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Retorno

Son dos cosas distintas, la enfermedad y la magia. No tienen nada que ver. Este principio de año fue directo a mi garganta, sin compasión como Clint Eastwood, sin otro punto al que atacar. Quemé incienso de sándalo y me quedé afónica. Instantáneamente. Después ocurrió todo entre la realidad y la fiebre, mezclado con los sueños fuertes de estos sueños que tenía una de niña cuando la atacaban la gripe o la viruela. Las cosas socedían en los intervalos de las arcadas para escupir una pasta que cambia su color cada día (un arco iris de virus). Y esta noche, la noche de reyes. Y el fin de la navidad. Y la necesidad de ver películas de las que veía de pequeña y de que los reyes me traigan regalos para convencerme a mí misma de que me lo merezco, de que este año al menos no he sido culpable. Así están las cosas, el cuarto vuelve a oler a enfermo. Mi cuarto olió a enfermo muchos años seguidos, pero ahora ya tengo disciplina y abro la ventana y hago la cama y preparo lavadoras y quemo incienso de sándalo. Barro y recojo la mesa. Disciplina es lo que hace falta, y no hablar mucho, pero soy como una geisha de esas que echaban en el documental de la 2, entretener es parte de la función, parte del trabajo, parte de la enfermedad.
Tengo a Krusty el Payaso en la mesa. Es el símbolo del retorno, de la nostalgia. Me tocó en un kinder sorpresa. Un bonito regalo sorpresa, niños. Krusty el payaso resulta casi un tesoro, y a la primera. Fue el primer huevo kinder que comía en años.
En absoluto tienen que ver Krusty el payaso con la tos y el olor a enfermo del cuarto, con la noche de reyes. Mi segunda noche de Reyes en Madrid. Ya hemos perdido todas las tradiciones, las navidades nunca se repiten a sí mismas. No hay la misma comida. No está la misma gente. No sé cómo denominar esta enfermedad de no poder hablar y toser y escupir y levantarme sudando y tomar determinaciones a las tantas de la mañana porque no he podido dormir. Es el mismo insomnio del instituto, así que dejé tres chupitos de ron a Sus Majestades, como antes. A Sus Majestades les gusta el ron, y a cambio del ron Sus Majestades nos dejaban una cartita. La diferencia es que yo también escribí la cartita, y dejé el ron y el balde de agua para los camellos. Pero este un buen barrio, no hay camellos. Sólo drogadictos, no camellos -jaja, chiste malo-. Bueno, en fin, que estoy griposa o resfriada o afónica y que creo en la gripe y que creo en los Reyes Magos. He dicho.

Comentarios

Azena ha dicho que…
Sólo tú podías escribir la carta de los Reyes Magos...
Anónimo ha dicho que…
Yo tb la escribo cada año, pero nunca m traen lo q pido, quizás,sólo quizás, es q pido lo imposible...

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