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Onomástica

Sellaron tu destino
tu sino entre los hombres
poniéndote por nombre
un nombre para el mal.

Óscar Núñez, Tamar

Lo demás, me temo, carece de importancia. La misma importancia que sí tiene un nombre, repetido hasta la saciedad, hasta que tú misma te lo crees, hasta que no puedes hacer nada más que asentir y decir que de acuerdo, que ese el nombre de las cosas. Todo tiene un nombre, o al menos todo lo importante, mi gata Kirke, mi padre y mi madre sus nombres tan de antes, de cuando se ponían los nombres pensando en la virgen y todos los santos, tu nombre sin apellido, el mío impronunciable. Charo. Eva. Grace (o Graciela, según queráis). Adán. Henrique (no os olvidéis la H). Cora cuando era un gato para dos y Sonia cuando por fin nos conocimos. Sofía antes de conocernos. Ángela, Ángeles; todavía sueño con ellas.
Los nombres que sólo han existido en hojas de papel, en consignatarios de mensajes, en el dorso de postales. El nombre de un gorrión que sobrevivió dos días y que no sé por qué se acabó llamando Bunbury. Bunbury, el de "y aún tuvieras intacto tu corazón". El nombre del psicomago que me hizo pasear por los Campos Eliseos pintada de fulana pidiendo amor y guerra.
Son casi como destinos. El nombre secreto de Dios y el nombre de Dios que puedes maldecir. Cada uno de nuestros propios nombres, también destinos de una raza entera de hombres y mujeres que levantaron la frente, que la levantarán cuando esos nombres se hayan borrado (ya nadie entierra a sus muertos. Desaparecerán nuestras cenizas en los lavabos públicos).
Son en sí mismos un pequeño homenaje a cada ser viviente, a cada ser muriente, cuando por arte de magia se materializa delante de nosotros al pronunciar su nombre. O nos mira. O mueve la cabeza. O no hace nada y simplemente escucha. Es eso. Un nombre siempre escucha. Por eso a veces pronuncio vuestros nombres, uno a uno. La primera vez me parece imposible que sea tan fácil, que una sola palabra mueva todos los músculos de un ser humano, y la pronuncio despacio, bajo, sin esperar contestación. Luego poco a poco se mezcla el nombre con la carne y entrelazo las sílabas con hilos invisibles. Por fin los puedo decir sin miedo, y os llamo cuando estoy sola, pequeñas divinidades de esta tierra vacía de sentido, y es cuando el mundo gira por cada uno, ya no seres sino palabras, palabras incendiadas de un fuego más antiguo que la vida.

Comentarios

Pamela Bram ha dicho que…
dejo mi huella
Dragonfly Nightmare ha dicho que…
y qué pasa con los que tienen la suerte de tener dos, dos nombres. Y si pudieramos tener todos los que nos hicieran falta, cuando los necesitásemos....existiría alguien capaz de llamarnos por el que corresponda a cada momento?
Egan Eder ha dicho que…
Cuando tienes varios nombres, a veces, ni uno mismo es capaz de llamarse por el adecuado.
Anónimo ha dicho que…
ah... bellisimo...en la palabra rosa está la rosa y todo el río nilo en la palabra nilo (borges) y el golem que se encarna,se vivifica cuando la palabra se inscirbe sobre su protocuerpo de barro... sí, por eso no dejaban pronunicar el nombre de dios en vano en tiempos en los que a la gente se la enterrabam ahora... decirle si no al agua.., cambia su estructura, su esencia como la de la comida cuando se la habla, se la "ben-dice". Ah tú si que sabes. charo: sibisse
Ella ha dicho que…
Cuando por fin nos conocimos.

Vuelve la calma, se aleja la realidad -la relación es evidente- y procuro expulsar toda intoxicación de mi mundo.
Te echo tanto de menos...

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