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Más dura será la caída

Dios tenía un ángel favorito. Eso no está bien, porque Dios es justo (o debería serlo) y no estaba bien que prefiriera un ángel a los otros. Pero qué le vamos a hacer, era inevitable. No había más que verlo, el pelo negro que contrastaba con el resto de ángeles de facciones aniñadas y cabelleras rubias, sus rasgos tan masculinos aunque careciera de sexo igual que sus congéneres.
No era amor sin embargo, lo que sentía Dios por Lucifer -así se llamaba el ángel- sino orgullo. Orgullo por ser el creador de algo tan bello, tan perfecto, y sobre todo orgullo porque Dios sabía que Lucifer tenía algo más de lo que Él mismo le había dado. No era su cuerpo o sus alas que relucían al sol, tampoco su voz profunda, pero sí sus ojos, más vivos, más abiertos de lo habitual. Lo que Dios no había creado era el amor que Lucifer le profesaba. Nunca nadie, ni ángel ni humano, le rezó con mayor fervor. Nunca nadie logró tal perfección en las acciones. Nunca nadie le había demostrado hasta dónde se podía ser hermoso.
Lucifer había roto todos los límites, todas las espectativas. Era algo más que un hijo para Dios. El único de todos los ángeles que se le podía equiparar, el único ante el que podía dejar de ser todopoderoso y admitir sus errores.
Hablaban a menudo de esos errores, de que el mundo no era perfecto y que los seres humanos estaban llenos de maldad. Dios había puesto demasiadas esperanzas en creaciones imperfectas y libres, que pronto crearían su propia organización y se olvidarían de Él. Lucifer estaba realmente preocupado por esto, de tal ilimitada manera amaba a su señor. Qué podía hacer él, pobre siervo sin poder ninguno, si el Bien no aparecía por sí solo entre hombres y mujeres.

Necesitarían un lugar, un contrapunto al cielo, a la bondad y a la promesa de una vida eterna llena de amor y reconocimiento. Ambos lo sabían. Ninguno se atrevía a pronunciarlo delante del otro, pues admitir un fracaso de Dios era como admitir que toda la creación partía de bases erróneas y que era, por lo tanto, una tremenda equivocación.
¿Cómo iban a admitir un lugar horrible, lleno de torturas y miedos y demonios en este universo que parecía perfecto? Y un problema aún mayor ¿a quién se le podría encargar la tarea, sucia y brutal tarea de organizar aquél lugar? Sólo había un ángel. Uno de entre todos los ángeles era el único en quien el Señor podría confiar, pero aquella idea le horrorizaba hasta límites insoportables.
-Eres tan bello -le decía- eres lo mejor que ha salido de mis manos. Ya no eres un hijo mío, sino un amigo, un hermano. Eres casi como yo. Y si te mandara abajo, al lugar más horrible que podamos imaginar ninguno de nosotros, entonces te volverás horrible como el lugar y recibirás el odio de todos los seres del mundo, un odio que ni siquiera yo me imagino capaz de soportar.
El ángel lo comprendía. Esa era la diferencia con el resto de las criaturas, que comprendía y amaba a Dios aunque sabía que no era perfecto, y lo único que realmente deseaba era demostrar que sí, que tanto Dios como el mundo que había creado no tenía ninguna fisura.
-Señor. Asumo esa tarea. Me siento orgulloso de poder serte útil, yo, la peor de todas las criaturas.
y Dios sonreía, porque sabía que en ellos la humildad era casi un juego, una complicidad.
-Sea.

Lucifer, mientras caía, pensó en que ese era el mejor de todos sus actos, el único que expresaba su amor por su Señor, y gritó de dolor por un cariño tan inmenso. Y Dios gritó a su vez, por perder al único ser perfecto que había creado para salvar un universo imperfecto todo él. Los dos gritos se mezclaron, uno desde lo más alto y otro desde lo más bajo, hasta infundir al mundo por primera vez un nuevo sentimiento: el miedo.

Comentarios

Dragonfly Nightmare ha dicho que…
ya sabes que llevar la llave del infierno es un trabajo duro y desconsolador....aunque yo siempre pensé que la caída es dulce
ratonuca feminista ha dicho que…
Las amapolas tienen la desagradable costumbre de cambiar de jardín.
Cambio visita/vuelta a casa por sorpresa. ¿Trueque?
Anónimo ha dicho que…
¿Has pasado por esa plaza dedicada a Mí? Ya ves. En mi nombre están los predicados de la Luz y de la Belleza. Era necesario que estas "cayeran" para que lo que ahora es camino, verdad y vida suplantara lo genuino de todo camino, de toda verdad y de toda vida: la asunción de lo que se sabe con la misma actitud de la ignorancia ante lo que se ignora.
Un afectuoso saludo, amiga desconocida.
Anónimo ha dicho que…
Y siempre que caigo (y no dejo de caer) lo hago entre ortigas.
lujuria ha dicho que…
"...Encantado de saludarte, espero que conozcas mi nombre
Aunque lo que te desconcierte sea la naturaleza de mi juego."
El Angel? El Angel caído?...quién anónimo?
Anónimo ha dicho que…
Hay un sentimiento más primigenio que el miedo: la duda :)
Anónimo ha dicho que…
joder, qué pasada, cago en Dios, preséntate a algún concurso, liga pasta, Lucifer te lo recomienda. charo

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