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Amanecida

Qué hermosos, que hermosos son, los post de las 6 de la mañana. Hoy he sentido el amanecer y he tratado de volver a conciliar el sueño. Son hermosos porque no deberían existir, porque esta hora del lobo se ha de dedicar al sueño más profundo de todos, al de olvidar, reconciliar, descansar.
Pero he dejado historias pendientes allí donde mis pies han pisado la tierra, y ahora recuerdo lo que está por hacer, la lista interminable, aquellas cosas que no hago, no sé hacer, no puedo o que cambiarían demasiado el mundo al ser realizadas.
Por fin y sin miedo escribo, porque éste es mi jardín y os he invitado pero sigue siendo mi jardín y no debéis pisar los tulipanes. Escribo porque a las 6 de la mañana ya poco tienes que temer, ya no te importa si molestarás a alguien o si se podrán sentir heridos o si acaso desvelarás secretos indesvelables. Falta poco para que suene el despertador, falta menos aún para que me empiece a despedir. No sé si sabré volver sin estar triste. no sé si sabré cerrar todo lo que está a medias, pero sobre todo, no sé si sabré dormir un solo minuto más de esta noche.

Comentarios

paupablo ha dicho que…
Esa hora es una de las mejores para escribir (esté uno borracho o no), por todo eso que tan bien explicas.

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Regreso

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Dejar cosas atrás no es complicado.
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Torcido por el tiempo lleno de arrugas gruesas
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Ya resistente a la idea, a Stendhal,
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Que te cuentas cada día desde lejos.
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Que muestra realidad ante tus ojos
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Que fuste la que fuiste,
Que el amor se mezcló con odio algunas veces
Que las tardes no habían sido cálidas,
Que traicionaste, que te traicionaron
Que nunca hubo perdón en la distancia.
Y luego, sin embargo,
Volver es volver a echar de menos.
No añoras hasta que tu piel recuerda
El olor familiar, el timbre de las voces, las paredes. Y vuelves a ser la que fuiste por
Un lapso muy breve, un instante fugaz
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Expectativas

Una vino a esta tierra del sur con ciertas expectativas. Los principios son duros, no pasa nada, se dijo una. No pasa nada si al principio no tienes mucho amigos o si tienes que hacer algún que otro recado antes de empezar a hacer cosas más importantes en el trabajo, o si no viene a verte mucha gente al principio, o si no publicas ningún libro de momento o si, en definitiva, empiezas poco a poco.
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Sales del metro. Te invade la oleada de personas, el perfume inciensado de pobreza. Atraviesas la calle negándote a todos los ofrecimientos, que pasan de la asertividad a la violencia. No, thank you, con tu ropa europea y tu piel extremadamente pálida y tu suficiencia. El hotel está cerca. Miras otra vez el plano: Sólo hay que coger esta calle, asegurarse del nombre en una placa, luego contar tres perpendiculares, torcer …