, el frio no suele inventarse muchas cosas, sino que estaban debajo de la sensacion de poder que transmite la ciudad a todo el que no vive en ella.
No son ni vagabundos ni pobres, aunque tengan algo de ambas cosas. Aqui los clochards son los que tomaron la decision de vivir en la calle. No se arrepienten (al menos en un principio no lo parece) y no piden nada, a lo sumo dejan un carton a la vista por si a alguien le sobran unas monedas.
No me da vergüenza mirarlos, como a cualquier otra persona que me encuentre. No son mas ni menos dignos que nadie. Estan ahi. El caso es que estan ahi, un poco mas rotos -eso si-. Ocupan el espacio de una persona.
Quiza sea eso lo que me llama la atencion. Hoy en dia todos ocupamos muchisimo mas y por eso puede ser que no los haya visto antes. Una persona en realidad ocupa poco espacio, no se que demonios hay en el resto del espacio de nuestras casas que no ocupamos.

Comentarios

Azena ha dicho que…
y me imagino a los clochards a la orilla del sena, y me los imagino a principios de los setenta, a través de los ojos de una chica de pueblo que se enamoró de parís y se la llevó en el fondo de sus pupilas. y en esas pupilas aprendimos tú y yo a amar parís. y nunca olvidaremos lo que fue para ella. y parís será nuestra.
Ansetobeah ha dicho que…
Pero un clochard es la esencia de lo que somos. ¡Sí, se lo juro! Es lo que queda cuando la amalgama de ficciones no puede más y se derrite. Es lo que queda cuando, al ir al "bidé", compruebas que lo que se remoja no es tuyo, sino de todos y cada uno de los seres que te rodea, menos de ti. Entonces, surge el clochard, como realidad, no como mito literario, ficción de supervivencia psicológica o ángel de la guarda... Surge como lo que ha de ser el que se piense, sienta o imagine digno: el uno de uno mismo tirado en un arrabal. Todo lo demás es hipocresía.

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