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Vacío

La casa de deshace. Grace recoge todas sus cosas. Arranca sus huellas de las paredes y su risa de la cocina y a Cronenberg del salón y sus botas del pasillo. Luego vendrá mi hermana. Mañana o dentro de dos años, nunca se sabe bien, y tomará medidas y meterá a mamá y a papá en un ataud, juntitos, como si se quisieran mucho. La eternidad juntos, con todas las cosas que fueron nuestras. Los libros sobre todo. Mamá nos hacía contemplar los libros: ésta es vuestra herencia. Maravilladas no sabíamos lo poco que valen los libros ahora y sobre todo, lo difícil que es deshacerse de ellos. Nadie los quiere, los libros, pobrecitos, como si hubieran hecho algo muy malo en su vida (o en la nuestra). El otro día soñé que volvía a leer el Ulises y que me parecía sencillísimo, lo leía con tanta fluidez como se leen los best sellers que lee la gente en el metro. Soñé que entendía el Ulises palabra por palabra, como quien sueña en otro idioma y no dejo de recordarlo y reirme. Me río mucho ahora. Creo que también tendré que arrancar las carcajadas de los umbrales de las puertas y la música de las cañerías. Las ondas de radio no se destruyen y por eso me parecen tan maravillosas. No hay otra cosa que hacer, recogerlo todo como si tuviera otro sitio al que ir. Engañarme un poco más, que ya tengo práctica y sé decirme cada mañana que el mundo es algo estupendo y que la vida merece ser vivida. No imagino mi entierra porque estoy lejísimos de la muerte o viva, que es otra forma de decirlo. Escribo desde una esquinita, a escondidas, para que nadie lo sepa o para que yo misma no descubra que sólo soy grande cuando tengo los dedos sobre el teclado, como un pianista un poco tarado que alegra las fiestas de los burdeles. ¡Tócala otra vez! ¿y si no quiero? ¿y si el deseo se hace tan fuerte cuando toco que no puedo controlarlo, que me arrastra, que sabe más que yo y eso me asusta? Por eso me escondo, como me escondo cuando voy a comprar ropa. Entro a hurtadillas en las tiendas y ejecuto la compra como un crimen. Me siento tan culpable que compro ropa a la velocidad de la vida. Casi nunca me pruebo nada. Entro, analizo, cojo, pago. Me voy. Nadie me ha visto. Estoy salvada. Tal vez mañana me descubran y tenga que responder por todos mis crímenes. Intento no repetir las tiendas, no someterme a un horario, no hacer nada que pueda llevar a crear una pauta. Soy una buena asesina, si no me acojonaran tantas cosas. Casi todo lo hago como una usurpación, como algo que no me está permitido, que tengo que esconder, que tengo que apagar cuando escucho el sonido de la puerta. No me vayan a descubrir, que no sepan que no he hecho la declaración de la renta ni he pagado por mis pecados. Que nunca descubran que he traicionado, mucho y todo el rato, casi sin pestañear. Pero que ante todo jamás me descubran aquí, escribiendo, en mi esquinita oscura, dentro de las paredes tan llenas de papá y mamá y de Tene -de la Tene de antes de Madrid- y también de Grace. Si se acerca alquien prometo apagar la música y acurrucarme debajo de la mesa, hasta que pase el peligro o hasta que se haga la luz.

Comentarios

Azena ha dicho que…
descubro sorprendida que ya no recuerdo cómo era yo antes de Madrid...
Cris ha dicho que…
Todos los que hemos pasado buenos momentos en esa casa la echaremos de menos... Un besazo!
Anónimo ha dicho que…
Pues eso, eran las Azena A.M...

Dodo
Y yo habría llorado emocionada al leer estas lineas frente a este ordenador tan público, de esta biblioteca tan pública, en esta ciudad tan pública...si no fuera tan...
-Pudorosa? si, mmm un poco
La Oruga ha dicho que…
Casi siempre que algo se deshace, es porque algo nuevo crece, está a punto de crecer, no demasiado lejos. Las mudanzas generan un polen demasiado fértil, demasiado ansioso por volver polinizar nuestras almas...

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