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Mostrando entradas de 2007

Dos besugos

Es el día de Navidad. Éste no va a ser un post alegre. Te lo voy advirtiendo por si acaso esperabas encontrarte con una felicitación o al menos una historia. Éste post no es una historia, ni mucho menos. Este post son sólo dos besugos. Los besugos soportan a duras penas el paso del tiempo, así que mucho menos van a soportar las historias. Hoy es el día de navidad, aunque eso creo que ya lo he dicho. Los dos besugos siguen en la nevera, pobrecitos míos. Se han quedado solos y hoy me miran, descongelados y blanditos con su cara inmutable de besugo.
Dentro de su bolsa, están los besugos, como si no fuera Navidad, como si ayer no hubiera sido Nochebuena, como si nada hubiera ocurrido entre ayer y hoy más que algunas horas, las suficientes para descongelarse pero no para ponerse malos y empezar a oler mal, a pescado podrido, a pescado que no se prepara en el momento justo y luego van pasando los días y sigue ahí porque no tiene otro sitio a donde ir o porque está muerto y no sabe moverse.
Es…

Descenso al futuro

Le invito a un lugar tan nuevo como extraño. No está lejos, incluso está en el mismo lugar por donde usted camina sin percatarse. Pero ahora, oh maravilla, es un lugar nuevo. La huelga del personal de limpieza ha convertido el metro en algo digno de visita.
Baje las escaleras. No tenga prisa. Bájelas como quien entra en una casa nueva o en una iglesia. Será como si la civitizacion se hubiera terminado, como si siguiera el metro funcionando por una especie de inercia que hiciera continuar las cosas pero todo lo demás ha desaparecido. La civilización no ha dejado nada vivo o entero. Se acabaron los aires acondicionados, las oficinas, el viaje interminable hacia el progreso, la nueva edición de viejas consolas y consuelos nuevos. Sólo quedan los restos, el confeti tras el desfile cuando todo queda en silencio, la discoteca con las luces encendidas y el suelo pringoso. Quedó lo que tuvo que quedar y el metro está inundado de periódicos y basura, pintadas, suelos también pringosos. Parece q…

Eva

Aquella mujer llevaba el mismo perfume de Eva. Era exactamente su mismo olor, sería capaz de reconocerlo entre un millón de olores. Pensé que ninguna otra mujer podría llevarlo, pero la sociedad de consumo tiene esos milagros que son como rimas de asfalto. No, ese perfume lo tenía que llevar una mujer pequeña, sin sujetador, una mujer que llorase por las mañanas y por las noches buscara sus barbitúricos con desesperación controlada (cariño, ya sabes que están dentro del armario).
Yo la conocí un día, y otro miré dentro de su bolso como quien mira dentro de la casa de sus abuelos, y ella llevaba la misma camisa de seda con la espalda descubierta, y habían pasado un año o dos (creo que solo uno), pero las camisas de seda también son como rimas de los años o las primaveras. Una sola mujer, un solo perfume. Aquella otra era una sombra pálida, un fantasma que cruzaba por mi vida, un vago recuerdo. No. Ninguna mujer debería tener derecho a llevar su colonia, y muy pocos hombres son dignos de…

Champagne

Brinda por mí. Siempre pensé que merecía más de lo que tenía. Más regalos, más palabras, más caricias, muchísima más veneración. Ahora te toca levantar la copa, que ahí está todo lo que espero de ti, tu vino, tu brazo en alto, tu brindis, tu boca. Deseo bajar convertida en vino por esa garganta que debió pronunciar más, decir más, cantar mejor, besar más profundo.
Es hora de brindar.

A mi salud.

La antesala

La plaza de Santa Bárbara es un territorio extraño. De un tiempo a esta parte ya no me gusta quedar en otra parte... "a la salida de Alonso Martínez" suelo decir, para tener la excusa -no sólo de cruzarla- sino de quedarme parada en ella, casi como formando parte del paisaje mutable de la propia plaza.
Tiene un quiosco con libros viejos o viejas gangas, según se mire, unas pocas escaleras y árboles golpeados una y otra vez por el viento de la ciudad. Es encantadora, la plaza de Santa Bárbara, y por eso quizá en sus bancos se detienen no los transeúntes, sino seres un poco perdidos y extravagantes, habitantes de las aceras y los puentos; viajeros que no tenían dónde pasar la noche, chicos durmiendo alguna de sus primeras borracheras, reuniones de mendigos que no llegan a ser vagabundos y se juntan ahí, celebrando con cartones de vino, alegres y despreocupados. Ninguno de los efímeros habitantes de la plaza despierta compasión. Eso me gusta, que no lleguen a estar expulsados de…

El gran viaje

Es difícil encontrarlos, lugares donde contener nuestra ternura...

Las barras de labios nunca mueren

Hoy acabé la barra de labios. Me quedé mirándola asombrada varios minutos, el hueco imposible dentro de la barra y las estrías escondidas para sujetar la pasta blanca. La hice girar unas cuantas veces para cerciorarme de que no quedaba nada y así, mientras subía y bajaba un trocito de plástico pensé que no era aquello en lo que pensamos cuando imaginamos una barra de labios. De hecho creo que es la primera vez en mi vida que termino una, siempre las perdía o las regalaba o las rompía o las abandonaba antes de tener que utilizar un pincelito para extraer los últimos restos pegajosos.
Fue entonces cuando N. pasó junto a mí y me dijo que esa era como su primera barra de labios, y que todavía le quedaba un poco y más aún, que le daba pena gastarla. Porque es cierto, las barras de labios son inmortales, una las compra para tener algo inacabable, un poco más inacabable que una misma.
Por eso, cuando pasó un poco de tiempo, usamos la ropa de mamá y sus toallas, pero jamás pudimos con los pint…

La esposa de Lot

Siempre tuve tanto miedo a las estatuas de sal que no eché la vista atrás. En ningún momento revisé lo que dejaba, lo que había hecho o lo que abandonaba. Una vez escrita una hoja de papel ya podía quemarla u olvidarme, una vez recogido el cuarto no miraba desde la puerta que todo estuviese en orden. Cuando abandoné las ciudades no había una pizca de nostalgia que me hiciera torcer el cuello y nada logró que necesitara un último vistazo. Viví y me consumí, de una vez por todas, sin revisión o síntesis o recuerdo que cristalizara en una mirada final.
No me quedo para ver cómo se alejan los trenes, no espero a que se vaya el autobús para marcharme. Fue el miedo a quedarme ahí, para siempre atrapada en un tiempo o un perfeccionismo que era más grande que yo lo que me forzó a dejar las cosas a medio hacer, a no despedirme, a seguir caminando mientras todo arde.

Propiedad privada

Todos nosotros tenemos el libro de Raymond Carver en el dormitorio. Lo sé porque he estado en vuestras casas, si no me habéis notado es porque a veces viajo de noche, por interminables carreteras oscuras y durmiendo en los autobuses para no perder los días. Llego de madrugada a vuestras habitaciones y veo el libro rojo en edición bilingüe. Es algo que nos une como una rima asonante une dos versos.
Yo ahora también soy como Todos Nosotros; me senté en el suelo de madera de Paradiso, que es una de las pocas librerías que no te dan vergüenza ajena y su suelo es el mejor lugar para leer poesía. Es uno de esos lugares, como la noche o los atardeceres o los acantilados, que te reconcilia con la poesía. Allí adquirí Todos Nosotros y luego volví a casa, atravesé de nuevo autopistas, gasolineras, olivos y campos de maiz y volví a casa. La primera noche que lo leí doblé la esquina de la página de la página 32 y fue en ese momento cuando el libro pasó a pertenecerme. Porque los libros no nos pert…

NOVIEMBRE

En cada noviembre aparece la oscuridad como si fuera algo positivo y no negativo, como si la oscuridad no fuese falta de luz sino algo distinto, como una cosa densa que va llenándolo todo de frío. Siempre pienso que ya podré afrontar cada noviembre y luego llega esa oscuridad animal y es como una patada justo debajo del ombligo o en la entrepierna. Llega para acabar con todo lo vivo, con mis ojos, mis manos, con lo que pude ser. A la vuelta de la esquina se esconde otro noviembre y cada principio de noviembre me vuelvo vieja.
Me encierro debajo de algo con plumas y deseo algo que no está permitido desear. Deseo que noviembre no exista, que nunca haya existido. Por Dios, que la tierra se trague de una vez este mes horrible.

MARCAPASOS

Era un día de esos en los que me enfadaba con mamá y salía de casa a que se me pasara el cabreo. La playa de San Lorenzo es infalible para la autocompasión y la melancolía, un lugar que siempre incita al intento de suicidio, al paso hacia el abandono o la venganza (siempre pensé en el suicidio como una venganza). Salí de casa con el caset y la cinta que J. acababa de grabarme: Horacio Guaraní. J. es un tipo de fiar, sobre todo en sus recomendaciones.
Salir de casa con el caset y los cascos era todo un acto de rabia y aislamiento. Casi nunca lo hacía, la música entorpece el ritmo de las ciudades e impide escuchar conversaciones ajenas. Aquella vez era única, ir a escuchar a Horacio Guaraní junto al mar y con rabia.
Recuerdo que pensé que Puerto de Santa Cruz tenía la misma música que el agua, idéntico ritmo del océano. Se fundieron en una especie de milagro o síndrome de Stendhal y me bebí al mismo tiempo la boca azul, las olas, la noche, la soledad y la voz del argentino.
Luego Amada…

Otros van a misa

Se levantan temprano y se visten con ropas limpias y planchadas. Huelen bien y van bien peinados. Caminan hasta la iglesia con los niños.
Yo cojo el metro y creo que estos vaqueros ya los llevaba ayer, pero conozco los pasos y me he levantado pronto y voy a La Casa Encendida. Es sábado, otros van a misa, yo voy a Tulsa.
Es un concierto para niños, con canciones inmensamente tristes como en una iglesia. Por eso no hay diferencia entre los que van a misa y yo, que estoy en primera fila y en Tulsa, frente al grupo y recuerdo las cosas que he hecho bien, las cosas que hecho mal y las que no he hecho, igual que ellos en la iglesia.
Aquí los niños no están quietos y cuando ella les preguntó si tenían alguna queja un niño respondió "las canciones son todas muy tristes" y él intentó defenderse "son tristes pero bonitas". Eso pasa por dejar hablar a los niños. Si estuviéramos en misa no habría estos problemas. Pero a misa van otros, yo no, yo voy a Tulsa por una desértica carr…

Más dura será la caída

Dios tenía un ángel favorito. Eso no está bien, porque Dios es justo (o debería serlo) y no estaba bien que prefiriera un ángel a los otros. Pero qué le vamos a hacer, era inevitable. No había más que verlo, el pelo negro que contrastaba con el resto de ángeles de facciones aniñadas y cabelleras rubias, sus rasgos tan masculinos aunque careciera de sexo igual que sus congéneres.
No era amor sin embargo, lo que sentía Dios por Lucifer -así se llamaba el ángel- sino orgullo. Orgullo por ser el creador de algo tan bello, tan perfecto, y sobre todo orgullo porque Dios sabía que Lucifer tenía algo más de lo que Él mismo le había dado. No era su cuerpo o sus alas que relucían al sol, tampoco su voz profunda, pero sí sus ojos, más vivos, más abiertos de lo habitual. Lo que Dios no había creado era el amor que Lucifer le profesaba. Nunca nadie, ni ángel ni humano, le rezó con mayor fervor. Nunca nadie logró tal perfección en las acciones. Nunca nadie le había demostrado hasta dónde se podía se…

LITERATURA

Yo estaba estudiando la carrera de filología hispánica en una universidad de provincias. Aquella noche íbamos en el Opel gris plata mamá tenía puesta la radio. La ponía para no dormirse y para aprender cosas. Siempre estaba escuchando programas educativos: aprenda inglés, alemán, las bases del bip bop; lo que fuera. A mamá le gustaba hacer cosas útiles, aún en su tiempo libre.
Esa noche había un programa de la UNED (Universidad a distancia, tiene gracia) sobre LITERATURA. Pensé que empezaba a ser mi deber escuchar esta clase de cosas, así que atendí. Y atendí tanto que todavía hoy recuerdo ese programa y esta mañana me desperté con frío y demasiado pronto pensando en eso; en el tipo que era un profesor importante de no sé qué lugar -no pidáis tanto a mi memoria- y que tenía voz pausada y profunda. Un buen profesor -pensé- debería tener siempre una voz como esta: grave y lenta.
Pues bien, el caso era que ese tipo enseñaba a “comentar poemas” (sí, eso también es gracioso) y habían elegido…

SIRENA

Tengo la desagradable costumbre de ir cantando por las calles. Cada una tiene su melodía y hay paisajes que siempre van acompañados por los mismos compases. También hay luces o inclinaciones del sol propicias para canciones. No suelo elegir lo que canto, pero me gusta aprender de memoria mis temas preferidos para recurrir a ellos sin pararme demasiado a pensar lo que hago (una empezaría pensando en lo que hace y acabaría caminando en silencio, pasos rápidos, escaleras sin música), aunque sí que lo pienso cuando estoy asustada y voy por callejuelas por las que no debería andar una chica sola -y menos a estas horas- y entonces es cuando me pongo a cantar porque no me imagino a nadie atacando a alguien que va cantando a voz en grito mientras camina, es algo que rompe de tal manera la estructura del mundo que no podría llegar a suceder jamás.
No me miran como si estuviera loca, hemos llegado a un punto de no sorprendernos de nada por insólito que pueda parecer. De hecho casi no me miran, p…

PEQUEÑO

Lo pequeño como refugio, porque vivimos en ciudades monstruosas. Yo vivo en una ciudad enorme de ascensores y grandes techos y aires acondicionados. Imposible abarcar con los ojos o el objetivo o el entendimiento un hábitat descomunal y demasiadas caras y piernas y zapatos en los subterráneos, los metros y los bares. Vuelvo la mirada hacia lo diminuto, hacia el color de las uñas pintadas de los pies de las mujeres o hacia los colgantes, los tatuajes en lugar de las fisionomías. Simplificación por el efecto microscopio, asimilar una enorme masa de hormigón por la rugosidad de las paredes.
El ser humano ha dejado de ser la medida de todas las cosas. La medida es mucho más grande, como para llenar un espacio o un vacío o para comunicar cada uno de los lugares del planeta. El ser humano ya no, sólo habita lugares que le sobran por todas partes, una hora para moverse o un avión para dar un abrazo. Así que recreamos un pequeño mundo de juguete para manejarlo con manos de dioses, pequeñas mas…

Rutina

Llegué a casa tan cansada que tropecé con todo; la lavadora, la esquina de la mesa, la pared de detrás de la cama, tus palabras. Llegué tan cansada que tropecé con todo lo que tenía aristas, lo que no era ni suave ni blandito.

El tiempo

Ahora que no tengo tiempo me dio por darme cuenta de que la música no lo requería. Es algo tan ajeno al tiempo que puede ser disfrutada en las circunstancias más desfavorables, contra viento y marea y contra el cansancio de los ojos y las piernas. Curioso, la música que es la escultura sonora del tiempo y se ríe de él.
Pero no sólo escapa a ese tiempo cotidiano, sino también al tiempo que pasa, a los años que nos caen encima y nos vuelven menos traviesos (al menos a algunos de vosotros). El tiempo de la historia y la música también se ríe de este tiempo. Es como la doble articulación de la atemporalidad musical.
La música, como el teatro, necesita su doble. Una canción no es una gran canción hasta que no se hacen versiones de ella; entonces empieza a tomar forma propia, a descubrirse como generadora de sentido, de drama, de aspectos en los que su creador, si había pensado, lo había hecho inconscientemente.
Por tanto y para celebrarlo (últimamente se me ocurre celebrar un montón de cosas)…

OLFATO

Pelo ajos
pensando
en la capacidad que tiene la carne humana
para absorber olores
de todo tipo.
A ajo, por ejemplo
a nivea o perfume, a jabón para
las manos de los urinarios públicos.
A otras pieles
A sexo, a sangre de la que nace entre las piernas.

Y luego, mientras sigo pelando ajos, me pongo
a pensar en lo difícil que es deshacernos
-cuando se acaba el ajo, la comida
la visita al urinario público
o el sexo- del olor
que en la carne ha dejado la vida.

Onomástica

Sellaron tu destino
tu sino entre los hombres
poniéndote por nombre
un nombre para el mal.

Óscar Núñez, Tamar

Lo demás, me temo, carece de importancia. La misma importancia que sí tiene un nombre, repetido hasta la saciedad, hasta que tú misma te lo crees, hasta que no puedes hacer nada más que asentir y decir que de acuerdo, que ese el nombre de las cosas. Todo tiene un nombre, o al menos todo lo importante, mi gata Kirke, mi padre y mi madre sus nombres tan de antes, de cuando se ponían los nombres pensando en la virgen y todos los santos, tu nombre sin apellido, el mío impronunciable. Charo. Eva. Grace (o Graciela, según queráis). Adán. Henrique (no os olvidéis la H). Cora cuando era un gato para dos y Sonia cuando por fin nos conocimos. Sofía antes de conocernos. Ángela, Ángeles; todavía sueño con ellas.
Los nombres que sólo han existido en hojas de papel, en consignatarios de mensajes, en el dorso de postales. El nombre de un gorrión que sobrevivió dos días y que no sé por qué se acabó…

Felicidades

Nunca le gustaron los cumpleaños, así que no puedo decir que falte ninguna celebración. Es, como ya sabéis, otra clase de hueco. El tiempo de alguna manera se detuvo hace unos 5 años y hoy -exactamente hoy- a una parte del planeta le cuesta seguir adelante sin la otra parte, la que se quedó quieta irremediablemente.
Nunca hubo velas, así que hoy tampoco las habrá. Tal vez un capítulo de Embrujadas porque fue la última serie que vimos con ella, y porque la hermana mayor se les murió a las brujas casi al mismo tiempo que se nos murió la nuestra. Eso, una cena y un vino. Nada del otro mundo. Estamos en este mundo y es el día para hacer un brindis. No nos costará levantar la copa, eres una señora respetable por la que es bueno brindar. Un día, si todo sale bien, llegarás a una edad en la que sí que hubiera sido razonable morir.

Siesta

En el resquicio de cielo de mi ventana se ve el atardecer. No es ninguna tontería si consideramos que hacía millones de años que no veía el atardecer, muchísimo tiempo que no paraba el coche (y al conductor, por mucho que me empeñé todavía no conduzco) para ver el cielo enrojecido. Hoy estoy dormida, en mi cama, desnuda después de un baño caliente que evaporó el nombre de quien hoy me echó una sólo a medias merecida bronca. Dormida tras un fin de semana de exceso, todos los excesos posibles menos el alcohol y las drogas. Excesos difíciles de explicar, si nos ponemos. Consideremos un excesos como algo de lo que no te puedes desprender cuando vas a dormir (a no ser que haya un baño caliente de por medio) y será más fácil. Lunes de resaca del viernes, el mar me enseñó que la porquería siempre vuelve transformada en espuma, aunque por suerte también me enseñó que si tienes paciencia y mantienes de nuevo la limpieza ella misma se destruye.
El fin de semana me volví a sentar en el balcón com…

Mujeres

Guardo en un cajón pequeño no los recuerdos -esos los llevo puestos- sino todas las mujeres que no llegué a ser. Forman una bonita colección la francesa que nació en París y que creyó que París era el centro del mundo, la canaria que nació en canarias y que siempre quiso salir de una isla tan chiquita, la que casi nace en Barcelona, también la que se enamoró de un catalán por vez primera, sin pensar que los catalanes son seres que no se dejan amar y sin pensar tampoco en las consecuencias. Guardo a la que vivió una vida difícil pero no exenta de felicidad al lado de quien la creyó mejor de lo que era, a la mujer casada, a la madre de familia. Guardo, un poco desordenadas, a la que se quedó en Irlanda, a la que se quedó en París, a la que se quedó en todos los lugares en los que he vivido. Tengo, si te fijas, a la mujer que nunca bebió té y a la que se retiró a meditar a un lugar donde jamás la hubierais vuelto a ver. También guardo, aunque no sé si eso es muy bueno, a la mujer que no …

Reciclar

Recortaré la foto del carnet de la biblioteca Ste Geneviève -en realidad nunca lo usé- y lo pegaré en la cartilla de transportes. Guardaré la carte vitale, pediré que cierren mi cuenta de la Banque Postale y posiblemente me deshaga también del carnet del comedor del Marx Dormoy. Fuera sentimentalismos. Todo eso no me hace falta. Además, cuando reciclamos siempre hay algo que permanece de una forma a otra, es como la materia aristotélica. La materia, la forma, dar forma nueva a la materia vieja. No conservar lo inútil. Me doy órdenes sencillas para poder seguirlas. También me doy órdenes con otras voces para podeder creérmelas. Mi voz no sabe dar órdenes y yo no sé muy bien deshacerme de los recuerdos o las cosas inútiles. Por eso cambio mi voz, por eso cuando estoy con alguien a quien no conozco memorizo su voz, sueño con su voz, pienso a través de su voz hasta que todo vuelve a la normalidad o la normalidad cambia un poco en función de su cadencia.
Recortar la foto. Comprar el carnet …

Antonioni

Los planetas se alinearon una vez más, cuando fue necesario. Los planetas no hacen ningún movimiento superfluo y hay muertes que por nada del mundo pueden quedar aisladas, porque hay muertes que no son humanas, sino un apocalipsis o el anuncio de un final o un principio ("carismáticas", que diría una amiga). Por eso asistimos a este parto de genios que el mundo ya no podía contener, gemelos como son los dioses, asistimos a un fenómeno natural como la lluvia de estrellas o el eclipse. Durante unos momentos la tierra quedó a oscuras.

Cuando miro a mi alrededor pienso que el cielo -llámalo como quieras- está mejor poblado que la tierra.

Bergman

Yo que soy alma. Tú que buscas fresas salvajes. H. que danza con la muerte. S que fue doncella. G que juega al ajedrez con tipos extraños y peligrosos. Todos los que sentimos un Dies Irae retumbar en las paredes del mundo, no decimos adiós sino que traspasamos contigo los finos umbrales de la vida. Siempre hubo algo de otro mundo cuando veíamos tu cine, algo así como una comunión mística. Reconozcámoslo, tu cine no es de aquí, tu cine sólo lo pueden ver los muertos. Por eso te nombro desde ahora nuestro ángel de la guarda, de todos los que no estuvimos nunca completamente vivos.

Un día, con G y sólo con G veré Fanny y Alexandre. Nos lo debemos. Te lo debemos.
Una vida no bastará para pagar mis deudas. A ti te bastó para dejarnos a todos en deuda contigo.

Normas

Guardar la compostura. Casi como en misa. Levantarse. Doblarse haca adelante sólo cuando es preciso. Ser simpática. Sí, es parte de guardar la compostura. Hablar y sonrerir. Estar de acuerdo o no estarlo en un grado aceptable. "Eres aceptablemente rebelde". Usar la salida correcta, la entrada de servicio. Hay una gran lista de reglas que apenas conocemos, pero seremos severamente castigados si no las cumplimos. Es algo así como un "manual para señoritas" que no siempre se atreven a publicar (otras sí, otras empapelan paredes enteras con VI VALORES o avisan al empezar: compostura, decoro, puntualidad). Como dije, al cabo de un tiempo empiezan a parecerte lógicos y supongo que son necesarios.
Aire acondicionado. Parece mentira, pero el aire acondicionado es otra de las normas de conducta. El aire acondicionado no sirve para evitar un calor insoportable, sino para evitar otra cosa: el olor. Está prohibido oler en los lugares de trabajo. Es necesario que el contacto hum…

Normalidad

Lo que el primer día nos parecía absurdo, irracional e ilógico al tercero ya empezamos a verlo normal y dentro de un par de semanas creeremos que no hay otro mundo posible ni otra forma de hacer las cosas. Así es como empieza todo, el tercer día, cuando ya están formando parte de nuestras vidas. No el primer beso sino el beso de "adiós cariño" del tercer día como inicio de una costumbre ni los entierros sino al tercer día, cuando ves que el panadero sigue vendiendo pan como si nada hubiera ocurrido o la familia normaliza su rutina diaria o ya no es el tema de todas las conversaciones.
Esta mañana el tapón del frasco de colonia se estampó contra la uña de mi pié izquierdo. Un cerco de sangre acaparó mi atención el resto del día. Imposible evadirse de algo tan excepcional, mientras el resto del mundo parecía seguir su curso normal (sí, al tercer día ya es normal). Incluso me descubrí apretando un poquitín la uña como quien aprieta un diente flojo y siente un cierto placer en el…

Tip-ex

Tan fácil como eso y nadie se había tomado el trabajo de explicármelo. Nos hubiéramos ahorrado algún disgusto, bastantes pataletas y unos cuántos ¿Por qué? mordiendo el cojín si alguien hubiera tenido la delicadeza de decirme a tiempo que ser adulto se reduce a aprender a usar el tip-ex.
Y ya está, era sólo eso, por eso a los niños se les deja el tip-ex a regañadientes y advirtiendo de que cualquier abuso será penalizado. Por eso a los niños les gusta tanto jugar con él, es la misma razón que les impula a colocarse los zapatos de mamá frente al espejo. Y nadie dice nada "ya lo aprenderás por ti misma" Joder ¿entonces por qué se supone que eres tú quien me está educando?
Pues eso, aprender a tachar sin que se note cualquier error, aprender a escribir encima de nuestro primer impulso sincero una verdad sin excesos o una mentira aceptable. Aprender a renunciar a los tachones y estar tranquilo porque no hay nada que el tip-ex no pueda corregir. Saber que lo único que importa es la…

Inmortalidad

Quién lo iba a decir, que las rosas de papel fuesen eternas.

Disfraces S.N.

Todavía está
allá en lo alto
el sombrero rojo
de la semana negra.
En la noria amarilla
sobre la cabeza de la chica de colores.
Cada una un disfraz
una historia
un cuento para no-dormir
una vuelta más
para ver la playa
desde lo más alto del mundo.
Sube, sube, sube
sobre su cabeza mi sombrero rojo.
Bajo nuestros pies una ciudad pintada
con la tinta de una pluma gigante.

Entrevista

¿Por qué quiere un puesto como éste?
Pues verá, resulta que mi ilusión era estar en casa, ver películas a la noche, leer libros por la mañana, dar paseos y tomar té verde helado con menta; pero no encontré ninguna manera de que me pagaran por ello.

¿Cuál es su experiencia laboral?
Poca cosa, he intentado trabajar lo menos posible y no quedarme demasiado en ningún lugar.

¿Cuáles son sus expectativas personales? ¿Como se ve dentro de cinco años?
Pues verá, me veo en una casa en el campo, escuchando música y haciendo quesos y mermelada. Me veo organizando tertulias y llevando a cabo acciones subversivas para cambiar el mundo.
Ah, lo olvidaba, también me veo viviendo en un entorno desmonetarizado en donde todo se adquiera mediante trueques.

¿Conocía ya nuestra empresa?
Pues no, y la verdad es que cuanto más me cuente de ella menos me gustará quedarme aquí.

¿Le importa hacer horas extra no pagadas?
Como diría Bartleby: "Preferiría no hacerlo"

¿Cuáles son las cualidades que la hacen a usted …

Héroes

Menos dinero tengo todo lo que me hace falta, así que puedo decir que soy rica. Poco a poco me voy adaptando a esta ciudad, donde todos estamos lejos los unos de los otros, me acostumbro a las miradas de orgullo y a los yonquis de las callejuelas. Los policías, las putas, los asesinos, el ruido de la calle.
Dejé mis historias un poco antes de lo que vivo. No fue por pereza, sino porque las palabras justas a veces no se pueden o no se deben decir en un momento concreto y hay que esperar y entonces es mejor no decirlas nunca. Perdí muchos hábitos y gané diplomacia, perdí introspección y gané en movilidad. También están las reglas, y la firme solemne promesa de no hacer daño (a propósito, se entiende) por medio del cuerpo de letra 12 -uficiente daño hacemos ya- lo malo es que con esa clase de promesas las historias se resienten. Supongo que es hora de empezar otra vez, como en todas las semanas negras de la historia de mi vida.
La Semana Negra de antes de irme, la del Gran Adiós, y luego l…

Inmolación

El crimen es un ritual hermoso.
Matar y ser matado, como un juego excitante.
Como el sexo, en el que -si todo sale bien- algo se muere.
Juguemos a ser ellos, en esta ciudad alimentada por cadáveres
juguemos a atracar bancos, pues es la única manera de entender la sociedad en que vivimos.
Es, casi casi, la única forma de amarla.
Cantad todos conmigoBonnie and Clyde, Bonnie and Clyde

Y PERDÓN

Esta noche no podemos pedir otra cosa.


No tendremos hoguera, ni bosque, ni daga, ni sal, ni mar, ni fuego. No tendremos coronas de hiedra ni vestidos blancos. Esta vez no. Esta vez os dejo algo para recitar a medianoche. Estéis donde estéis, estaremos juntos.

"Con el aire, con el fuego, con el agua, con la tierra
con toda la magia de la noche de San Juan
y con toda la fuerza de nuestros corazones unidos, de nuestras manos unidas, de nuestros cantos unidos
te pedimos perdón por todo el daño,
por la especulación, por la construcción desmesurada, por el abuso atroz de tus recursos.
Confiamos en tu poder de sanación y te amamos, te respetamos y te tememos.
Cura todas tus heridas
Hiere a quien se alce contra ti
Que nuestro canto y nuestra danza cierren el ciclo de destrucción y renueven la tierra, el aire, el fuego, el agua
únicas y poderosas riquezas:
la tierra, el aire, el fuego, el agua
la tierra, el aire, el fuego, el agua
la tierra, el aire, el fuego, el agua"

(comienza el canto, el baile …

Gracias

A todos los que lo habéis hecho posible. A todos los que me prestasteis el vuestro. A la horchata, a las tostas.... pero, sobre todo, gracias a Virginia Woolf.

Mástil

Una casa en el borde del mar. Eso sueño, una casa y mi habitación a la que se accede por unas rocas en la orilla. Luego están las calles. Eso ya no es un sueño, las calles. Tenía un plano de París en la pared y coloreba las calles por las que iba pasando. Una ciudad entera y hubo calles que no pisé ni una vez. Las manchas amarillas de exploradora y los zapatos que huían, en aquella ciudad donde era tan sencillo esconderse, donde pueden pasar muchas cosas antes de que nadie te encuentre.
Pues bien, de nuevo coloreo calles de amarillo. Esta vez me pagan por explorar la zona (no mucho, por pasear nunca han pagado demasiado bien) y vuelvo a tener que salir de casa con la carpeta debajo del brazo. Fueron muchos años con una carpeta, agarrada a una carpeta, decorando carpetas, regalando carpetas, usando carpetas como escudo, escondiéndome detrás de carpetas... muchos años. Tantos que ahora salgo de casa más tranquila cuando empuño mi carpeta. Es como un mástil al que amarrarse cuando cantan …

La Buraka

Los versos se agazapan en los lugares más insólitos. Quién lo iba a pensar, sin que nada ocurriera previamente, sin una causa justa, estar aquí con todos. Ya veis, yo que no tuve valor para celebrarlo lejos de vosotras y todos ellos, con valor después de un par de copas (un par de días de copas). Este pueblo, estos bares como si siempre hubieran estado en otro lugar de mi memoria, el que apenas conocimos. Internet como por milagro, la sobriedad obstinada, los versos grandes de las niñas pequeñas, los versos pequeños de los señores grandes, un puñetazo en plena mandíbula y la continuidad, el final no anunciado, no dicho, no previsto... un final que ni siquiera existe.

Bautismo

No entiendo mis propios sueños. Cuando cierro los ojos aún no estoy dormida oigo voces que no reconozco, que me dicen frases al parecer muy importantes para ellos. Como si yo fuese un canal por el que pasan miles de vidas ajenas. Duermo para asimilarlas todas.

Salgo de casa. Estoy despierta. Juro que estoy despierta. Salgo de casa y llego a la plaza. Explosión. Caen de mi mochila el C.D. y un preservativo, artefactos imprescindibles para el amor moderno, tan necesitado de mecánica. Tuve que contenerme para no romper a reír a carcajadas. Pequeño bautismo y el disco de MÁQUINAS ROMÁNTICAS cayó al suelo, justo al lado de CONTROL ADAPTA FINO. Hermoso cuadro. Recoger todo, recoger el disco, el C.D., el preservativo. Recoger mi propio nombre. También en este país mi propio nombre.
No volver a casa. Seguir despierta.

Mi sombra

Yo a veces sigo a mi sombra... a veces, cuando no sé muy bien a dónde vamos o si estamos en un lugar concreto, firme, un lugar al que llegamos por un esfuerzo ímprobo o un lugar como por casualidad si es que el azar es un motivo. Entonces, por no quedarme quieta, sigo a mi sombra.
Lo hago paso a paso, repitiendo estrofas aprendidas hace miles de años, romances, tradiciones, ritmos repetitivos que me acompañan, que me acompañarán siempre.
No me culpéis si estoy callada, si parezco perdida. Mientras esté mi sombra conmigo nunca estaré perdida. Nunca estaré sola.

Y la poesía

No hay lugar para la poesía en vuestros corazones mezquinos e impuros no hay lugar para la poesía en vuestras casas con altares barrocos e imágenes vacías no hay lugar para la poesía en vuestras manos libres de cutículas y pellejos no hay lugar para la poesía en vuestras estanterías rebosantes de colecciones de quiosco no hay lugar para la poesía en vuestras miradas contaminadas de envidia y avaricia no hay lugar para la poesía en vuestros cuerpos alejados del deseo no hay lugar para la poesía en vuestras vidas sostenidas en una gran mentira a veces pienso, que apenas hay lugar para la poesía en este jodido mundo.
Graciela P. M. (Ha ganado usted una fotografía para su poema)

Tres grandes temas

El amor La muerte Las moscas

A la devira

Dos metros equivocados. La necesidad impenetrable de huir de alguna cosa. El control policial. Control amable. En mis bolsillos no hay droga ni billetes falsos ni propaganda de partidos políticos prohibidos.
Estaciones erroneas, ciudad desconocida. Siete meses y ciudad desconocida.
Abrumada por la belleza de Rodin. Dios tenía que parecerse en algo a Rodin, de eso estoy segura. Me fascinan los volúmenes, las caras. También las caras reales, en metros que no son de verdad, que no tendrían que estar allí.
Por qué me cuesta tanto llegar a casa...

Le oiseau

Cou cou, pájaro desplumado. Sube al armario para ver tu cara en el trocito de espejo que queda. Cuadrante de espejo, pájaro emplumado. No esperes más. Lánzate y volarás, desde lo alto del armario, como Dédalo. Dédalus moderno, francés, que mea en el sena y no en Dublín. Pájaro que tapa su cara para que no sepamos que es humano. Me amarás. Es tu castigo, amarme. Me amarás cuando te deje. Soy buena tejiendo venganzas para pequeños pájaros desplumado. Cou cou. ¿Estás listo? Jugaremos a un juego. Un juego que yo me sé. Tú en la esquina de un espejo. Yo yéndome por la puerta. Et voila c'est fini Te clavas el pico en las entrañas Las vísceras llenándolo todo de un color alucinante Rojo y alucinante, como una marea increíble. Tu cuarto estará impecable para entonces carente de todo pecado. Im-pe-ca-ble

Ilusion

Hago recuento de las canciones que me sé, de las recetas que puedo hacer, de los libros que me quedan por leer y de los que ya he leido, de los poemas que alguna vez cambiaron mi vida, de los amigos que he perdido, de los amigos que me han perdido a mi. Vuelvo a repetir los versos que me aprendi de memoria, repaso las casas en las que he vivido y luego aquellas en las que sigo viviendo. Pienso que sé muchas cosas, todas las que estudié y también las que sigo recordando. Pienso que sé todo lo que he enseñado, que sé elegir, pienso en los pasos de baile que, con un poco de práctica, sería capaz de repetir. Recuerdo los paises de mis fotografias y los rostros de mis fotografias y los disfraces de mis fotografias. Pienso en los estribillos de canciones que nunca llegué a saberme pero que vienen una y otra vez... rendez-vous a Brasilia.... y me repantingo en los asientos del RER (en los del metro no es posible) y pienso en la sabiduría como antiguamente, como una enorme habitación llena de…

2 C

Llegó Kamelia con un regalo que parecía un caramelo gigante. "No tienen ganas de trabajar" dijo C. mirándome de lado y me despidieron así, con un regalo lleno de perfumes, con un regalo de todas las partes del mundo que me servirá para ir a todos los lugares imaginables, donde los hombres hayan puesto el pie alguna vez.
Gominolas y galletas, coca cola. Me recordó las despedidas de fin de curso, en donde era imposible transformar el aula en una sala de fiestas. Pequeña violación de un espacio, así que los invité. Por una vez los niños podrán pisar este jardín. Por una vez y sin que sirva de precedente. Gracias por todo, adiós y bienvenidos.

Paréntesis

He mirado mi reflejo -no todo, un trocito- en la taza de té. Té dorado. Cachos de cara con bordes suaves, iluminados, los ojos muy brillantes. El té tiene esa cualidad, la de volver brillantes los objetos y los ojos (los ojos que no son objetos, en contra de lo que pudieran pensar). El humo me calienta la nariz cuando soplo y se forman pequeñas ondas que hacen temblar mi cara en la superficie de la taza.
Si cierro los ojos estaré dentro. Si cierro los ojos estaré dentro. Beber no es sólo introducir té dentro de ti, sino también introducirte tú dentro de la infusión. Un momento de quietud, unos minutos que no existen. Paz.

(Rue de Levis, esquina con Rue de Legendre)

El Ciento

Je comprends, bien sur que je comprends.
Mais tu me manques.

bon nuit

Ahora que ya no estás (quién me iba a decir que en tan sólo 10 días me iba a acostumbrar a tenerte al lado), Olivia Ruiz me parece un final adecuado para el día. Y una calada a tu cigarro. Y un par de cuentos de buenas noches.

Resistencia

Los objetos son algo más que simples cosas. No son sólo condensaciones de materia de la realidad, sino también condensadores de significado. Proyectamos en ellos nuestras frustraciones, pero sobre todo nuestros deseos. Eso es, los objetos son grandes condensadores de deseos. Arrojamos en ellos todas las ansias hasta conseguir algo sólido y concreto. Por eso son tan importantes, porque son la manera más primitiva de hacer concreto lo abstracto. "Catalizadores" se llaman en teoría literaria, y la vida no era tan diferente a las novelas. No es igual, por supuesto, eso ya dejamos de pensarlo en el momento en que nos hicimos adultos, pero sus reglas tienen bastante que ver con las de la justicia poética.
Por eso, porque son importantes los objetos, dejé a Youssef que abriera la puerta de su casa. Yo le daba las llaves y él abría. Un par de días y luego él ya reclamó las llaves como si tuviera derecho. Para que el chantaje funcionara él sabía que tenía que hacerme prometer que se l…

El perfume

Yo estaba vulnerable porque había descubierto que no se puede sobrevivir sólo con unos tangos y que un cielo no era suficiente y que hacían falta tantas cosas que no sabía por dónde empezar. También estaba vulnerable porque no tenía ningún olor que existiera antes de mí o a la vez que mi piel. Había dejado lejos los frascos de colores y aún más lejos los olores tan lejanos como lo que está al otro lado de las montañas.
Me preguntó papá que qué perfume de hombre me gustaba. Al final se lo regalé, porque los perfumes no son un nombre y hubiera sido absurdo dejarle una hoja de papel escrito en lugar de un olor. El caso es que me gusta comprar perfumes en los aeropuertos, como a la chica a la que me encontré en el viaje de ida le gustaba compar libros. Decía que podía escribir un nombre de aeropuerto en cada uno de sus libros. Desde hace algún tiempo yo puedo escribir el nombre de un aeropuerto en cada frasco de perfume. Los perfumes los uso hasta que un día ya no puedo volver a hacerlo, p…

restauración

Ya estás de vuelta. Volver de la isla es volver en serio. Me pasé 16 años de mi vida regresando de la isla. Esa es la manera de volver. Nunca fue fácil la despedida. Un cuello hinchado, una inyección, una noche en la que creo que no dormí, sino que me morí para resucitar al día siguiente. El cuello bien, trocitos de piel despegados. Un adiós.
Papá estaba más joven cuando me marché. Como si de repente supiera qué hacía ahí o fue porque yo era una niña, porque estaba otra vez en las calles de la infancia, el colegio de la infancia, las amigas de siempre(en la isla todo permanece) y las viejas me miraban cuando salía de casa y el pueblo olía a verano. Ese olor. Ese mar. El cielo por las noches. Las estrellas. Las cuevas. Lo recordaba todo. Absolutamente todo. Cada piedra del camino, cada perro famélico, cada vestido negro. Ellos también me recordaban a mí, incluso aquello que yo había olvidado. Es lo que tiene, la isla, lo guarda todo. Con el calor se conservan mejor las cosas.
Allí está l…

Mi patota

Manía que tiene el tango de hablar de lo perdido. Manía que tengo de la nostalgia. Miro afuera y os extraño, como si hubiéramos sido una panda de salvajes y yo ahora estoy en la parte más civilizada del mundo, en aquella que sí está dentro del nuevo-orden. Todavía quizá somos unas cuantas salvajes que quedábamos en las plazas para confesarnos, en los ríos para desnudarnos, en los bares para hacer el pino puente. Con tanto miedo como valor, sabíamos que cada momento era irrepetible. Pero no sólo era irrepetible para nosotras, era un momento irrepetible en el universo entero, uno de esos que suceden una vez en la historia de la humanidad. Algo que sólo ocurría ahí, que sólo podíamos llevar a cabo con un escrupuloso ritual. Nuestras miradas a veces fueron como puñetazos y nuestras palabras como puñales. Ese era nuestro baile. Este es nuestro baile.

Montmartre

Los niños juegan entre los cristales rotos con una pelota blandita. Contraposición entre lo suave y lo agudo, lo que está lleno de aristas y guarda (quizá ellos no lo ignoren) la rabia de las borracheras pasadas.
Los niños tiene una curiosa facilidad para saltar por encima de las cosas que cortan, también de hacerse heridas y de sangrar. Sangrar un poco. Seguir jugando. La mercromina no interrumpe nada. Continua lo rojo y continúa el juego.
Hay un atisbo de inocencia entre los cristales rotos, como si ya estuvieran liberados de su carácter brutal, de su estallido. Las historias de los patios traseros cambian a cada minuto, a cada luz diferente, a cada vuelta de tuerca.

Hoy es un día de viento. 130 km por hora. El cementerio está cerrado. Se ven las aspas del molino y los niños juegan entre los cristales rotos.

Traducción

Para Adela, porque ella me da las semillas para nuestro jardín.

HENRY LEE
Baja, baja conmigo
Pequeño Henry Lee
Y pásate la noche a mi lado
No vas a encontrar
En todo este cochino mundo
Mujer que se pueda comparar conmigo
Y el viento aulló y el viento sopló
Lalalalala
Lalalalali
Un pajarillo se posó en Henry Lee

No puedo bajar
Y no voy a bajar
Y pasarme la noche contigo
Porque la chica que tengo
En aquella bendita tierra verda
La quiero muchísmo más que a ti
Y el viendo aulló y el viento sopló
Lalalalalala
Lalalalali
Un pajarillo se posó en Henry Lee

Ella se apoyó contra una cerca
Tan sólo por un beso o dos
Y con un pequeño puñal escondido en su mano
Se lo clavó dentro y más adentro
Y el viento se quejó y el viento rugió
Lalalalala
Lalalalali
Un pajarillo se posó en Henry Lee

Vamos, cogedlo por sus manos mórbidas
Cogedlo por sus pies
Y lanzadlo en este hoyo profundo
Más profundo de cien pies
Y el viento aulló y el viento sopló
Lalalala
Lalalali
Un pajarillo se posó en Henry Lee

Yace ahí, Yace ahí, pequeño Henry Lee
Hasta qu…

L'amour

No sé si será la única vez que haga esto. Supongo que no, que eso es lo que ocurre con las excepciones, que acaban por convertirse en la primera vez de algo que no habías hecho hasta ese momento. Para bien o para mal, ha nacido en el jardín una nueva especie.

Equivalencias

Todo juguete puede transformarse en arma

Y sin embargo
nadie, nuca
me había dicho
que

Toda arma puede transformarse en juguete

y que esa
transformación
es mucho
muchísimo
más sencilla

Dernier jour

Último día en el que se permite fumar en las escuelas. Es decir, último día de la sala de fumadores.
Había guardado una cajetilla de Malboro en mi mochila para la ocasión, para celebrar que nunca más me iba a tener que tragar su humo. Iba a fumar mi primer y último cigarrillo en esa sala. Era mi pequeña celebración después de que todas las reuniones se hicieran ahí, después de los días sazonados con humo.
Luego decidí que no. Esta vez no iba a fumar. He fumado pocos cigarros en mi vida. En realidad nunca trago el humo y si he fumado ha sido por imperativos superiores. Sólo he fumado con Paco, con Pepa y con Ella y ha sido porque era la única forma de entenderlos, de hablar con ellos. Fumar como ellos fumaban, pensar como ellos pensaban. Fumar como reflejo de ellos y fumar para poder estar con ellos.
Pero por nadie más haría el sacrificio. Ni por ti, ni por mi padre, ni por nadie. Menos por las tres profesoras de español del Liceo Marx Dormoy, en Champigny.
No hubo celebración, ni ritual, …

¿Le gusta?

No he dejado de escribir. Nunca he dejado de escribir. No me lees porque la tinta es invisible o porque el agua cayo y lo borro todo o porque hacia frio y se te congelaron las pupilas.
Tambien puede ser que nunca, en toda tu vida -en toda nuestra vida- hayas leido una sola palabra de lo que te puse delante de los ojos, esperando tu veredicto, tu aprobacion, tu permiso para seguir o tu orden de que me detuviera.
Escribi siempre, sobre la arena, sobre las piedras, sobre el agua, sobre las fotografias, sobre la musica. Escribi para poder decirte todo lo que no querias oir, para tratar los temas que no se podian tratar, que daban vergüenza o miedo (el miedo que no es mas que otro modo de vergüenza). Escribi antes de nacer, con manos que no eran mias y palabras que ya no utilizo. Escribi en otro idioma, con otra musica. Escribi los versos medidos por silabas y luego los versos con rima y por fin escribi todo seguido porque era la unica manera de decirtelo todo.
Ahora ya no me lees porque ah…

encierro

Me ha llamado papá. Son las diez menos cuarto. No he salido de casa en todo el día. Esta mañana me ha pasado una cosa curiosísima. Ni siquiera había amanecido y empecé a sangrar a borbotones. Fue después de una semana bastante cansada, demasiado llena de cosas diferentes. Fue extraño. La regla me suele venir poco a poco, demorándose unas cuantas horas hasta el gran estallido. Esta vez fue inmediato. Me quedé en casa todo el día. Me dio miedo salir y quedarme pálida y desmayarme en medio de la calle. Me dio miedo no tener hoy suficiente presencia de ánimo y me dio miedo mirar al río y desaparecer en él. Una nunca sabe lo que va a suceder los días así, los días de luna llena o de sueños vívido o los días en los que empiezas a sangrar de repente, como si tu cuerpo tuviera prisa por expulsarlo todo lo antes posible. Hicimos la comida, vimos una película. Pedí que me llevaran al fin del mundo. Otra vez a un lugar nuevo, donde poder decir "soy española" sin que se me caiga la cara …

A la recherche du temps perdu

Perdóname, amor mío, esta tarde no puedo ir a verte. No sé si lo entenderás o si habrá algo que se rompa y te duela, como duelen las cosas cuando por fin se rompen. Sea como sea esta tarde tengo cosas que hacer, cosas importantes, cosas que van a hacer del mundo un lugar mejor. Por eso no voy a verte. Juro que no es una excusa, ni una broma (jamás bromearía con algo así).
Por eso pido tu comprensión y tu paciencia, tu gratitud por todos los días en los que sí que he ido, religiosamente. Hoy ya no tengo tiempo. Me he llenado de citas importantes, es preciso que vaya al cementerio a cambiar el agua a los crisantemos y a colocar trocitos de vídrio azul dentro de un corazón. Es algo fundamental, alguien tiene que hacerlo y ambos sabemos que ese alguien voy a ser yo. Son ese tipo de cosas pequeñas de las que nos encargamos las mujeres; arreglamos todo lo que es insignificante, lo que parece que se hace sólo. Hemos aprendido durante años a ser invisibles, a realizar invisiblemente todas las …

Mourir pour les idées

De acuerdo, pero ¿cuáles?

Pereza

En un segundo recordé el tiempo en el que era absolutamente necesario dormir y despertarse pronto. Lo hice con los pies fríos y el humo todavía en la habitación -una habitación tan familiar y extraña- y duró eso, un segundo. No más. En seguida me acurruqué debajo de las sábanas y dormí como si no me quedara otra salida.
Era la mañana de reyes. La desilusión no era mayor que la pereza. No recorrimos la casa ni fuimos a despertar a mamá y papá. No empezamos a escuchar la montaña de cedés que nos dejaba mamá cuando ya éramos mayores y no sabía qué regalarnos, ni buscamos la carta de papá haciéndose pasar por los Reyes Magos. No hubo nada de eso, ni sorpresas, ni desencanto, ni los vasos de ron vacíos sobre la mesa, ni el viaje en coche para ir a ver a la abuela. Sólo un montón de sueño acumulado durante días y la posibilidad de una mañana entera en la cama y de una bandeja con la comida.
Habían cambiado muchas cosas, es cierto, pero poco a poco, casi imperceptiblemente, día a día. Me falta…

Regreso

No es la falta de aire ni el gris ni siquiera las cosas, las montañas de cosas que seguían existiendo.
El regreso es contar historias, es tener por fin a quién contar historias a media luz o media sonrisa o media jarra de cerveza y no tener que terminar las frases para que lo entiendan todo, para que esté diáfano y cristalino.
Tanto quise volver como ahora quiero irme, a caballo entre dos lugares que no se entienden, que no podrían convivir, pero que se sueñan uno a otro.
He cosido el pasado lo mejor que sé. Los años te enseñan a no dejar las cosas rotas. Coserlas o tirarlas a la basura, tú decides, pero es imposible dejarlas rotas. Es ya bastante difícil vivir con todo entero y no nos podemos permitir más desgarros.
¿Serenidad? No tanto. Sólo una cierta conciencia, un dejar todo en su sitio y el gato que estaba ahí y los niños perdidos que siguen inventándose cada día un lugar habitable.