Ir al contenido principal

El novio

El novio apartó del asiento del copiloto el libro de su padre para que su padre tomase asiento.
Ojeé el libro. Estaba leído y subrayado. Pensé en que yo nunca leí ninguno de los libros de mi padre, ni siquiera cuando escribía cuentos para niños y yo era justamente eso.
El novio iba vestido de príncipe azul, con galones y una medalla al valor colgando del pecho.
La novia iba vestida de novia, con un lazo azul turquesa y lágrimas en los ojos.
La madre del novio le recitó a la novia un poema para explicarle qué actitud tenía que tener hacia su hijo. Era un soneto y empezaba "tu llama derritió mi cera".
El padre del novio explicó su teoría del mundo, leyó un poema sobre el cosmos y dejó su página web para que todos nos descargáramos su conferencia de internet.
No me hizo falta descargarme su conferencia. El padre del novio la regaló a todas las mujeres de la mesa.
Los novios bailaron un vals como dos príncipes.
El padre del novio me sacó a bailar un pasodoble. "No abres las piernas. Tienes que abrir las piernas". Bailó torpemente.
Llamé al padre del novio para advertirlo del eclipse. Fui a buscarlo para verlo con él.
A la mañana siguiente el padre del novio me llamó por teléfono. Me dijo que tenía que haber follado con él (no con estas palabras) debido a la alineación del sol, la tierra y la luna. También me dijo que había perdido la oportunidad de ser feliz. Ante tal argumento aplastante callé la boca. La alineación de los planetas es algo bastante irrefutable.
El novio me llamó más tarde. Quería decirme que la vida da muchas oportunidades para ser feliz, y que no me preocupara si había perdido esta última.
Pensé en el libro, el libro de su padre siempre en el asiento del copiloto. El libro subrayado de su padre.

Comentarios

Kaiser ha dicho que…
Menos mal que siempre hay alguien que puede recordarle a su padre que está equivocado, que tantas oportunidades de ser feliz como planetas no alineados en cada momento.
Dime, y la invitada, ¿cómo iba vestida?

Entradas populares de este blog

Regreso

Sólo duele de verdad cuando regresas
Dejar cosas atrás no es complicado.
Lo difícil es volver a ver el mismo lado
Torcido por el tiempo lleno de arrugas gruesas
Pues mirar es mirarse en el espejo
Ya resistente a la idea, a Stendhal,
A la historia que quisiste contarte
Que te cuentas cada día desde lejos.
Nunca como esperabas, como un verso
Que muestra realidad ante tus ojos
Marcharse no es difícil, amigo mío
Llevamos una vida marchándonos de algo lo difícil, lo que desangra
Es volver para ver que aquello fue verdad
Que fuste la que fuiste,
Que el amor se mezcló con odio algunas veces
Que las tardes no habían sido cálidas,
Que traicionaste, que te traicionaron
Que nunca hubo perdón en la distancia.
Y luego, sin embargo,
Volver es volver a echar de menos.
No añoras hasta que tu piel recuerda
El olor familiar, el timbre de las voces, las paredes. Y vuelves a ser la que fuiste por
Un lapso muy breve, un instante fugaz
Un abrir y cerrar de ojos y mentiras.
La realidad ta…

Expectativas

Una vino a esta tierra del sur con ciertas expectativas. Los principios son duros, no pasa nada, se dijo una. No pasa nada si al principio no tienes mucho amigos o si tienes que hacer algún que otro recado antes de empezar a hacer cosas más importantes en el trabajo, o si no viene a verte mucha gente al principio, o si no publicas ningún libro de momento o si, en definitiva, empiezas poco a poco.
Lo importante es ir aprendiendo, desarrollándote, adaptándote. Poco a poco tendrás tu grupo, tu puesto, incluso tu familia. Esas cosas requieren un poquito de paciencia.
Han pasado seis años desde entonces. No puedo decir que esos años hayan sido malos, al fin y al cabo he tenido buenos momentos y lo he pasado bien. Es dulce compartir tu vida con alguien a quien realmente amas, con alguien a quien te gusta ver todas las noches al dormir y todas las mañanas al despertarte. El problema han sido las expectativas. La expectativa te pone en una posición de esperar, de estar verdaderamente convenci…

India. Entrada.

Sales del avión. Coges el metro. El metro parece sacado del futuro, un metro que toda ciudad desearía tener: limpio, rápido, con información precisa de dónde te encuentras y cuánto te falta para llegar a tu destino (unas lucecitas azules se van encendiendo entre el nombre de una estación y otra a medida que avanzas). Incluso una luz roja te indica por qué puerta salir (derecha o izquierda). Ningún olor, ningún ruido perturba este universo organizado en luces de colores. Nada te hace sospechar lo que habita en la superficie, las riadas de gente, la ciudad palpitante.
Sales del metro. Te invade la oleada de personas, el perfume inciensado de pobreza. Atraviesas la calle negándote a todos los ofrecimientos, que pasan de la asertividad a la violencia. No, thank you, con tu ropa europea y tu piel extremadamente pálida y tu suficiencia. El hotel está cerca. Miras otra vez el plano: Sólo hay que coger esta calle, asegurarse del nombre en una placa, luego contar tres perpendiculares, torcer …