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Mostrando entradas de agosto, 2007

Onomástica

Sellaron tu destino
tu sino entre los hombres
poniéndote por nombre
un nombre para el mal.

Óscar Núñez, Tamar

Lo demás, me temo, carece de importancia. La misma importancia que sí tiene un nombre, repetido hasta la saciedad, hasta que tú misma te lo crees, hasta que no puedes hacer nada más que asentir y decir que de acuerdo, que ese el nombre de las cosas. Todo tiene un nombre, o al menos todo lo importante, mi gata Kirke, mi padre y mi madre sus nombres tan de antes, de cuando se ponían los nombres pensando en la virgen y todos los santos, tu nombre sin apellido, el mío impronunciable. Charo. Eva. Grace (o Graciela, según queráis). Adán. Henrique (no os olvidéis la H). Cora cuando era un gato para dos y Sonia cuando por fin nos conocimos. Sofía antes de conocernos. Ángela, Ángeles; todavía sueño con ellas.
Los nombres que sólo han existido en hojas de papel, en consignatarios de mensajes, en el dorso de postales. El nombre de un gorrión que sobrevivió dos días y que no sé por qué se acabó…

Felicidades

Nunca le gustaron los cumpleaños, así que no puedo decir que falte ninguna celebración. Es, como ya sabéis, otra clase de hueco. El tiempo de alguna manera se detuvo hace unos 5 años y hoy -exactamente hoy- a una parte del planeta le cuesta seguir adelante sin la otra parte, la que se quedó quieta irremediablemente.
Nunca hubo velas, así que hoy tampoco las habrá. Tal vez un capítulo de Embrujadas porque fue la última serie que vimos con ella, y porque la hermana mayor se les murió a las brujas casi al mismo tiempo que se nos murió la nuestra. Eso, una cena y un vino. Nada del otro mundo. Estamos en este mundo y es el día para hacer un brindis. No nos costará levantar la copa, eres una señora respetable por la que es bueno brindar. Un día, si todo sale bien, llegarás a una edad en la que sí que hubiera sido razonable morir.

Siesta

En el resquicio de cielo de mi ventana se ve el atardecer. No es ninguna tontería si consideramos que hacía millones de años que no veía el atardecer, muchísimo tiempo que no paraba el coche (y al conductor, por mucho que me empeñé todavía no conduzco) para ver el cielo enrojecido. Hoy estoy dormida, en mi cama, desnuda después de un baño caliente que evaporó el nombre de quien hoy me echó una sólo a medias merecida bronca. Dormida tras un fin de semana de exceso, todos los excesos posibles menos el alcohol y las drogas. Excesos difíciles de explicar, si nos ponemos. Consideremos un excesos como algo de lo que no te puedes desprender cuando vas a dormir (a no ser que haya un baño caliente de por medio) y será más fácil. Lunes de resaca del viernes, el mar me enseñó que la porquería siempre vuelve transformada en espuma, aunque por suerte también me enseñó que si tienes paciencia y mantienes de nuevo la limpieza ella misma se destruye.
El fin de semana me volví a sentar en el balcón com…

Mujeres

Guardo en un cajón pequeño no los recuerdos -esos los llevo puestos- sino todas las mujeres que no llegué a ser. Forman una bonita colección la francesa que nació en París y que creyó que París era el centro del mundo, la canaria que nació en canarias y que siempre quiso salir de una isla tan chiquita, la que casi nace en Barcelona, también la que se enamoró de un catalán por vez primera, sin pensar que los catalanes son seres que no se dejan amar y sin pensar tampoco en las consecuencias. Guardo a la que vivió una vida difícil pero no exenta de felicidad al lado de quien la creyó mejor de lo que era, a la mujer casada, a la madre de familia. Guardo, un poco desordenadas, a la que se quedó en Irlanda, a la que se quedó en París, a la que se quedó en todos los lugares en los que he vivido. Tengo, si te fijas, a la mujer que nunca bebió té y a la que se retiró a meditar a un lugar donde jamás la hubierais vuelto a ver. También guardo, aunque no sé si eso es muy bueno, a la mujer que no …

Reciclar

Recortaré la foto del carnet de la biblioteca Ste Geneviève -en realidad nunca lo usé- y lo pegaré en la cartilla de transportes. Guardaré la carte vitale, pediré que cierren mi cuenta de la Banque Postale y posiblemente me deshaga también del carnet del comedor del Marx Dormoy. Fuera sentimentalismos. Todo eso no me hace falta. Además, cuando reciclamos siempre hay algo que permanece de una forma a otra, es como la materia aristotélica. La materia, la forma, dar forma nueva a la materia vieja. No conservar lo inútil. Me doy órdenes sencillas para poder seguirlas. También me doy órdenes con otras voces para podeder creérmelas. Mi voz no sabe dar órdenes y yo no sé muy bien deshacerme de los recuerdos o las cosas inútiles. Por eso cambio mi voz, por eso cuando estoy con alguien a quien no conozco memorizo su voz, sueño con su voz, pienso a través de su voz hasta que todo vuelve a la normalidad o la normalidad cambia un poco en función de su cadencia.
Recortar la foto. Comprar el carnet …