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Siesta

En el resquicio de cielo de mi ventana se ve el atardecer. No es ninguna tontería si consideramos que hacía millones de años que no veía el atardecer, muchísimo tiempo que no paraba el coche (y al conductor, por mucho que me empeñé todavía no conduzco) para ver el cielo enrojecido. Hoy estoy dormida, en mi cama, desnuda después de un baño caliente que evaporó el nombre de quien hoy me echó una sólo a medias merecida bronca. Dormida tras un fin de semana de exceso, todos los excesos posibles menos el alcohol y las drogas. Excesos difíciles de explicar, si nos ponemos. Consideremos un excesos como algo de lo que no te puedes desprender cuando vas a dormir (a no ser que haya un baño caliente de por medio) y será más fácil. Lunes de resaca del viernes, el mar me enseñó que la porquería siempre vuelve transformada en espuma, aunque por suerte también me enseñó que si tienes paciencia y mantienes de nuevo la limpieza ella misma se destruye.
El fin de semana me volví a sentar en el balcón como en los viejos tiempos en que estaba en esta casa de vacaciones y me concentraba tan sólo en el humo que salía de la taza de té. Sé que algo ha cambiado desde entonces, pero también sé que algo ha vuelto. Quizá el cuerpo que ya no es un enemigo, quizá el color que se intentó suicidar desde un segundo piso -todas mis acuarelas bajo las ruedas de un coche, como los gatos- o fueron las postales que volvían a brotar de mis manos sin forzar ni una sola línea.
El muñeco que marca los objetivos en la vida volvió a la línea de salida. Es un buen momento para el deporte, aunque yo no vea el deporte ni en los malos ni en los buenos momentos. Mi muñeco es un deportista. Se intenta superar día a día, bate sus mejores marcas. El muñeco que está sobre mi cama trepa por dos cuerdas con una sonrisa de arcano mayor. Vuelve al principio, consigue el más difícil todavía. Yo duermo. Ya no hay luz. La música suena lo bastante suave. El timbre de la puerta es una cajita de música con El Puente Sobre el Río Kwai. Ahora no soy imperturbable, pero al menos estoy tranquila. Se está bien aquí dentro.

Comentarios

Atala ha dicho que…
Gracias por dejar tu huella.
Seguiré tu consejo y tendré cuidado de los marineros que llevan irremediablemente a la destrucción.
Por un momento, por un sueño..sentí que podría llegar a ser amada, querida..de verdad.
Un amor real, diario, rutinario, pero un amor al fin y al cabo..algo por lo que luchar en la vida, una de las cosas por las que merecen la pena luchar.
Me equivoqué de nuevo,estaba ahí, estuvo ahí todo el tiempo y no quise ver las claras señales.
Ahora y aquí me quedo, sin ganas de desear, sin ganas de amar, sin ganas de intentarlo.
Ya no entiendo nada, ni se nada..
ya no siento nada, más que pena


Me gusta que alguien deje cualquier comentario, en cualquier texto o foto, no sólo en la última, en lo que guste o apetezca.


Gracias, un saludo muy grande!
El Otro ha dicho que…
Me ha gustado. He buscado algo original que decir pero no estaría a la altura.

El Otro

Nota mental: Leerte con más frecuencia.
Azena ha dicho que…
Al otro lado de la puerta de haikus también se está bien. Me gusta que estés en casa...

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