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Papeles

Los dos estaban de pie, eran de esas personas a las que les gusta estar de pie aunque haya sitios libres. Creo que en el fondo es porque no sabrían muy bien cómo comportarse si de repente el vagón de metro se llenara. Nunca sabrían si dejar o no su sitio, y si lo dejan nunca sabrían a quién dejarto y, bueno, hagan lo que hagan les quedará una incómoda sensación de error en la punta de la lengua. Los dos de pie, ya he dicho, cada uno con un boli y un papel. Uno hacía sudokus, el otro escribía. Lo sé por la relación de ambos con su libretita casi idéntica. El de los sudokus era un pequeño esclavo de su trocito de papel, que le ponía las cosas difíciles y le hacía poner un número u otro. El escritor trataba de ser el amo, de esclavizar a su papel para que dijera exactamente lo que él quería, estaba terriblemente concentrado, como si todo el mundo exterios pudiera o debiera concentrarse en su pequeña libreta, absorbido sin piedad por un boli bic.
Los metros son lugares fascinantes.

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Que las tardes no habían sido cálidas,
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Volver es volver a echar de menos.
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