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La esposa de Lot

Siempre tuve tanto miedo a las estatuas de sal que no eché la vista atrás. En ningún momento revisé lo que dejaba, lo que había hecho o lo que abandonaba. Una vez escrita una hoja de papel ya podía quemarla u olvidarme, una vez recogido el cuarto no miraba desde la puerta que todo estuviese en orden. Cuando abandoné las ciudades no había una pizca de nostalgia que me hiciera torcer el cuello y nada logró que necesitara un último vistazo. Viví y me consumí, de una vez por todas, sin revisión o síntesis o recuerdo que cristalizara en una mirada final.
No me quedo para ver cómo se alejan los trenes, no espero a que se vaya el autobús para marcharme. Fue el miedo a quedarme ahí, para siempre atrapada en un tiempo o un perfeccionismo que era más grande que yo lo que me forzó a dejar las cosas a medio hacer, a no despedirme, a seguir caminando mientras todo arde.

Comentarios

Jenny jirones ha dicho que…
Gracias por estos textos, que le devuelven la estética a la palabra. Más cuando estás en la redacción de un periódico.
Muá!
т0χι¢ мuffιи][~* ha dicho que…
Si de verdad nos convirtiéramos en sal cuando miramos hacia atrás..

Yo sería sal desde hacía mucho tiempo..

La perfección.
En ese sentido odio las cosas hechas a la mitad..

X______x
raz0rBlade + Kiss!
txe ha dicho que…
sobre carver:

lea este arituclo en este estupendo blog y flipe con al supuesta genialidad de carver. Era su editor quien le daba el toque de gracia.

http://unalbornozllenodenotas.blogspot.com/2007/10/y-si-carver-no-fuera-carver.html

acojonante

por cierto, la poesía de carver no es lo mejor de carver, a mi juicio, ni lo que le dio la fama, a juicio de todos.

pero si, paradiso mola
Anónimo ha dicho que…
De ese modo perdí yo toda voluntad. El mejor camino hacia la felicidad no vuelve la vista atrás (ni hacia delante). Permanece ciego. La sal de la Tierra se la quedó el Maestro; a partir de ahí, todo es tan soso que nos provoca "indeferencia"; una actitud que va más allá de la indiferencia.
Anónimo ha dicho que…
Como siempre, la ortiga.

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Que el amor se mezcló con odio algunas veces
Que las tardes no habían sido cálidas,
Que traicionaste, que te traicionaron
Que nunca hubo perdón en la distancia.
Y luego, sin embargo,
Volver es volver a echar de menos.
No añoras hasta que tu piel recuerda
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India. Entrada.

Sales del avión. Coges el metro. El metro parece sacado del futuro, un metro que toda ciudad desearía tener: limpio, rápido, con información precisa de dónde te encuentras y cuánto te falta para llegar a tu destino (unas lucecitas azules se van encendiendo entre el nombre de una estación y otra a medida que avanzas). Incluso una luz roja te indica por qué puerta salir (derecha o izquierda). Ningún olor, ningún ruido perturba este universo organizado en luces de colores. Nada te hace sospechar lo que habita en la superficie, las riadas de gente, la ciudad palpitante.
Sales del metro. Te invade la oleada de personas, el perfume inciensado de pobreza. Atraviesas la calle negándote a todos los ofrecimientos, que pasan de la asertividad a la violencia. No, thank you, con tu ropa europea y tu piel extremadamente pálida y tu suficiencia. El hotel está cerca. Miras otra vez el plano: Sólo hay que coger esta calle, asegurarse del nombre en una placa, luego contar tres perpendiculares, torcer …

Expectativas

Una vino a esta tierra del sur con ciertas expectativas. Los principios son duros, no pasa nada, se dijo una. No pasa nada si al principio no tienes mucho amigos o si tienes que hacer algún que otro recado antes de empezar a hacer cosas más importantes en el trabajo, o si no viene a verte mucha gente al principio, o si no publicas ningún libro de momento o si, en definitiva, empiezas poco a poco.
Lo importante es ir aprendiendo, desarrollándote, adaptándote. Poco a poco tendrás tu grupo, tu puesto, incluso tu familia. Esas cosas requieren un poquito de paciencia.
Han pasado seis años desde entonces. No puedo decir que esos años hayan sido malos, al fin y al cabo he tenido buenos momentos y lo he pasado bien. Es dulce compartir tu vida con alguien a quien realmente amas, con alguien a quien te gusta ver todas las noches al dormir y todas las mañanas al despertarte. El problema han sido las expectativas. La expectativa te pone en una posición de esperar, de estar verdaderamente convenci…