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Mostrando entradas de abril, 2008

El fin del mundo

Bukowski no tenía razón, el mar es hermosísimo. Tuve que darme cuenta acá, en el borde oriental de Asturias, donde junto al mar hay unos cubos gigantes pintados de colorines. Ruido de gaviotas y sí, es un pueblo turístico y hay tipos con el jersey anudado al cuello y chicas con coches de colores, pero pese a todo es un lugar agradable. Es posible que sea por lo lejos que queda de casa, por la cantidad de montes y ríos y valles y pueblos que hay que atravesar para llegar aquí.
-¿No habías estado nunca en Llanes?
-No
Mentí. Lo cierto es que estuve aquí una vez recogiendo flores junto a la costa con aquel chico que terminó siendo mi novio, aunque no por mucho tiempo, y luego otra vez en una escuela, a la que me trajeron mujeres con las que no tenía nada que ver. Si no hubiera sido porque entendía sus palabras y ellas las mías habría pensado que nuestro idioma era distinto. Y eso fue Llanes.

Los viernes tengo que venir aquí, prácticamente a echar el día. Cuando hace sol las horas pasan depris…

El faro

Os escribo desde el faro, al borde del mar, más al norte de lo que podéis imaginar. Aquí hay viejas mujeres arrugadas a las que obligo a leer. Me gusta escuchar sus voces. Tienen la misma voz que mi abuela, voz de vieja que lee de otra forma, con otra entonación, voces asturianas que leen todas las letras sin saltarse ninguna.
Me quedo embelesada mientras hablan, porque estoy en mi faro y sus voces son el ruido de las olas, los gritos de las gaviotas. Tan lejos del mundo, tan cerca de las personas.

Esta vez

Los tiempos son distintos, digan lo que quieran todos menos Joyce, aquí que allá. No pasan las cosas una detrás de otra, no se suceden los días y los meses y los años, no estamos en una línea con principio medio y fin. Seré pesada, sí, pero insisto. Lo hago porque he vuelto a casa, y he vuelto al "tiempo de casa" que dejé suspendido antes de irme a París y que no tuve valor o ganas o fuerzas o dinero para continuar. Así París y Madrid no están en medio, Gijón no fue antes y ahora es después, sino que dejó de ser mientras estuve fuera y ahora vuelve a ser exactamente igual que antes.
De vuelta a casa recojo a la que fui acá hace dos años y la monto conmigo en el taxi. Hablo con ella, le digo que no se preocupe, que todo va a salir bien, que voy a cuidar de ella, que vamos a ser capaces de afrontarlo juntas, esta vez sí. Ella calla.

Caricias

Simulacro

La despedida de ayer fue una mierda, así que me quedé un día más, un epílogo, un buen sabor de boca después de la película agitada. No es que me equivocara a la hora de sacar el billete del Alsa, no, no es eso, es que no me podía quedar con el final de discusiones, desencuentros y un año metido en cajas sino con el final del sol entrando por la ventana, las tazas de té, la soledad del cuarto, el ruido de la calle, los pájaros, la sensación de no estar en ninguna parte. Definitivamente lo de ayer no fue más que un simulacro.

Hoteles

Un día este poema me pareció demasiado cruel y me prometí no publicarlo nunca.
Hoy me sigue pareciendo cruel, por eso lo publico, porque la crueldad hay que administrarla en pequeñas dosis, pero por Dios que hay que administrarla.

HOTELES

Ella se compraba
un conjunto nuevo de ropa interior
cada vez
que quedaba con él
En Madrid, en Asturias
o en cualquier lugar
-Valladolid por ejemplo-
a medio camino. En habitaciones de hotel de cuatro estrellas.
Nunca llevaba las mismas bragas
a sus citas
Eso era
lo que más me extrañaba
de aquél amor de chat y conversaciones de teléfono
y verse de vez en cuando
un par de noches
comer en un par de buenos restaurantes
y buen sexo,
según ella contaba.
Tenía conjuntos de todos los colores
azules, rosas, negros
también tangas
-a los hombres- decía
les gusta vernos en tanga.
Nunca las habitaciones de hotel
vieron tantos conjuntos
vistiendo el mismo cuerpo.
Ni siquiera en las putas.

Ciudades

En los túneles del metro hay
anuncios con nombres de ciudades
a bajo precio. Baratas.
Lisboa 14 con 90
Berlín 35
Roma 87
Varsoviva 115
euros
asequibles
a nuestros bolsillos, las ciudades.
Todo un catálogo
de lugares de ensueño
o de cine o de música o de literatura
ciudades-escenario para ser al fin protagonistas de una historia.
Porque
no nos engañemos
No son la Roma de yo caminando un paso por delante
y el helado en la plaza y el coche de alquiler
ni el París que no me dirigía la palabra
y el cielo encapotado y la cerveza semanal en l'etoile manquante.
No son la Venecia del cáncer de mamá
y las esculturas de Giacometti o el peinado de aquella mujer
que todavía imito.
Esas ciudades, esos nombres
son fruto del deseo
de las ganas de huir
y de la prisa.
Las ciudades de ponerles cifra a lo que no tenemos.
Son como el cuadro de un bonito paisaje
en una casa sin ventanas.

Totem

No os atreváis a perderos a La Chicana.

06-IV Bilbao
08-IV Ávila. Festival de jazz.
09-IV Oviedo. Centro Cultural Cajastur.
10-IV Gijón. Centro Cultural Cajastur.
11-IV Madrid. Galileo.
12-IV La Laguna (Tenerife).
13-IV Huesca. Centro Cultural Matadero.

Sí, es una amenaza.

Piano

Estoy enseñando a D. todo lo que hago día a día. En una semana tendrá él que coger las llamadas, contestar los mails, hacer los reports y manejar todos los progamas. Intento enseñarle lo mejor que puedo o al menos todo lo que sé, hasta el más mínimo detalle. Coloco mis manos sobre las suyas y lo guío por el teclado para hacer precisas y rápidas combinaciones de teclas. Es casi casi como tocar el piano, como dar clase de piano, como estar dentro de una película en blanco y negro con las manos sobre el alumno y mostrarle los acordes y el ritmo...
alt e..... p
ctrl e..... c...... alt tab.... ctrl v......
ctrl c..... alt tab.... ctrl b......
alt 1..... tab....

Papeles

Los dos estaban de pie, eran de esas personas a las que les gusta estar de pie aunque haya sitios libres. Creo que en el fondo es porque no sabrían muy bien cómo comportarse si de repente el vagón de metro se llenara. Nunca sabrían si dejar o no su sitio, y si lo dejan nunca sabrían a quién dejarto y, bueno, hagan lo que hagan les quedará una incómoda sensación de error en la punta de la lengua. Los dos de pie, ya he dicho, cada uno con un boli y un papel. Uno hacía sudokus, el otro escribía. Lo sé por la relación de ambos con su libretita casi idéntica. El de los sudokus era un pequeño esclavo de su trocito de papel, que le ponía las cosas difíciles y le hacía poner un número u otro. El escritor trataba de ser el amo, de esclavizar a su papel para que dijera exactamente lo que él quería, estaba terriblemente concentrado, como si todo el mundo exterios pudiera o debiera concentrarse en su pequeña libreta, absorbido sin piedad por un boli bic.
Los metros son lugares fascinantes.

cosas

Té verde de las montañas de opio en cuenco de porcelana japonés y un cuarto que "huele a mí" porque huele a incienso de higuera, porque aquí acumulo un montón de cosas, tés, inciensos, objetos y zapatos, cacharritos, libros, todo el etcétera que no se puede escribir en el emule, en fin, aquello que siempre deseé en esa vida que se lleva con un motor de deseos de cosas bellas, de poder comprar todo lo hermoso, de rodearte de olores exquisitos y sabores aristocráticos. También el sueño de escribir en tu propio ordenador o de ver tus propias películas. Vivo como se debe vivir, o al menos como ordenan los cánones. Gano mi dinero y consumo mi dinero, no tengo un solo deseo de algún objeto (por absurdo que sea) que no cumpla. Lo quise así, quise experimentar esta sensación de llevar puesta sólo ropa que me guste y pagar la cuenta de los bares y ver mi cuarto y pensar que así ejs justo como lo quiero, como lo necesito, antes de abandonarlo todo, cerrarlo en cajas, calcular la medid…

Volver

De vez en cuando te llegan otra vez, las palabras que un día significaron tanto, a las que te agarraste una y otra y otra vez para no caer al suelo. Vuelven tras una esquina, en otra voz, otro momento, incluso otra música aunque tengan los mismos acordes. Y son algo diferente, porque el espejo ha cambiado y tú también, porque te has mirado tanto ahí que una parte de ti son esas palabras.
Cuando las escuchas resuenan en alguna parte de tu cuerpo, como algo infinitamente antiguo, más antiguo incluso que tu carne. Vuelven y son de nuevo, limpias y deshumanizadas y tan internas que no las oyes, no las ves no están ahí. Tantas veces tus pasos llevaron este ritmo...

Sé que mucho me has querido
tanto tanto como yo
pero en cambio yo he sufrido
mucho mucho más que vos
...
Y sigue, de puntillas

No sé por qué te perdí
tampoco sé cuando fue
pero a tu lado dejé
toda mi vida
...
Y sonríes, sonríes mucho. Sonríes a carcajadas.