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MARCAPASOS

Era un día de esos en los que me enfadaba con mamá y salía de casa a que se me pasara el cabreo. La playa de San Lorenzo es infalible para la autocompasión y la melancolía, un lugar que siempre incita al intento de suicidio, al paso hacia el abandono o la venganza (siempre pensé en el suicidio como una venganza). Salí de casa con el caset y la cinta que J. acababa de grabarme: Horacio Guaraní. J. es un tipo de fiar, sobre todo en sus recomendaciones.
Salir de casa con el caset y los cascos era todo un acto de rabia y aislamiento. Casi nunca lo hacía, la música entorpece el ritmo de las ciudades e impide escuchar conversaciones ajenas. Aquella vez era única, ir a escuchar a Horacio Guaraní junto al mar y con rabia.
Recuerdo que pensé que Puerto de Santa Cruz tenía la misma música que el agua, idéntico ritmo del océano. Se fundieron en una especie de milagro o síndrome de Stendhal y me bebí al mismo tiempo la boca azul, las olas, la noche, la soledad y la voz del argentino.
Luego Amada Mía y los viajes en Alsa de vuelta a casa.
Luego el sielencio.
Hoy llevo un marcapasos enganchado encima del corazón. Es de color rosa y a veces lo miran con extrañeza. Es raro ver a una chica tan joven con marcapasos y se preguntan cuándo fue que empezó a fallarme el corazón y necesité de ese pequeño aparatito. Mi marcapasos tiene un botón para escuchar música (ya veis, los marcapasos no son lo que eran) y le engancho los cascos. No son los cascos de olvidarme del mundo, llenarme de autocompasión, melancolía y soledad. Son distintos. Son los cascos de todos los días, los que se han convertido en parte de la rutina, los que saco nada más entrar en el metro y enrosco en cuanto me siento en la oficina.
Mi marcapasos no es el caset, no tiene su encanto ni pesa ni resulta del todo ajeno a mi cuerpo. Al presionar el marcapsos presiono también una de mis costillas. Encima del pecho. Encima del corazón.
Ya no me enfado con mamá ni acaricio las cintas de los casetes y es un poco triste que necesite un marcapasos para que no se me pare el corazón, pero después de todo las cosas no han cambiado. Dentro de Horacio Guaraní, como dentro de las caracolas, sigue sonando el mar.

Comentarios

Jenny jirones ha dicho que…
Chiquilla, deberían recetarte para empezar las mañanas -y poner en las contraindicicaciones que dejas el sentir revuelto durante todo el día.
Miss u.
Dragonfly Nightmare ha dicho que…
El fin de la bateria será la venganza del marcapasos...
a-escena ha dicho que…
Cuánto me gusta cómo escribes.
Todos necesitamos un marcapasos, se llame como se llame.
Anónimo ha dicho que…
llevas marcapasos de verdad o es una metáfora?
Anónimo ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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