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Pereza

En un segundo recordé el tiempo en el que era absolutamente necesario dormir y despertarse pronto. Lo hice con los pies fríos y el humo todavía en la habitación -una habitación tan familiar y extraña- y duró eso, un segundo. No más. En seguida me acurruqué debajo de las sábanas y dormí como si no me quedara otra salida.
Era la mañana de reyes. La desilusión no era mayor que la pereza. No recorrimos la casa ni fuimos a despertar a mamá y papá. No empezamos a escuchar la montaña de cedés que nos dejaba mamá cuando ya éramos mayores y no sabía qué regalarnos, ni buscamos la carta de papá haciéndose pasar por los Reyes Magos. No hubo nada de eso, ni sorpresas, ni desencanto, ni los vasos de ron vacíos sobre la mesa, ni el viaje en coche para ir a ver a la abuela. Sólo un montón de sueño acumulado durante días y la posibilidad de una mañana entera en la cama y de una bandeja con la comida.
Habían cambiado muchas cosas, es cierto, pero poco a poco, casi imperceptiblemente, día a día. Me faltaba la ilusión del milagro, de que se transformara todo en una sola noche y el mundo de repente se hiciera más hermoso, más amable, más suave. Sí, el mundo ya era un poco más suave por la noche y por la mañana sólo quedaban los restos de la pereza, como envoltorios de regalos acumulados a los pies de la cama. Siempre odié que los regalos de reyes vinieran envueltos. Me gustaba cuando mamá los abría y los dejaba colocados en los lugares más inversosímiles como si hubieran caído allí por arte de magia.
Quedaban los papeles de regalo y sin embargo el mundo me acogió como si no hubiera sido mala el resto del año, o como si en un último acto de piedad el mundo me hubiera perdonado y me dejara dormir, sumida en lo blandito.

Comentarios

Azena ha dicho que…
a mí tampoco me gusta que los regalos de reyes vengan envueltos. y también echo de menos que mamá los deje por todos los rincones como si hubiera venido un hada y los hubiera dejado caer. yo también echo de menos esas mañanas de reyes... ahora ya somos mayores. he pensado una cosa. una etapa no ha pasado hasta que la echas de menos. ¿qué te parece?

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