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Mostrando entradas de mayo, 2008

LOLITA

Desde el piso de abajo de la cafetería se ven las faldas cortas de las chicas de colegio de monjas. Se sientan cerca de la barandilla, con cuidado para que no se les vean las bragas. La falda plisada y gris se aplasta contra la silla.
A veces bastan efímeras escenas cotidianas para recordarme que, pese a lo que todos pensaban, yo no era Lolita sino un Humbert Humber voyeur y pervertido.

LLUVIA

Dices que llueve
y yo
puedo sentir tu lluvia
en esta ciudad que no conoces

Eso me incita a creer
que vivimos en el mismo lugar, que paseamos
ambos por las mismas calles y compramos
en las misma tiendas.
La lluvia baña idénticos paisajes
o es que todos los paisajes son idénticos bajo el agua.
En esta tarde
-triste y aburrida como casi todas las tardes-
la lluvia nos ha unido
como una extraña coincidencia
La lluvia puñetera
otra vez nos recuerda que no estamos solos
que es difícil estar solos
en una ciudad llena de aceras mojadas.

Capilla

Llueve en Llanes. Ya sabéis, los viernes Llanes, etcétera. Al final nuestras predicciones metereológicas se cumplieron (ojalá y fuesen las únicas que se cumplieran). Pues bien, he buscado un lugar seguro para resguardarme de la lluvia: la Capilla de un santo local me parece de lo más adecuado. He sacado el ordenador, y sí, señores, el santo tiene conexión a internet. Sabedlo si alguna vez venís por este borde de Asturias.
Creo que luego le encenderé una vela por los servicios prestados. Los milagros hay que saber agradecerlos como es debido.

Anagnórisis

Dí otra pasada a las fotos. No había duda. Era ella. No sé cómo demonios se me pudo olvidar, como si fuesen dos personas distintas, como si ella no hubiera sido ella en ese viaje sino ahora. Lorient, el intercambio a Francia, la niña que era yo y que no estaba a gusto ni en su ropa ni en su cuerpo, la rodilla que me torcí patinando, el instante en que no dejé que el chico que me gustaba me cogiese la mano, el pan recién hecho, el cuscús, el Monte Saint Michel entre la niebla acompañado por el Síndrome de Stendhal más fuerte de mi vida (me habría podido morir en ese instante), mi cartera desaparecida con 50 francos, el billar, todo y una chica un tanto inquietante con la que me llevaba tan bien. Si no fuimos amigas sí hay que decir que llegamos a ser compañeras de viaje. Buenas compañeras de viaje.
Tuvo que venir el chico que en las fotos tenía los mofletes rosados y ahora tiene barba y se pone corbata para ir a trabajar (porque sí, el tiempo ya ha pasado) a decirme que mi nombre le rec…

El tutor

Diga lo que diga me resulta extraño, incluso inconcebible que aquél que me enseñó a nadar, a andar en bici, a jugar al baloncesto, al bádminton, a patinar, a tomar kefir, a dormir del lado derecho para no aplastar al corazón y a rezar el padrenuestro, no me enseñe ahora a conducir un coche. De alguna manera él se encargó de nuestra educación más allá de las letras y las ciencias, de una forma brutal algunas veces, como el implacable general que enseña a sus soldados por medio de la humillación y de la ira, pero que les infunde valor y la concienda de que tienen razón, de que ellos lo van a hacer mucho mejor que el enemigo, de que van a morir con exquisita elegancia por los correctos ideales.
Por eso ahora me resuta tan raro ir a una sórdida autoescula llena de adolescentes de 18 años, con una edad mucho más adecuada que la mía para este tipo de cosas, y me cuesta pagar los sórdidos 29 euros de cada clase práctica, para aprender igual que todo el mundo, sin peligro ninguno, sin nadie qu…

On connait la chanson

:

A veces es necesario decir las cosas que no se dicen. Sería más o menos así:

Él te mira
con el rabillo del ojo
y tú te inquitas
en tu sillón,
Él te acaricia
con la mirada
y tú te dejas
llevar por su juego.

Y yo desde mi esquina,
aunque no diga nada
me doy cuenta de todo
Y yo desde mi esquina
pongo el freno
porque veo el fin que se acerca.

Él te arropa
febrilmente
tú lo apruebas
sonriendo
Él te acecha
y yo lo veo
Tú lamentas
que yo esté allí.

Y yo desde mi esquina
aunque no diga nada
me doy perfecta cuenta de vuestro juego,
yo yo desde mi esquina
escondo para que no se me note
esta angustia que me invade.

Él te mira
furtivamente
tú parloteas
con demasiada libertad
Él te corteja
a través de mí
y tú sueltas
brillantes carcajadas.

Y yo desde mi esquina
aunque no diga nada
tengo el corazón a punto de llorar
Y yo desde mi esquina
bebo mi pena
porque el amor cambia de manos.

Esquinas

Si observan la televisión con detenimiento verán a dos tipos pegándose hostias. Esas cosas ocurren cuando se observa algo con extremada atención, que se rompe, se desintegra o se da puñetazos.
Hay un montón de cosas que me indican que éste es el lugar adecuado, casi tantas como las que me dicen que no, que acá siempre viviré como un fantasma de lo quisieron hacer de nosotros. La ciudad está llena de zonas obscuras, de bares que evito y plazas donde agacho la cabeza.
En la esquina del parque donde esperé tantas horas han puesto bancos, como un bonito monumento a mi espera monumental. Nadie se sienta en esos bancos. Son como estatuas que uno erige a las personas muertas, y en este caso la han erigido a mi espera.
Cruzo de acera ante los edificios de sobra conocidos o las siluetas de personas que se parecen a aquellas con las que no quiero encontrarme.
Camino a saltos, como en el juego de la Oca.