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SIRENA

Tengo la desagradable costumbre de ir cantando por las calles. Cada una tiene su melodía y hay paisajes que siempre van acompañados por los mismos compases. También hay luces o inclinaciones del sol propicias para canciones. No suelo elegir lo que canto, pero me gusta aprender de memoria mis temas preferidos para recurrir a ellos sin pararme demasiado a pensar lo que hago (una empezaría pensando en lo que hace y acabaría caminando en silencio, pasos rápidos, escaleras sin música), aunque sí que lo pienso cuando estoy asustada y voy por callejuelas por las que no debería andar una chica sola -y menos a estas horas- y entonces es cuando me pongo a cantar porque no me imagino a nadie atacando a alguien que va cantando a voz en grito mientras camina, es algo que rompe de tal manera la estructura del mundo que no podría llegar a suceder jamás.
No me miran como si estuviera loca, hemos llegado a un punto de no sorprendernos de nada por insólito que pueda parecer. De hecho casi no me miran, pasan a mi lado como junto a un río que no puede dar peces. Quieren volver a casa. Están cansados y es hora de regresar, el beso al esposo a la esposa a los niños, el sofá y la tele. Yo sé que no podrán volver, que estoy cantando, que ya han pasado la frontera de lo normal y todo queda transformado y qué más da que desafine o se me deslice la letra. No soy yo la que canta, es otra voz que nunca lo ha dejado, es ese mismo río que se lleva las almas de los pobres incautos que no se han tapado los oídos con cera.
En realidad, Ulises nunca regresó.
Y ésta, querido Ulises, siempre ha sido tu casa.

Comentarios

Manuel ha dicho que…
Las rutinas son esa cuota de ritmo necesario para sobrevivir. Dejar el teléfono móvil en el mismo lugar de la mesa de la oficina cada día, por ejemplo. La más pequeña alteración en el ritmo que te acompaña desde hace años provoca que la melodía desafine. Otra mesa. Otra oficina. Imagínate. Así que hoy me presento en tu casa sin avisar para tomar el té. Sin temor al canto de la sirena. Al fin y al cabo este Ulises ha sobrevivido ya a unas cuantas nanas premeditadas y alevosas y puede escribir para contarlo.

Un beso grande, canija.

Manuel
Es lo que tiene estar hecha de música...
(Algún día tendré ordenador propio y te grabaré un cd, no tendrá tanto encanto como el cassette, pero será más práctico)

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