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Deseo


Hubo un momento y era verano. Una piscina. Una casa grande. Poco más que eso, los escenarios no tienen por qué estar plagados de elementos. A veces basta una piscina y una casa grande que no he vuelto a ver en mi vida para un acontecimiento. El caso es que yo quería descubrir el sexo (así, con estas palabras "descubrir el sexo" como quien busca continentes o antídotos) y cogí el único libro señalado como "Erótico" en aquella exigua biblitoteca. Marguerite Duras, Ojos azules pelo negro.
Lo leí hasta el final. Cuando me propongo un libro pase lo que pase y aunque me lleve años acabo por llegar a la última página. Poco entendí de aquello. Se me quedó un pañuelo de seda negro al que no veía sentido por ningún lado, una mujer hermosa (los libros están plagados de mujeres hermosas) y un hombre triste (los libros también están plagados de hombres tristes). Quizá ese libro no me hizo descubrir el sexo, o quizá sí y fui yo la que en ese momento no se dio cuenta. A veces pasan esas cosas, de repente descubrimos algo y no nos damos cuenta.
Poco tiempo después el novio de la dueña de la casa deslizaba su mano por mi pubis ("chichi", aquella palabra horrible) y él no era lo bastante viejo ni yo lo bastante niña para que eso estuviera mal. Pero ni yo era lo bastante hermosa ni él lo bastante triste y sin pañuelo negro sobre la cara sólo quedaron lágrimas y decepción y más lágrimas. Lloré un mes entero. No sabía qué más podía hacer. Llorar y negarle la palabra durante años.
Más tarde fui aprendiendo. Poco a poco. Me costó más de lo que debiera y todos los que estuvieron en mi cama saben que me costaba, que deslizaba mi tristeza antes que mi cuerpo y que estaba perdida porque aún no sabía los límites de mí misma.
Ni siquiera conocía a G. Ni siquiera me había masturbado. Ni siquiera pronunciaba más palabras que las precisas.
Mucho más tarde hablé y manos propias y ajenas entraron en mis pantalones y G. me decía que por qué no me había gustado ese libro, que era uno de sus favoritos pero esta vez no quise darle oportunidad alguna.
Ahora estoy lejos. Más lejos de lo que nunca pudisteis imaginar que llegaría a estar nunca. Tan lejos como están lejos los continentes unos de otros. Ahora sólo lloro a veces. Ahora volví a los cuerpos evidentes de Duras. Entrelazada con ellos, pasado lo pasado, ya no me avergüenzan los deseos, ni los míos ni los de los otros sobre mi propio cuerpo, sobre mi propio sexo.

Comentarios

Azena ha dicho que…
tus palabras me saltan lágrimas a las mejillas... tu vida me despierta una sonrisa...

¿te he dicho alguna vez lo orgullosa que estoy de ti?

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