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Las Hurdes


¿Cómo voy a hablar de otra cosa? Aún tengo el agua del río corriendo por la piel, ahora que he vuelto al lugar civilizado y se hace necesario vestirse para darse un baño. Entonces sigo allí, en la casa de Charo, en la puerta que veis al final de la callejuela o sentada en el saliente de piedra, bajo el nido de golondrinas (todo el pueblo, madre mía, todo el pueblo tomado por las golondrinas) y tomo té con menta que cogimos unos minutos antes del jardín salvaje junto al bosque. Nos gusta salir a la noche y sentarnos a charlar de casi todo lo importante de la vida.
También nos gusta ir al río por la mañana y prometer que mañana nos despertaremos antes, madrugaremos más y evitaremos las horas en las que el sol pega con fuerza. Tenemos miedo de que las "autoridades sanitarias" nos metan en la carcel si se llegan a enterar de que tomamos el sol a esas horas, o que las mismas "autoridades sanitarias" descubran que no tomamos pastillas para curarnos sino que nos sentamos bajo la cascada, y tomamos el sol y nos deslizamos por las piedras y así conservamos una salud de hierro. No queremos que sepan que caminamos por entre la maleza para llegar a la fuente y frotarnos con su agua y que así evitamos las operaciones quirúrgicas y las inyecciones.
El monte era el mismo monte, pero los pinos habían vuelto a nacer después del incendio y mamá ya no agoniza en casa. No sé si es mejor o peor, pero al menos ya no agoniza y es hora de sembrar la tierra que habíamos quemado. No hay nada más real. Lo demuestran mis pies hinchados y sucios y llenos de arañazos. Nada en absoluto. Lo demuestra mi piel un poco morena y con olor a tierra y a musgo. Lo demás es fingido. Lo demuestra el liquen que crece en las encinas y las infusiones y el sapo que entra en casa para pasar la noche en nuestro baño y al cual saco con mis dos manos por la mañana, estas dos manos que han tocado la piel rugosa del sapo y la cabeza del burro y el cuerpo del gato negro, manos de bruja si queréis verlo así.
Y no puedo hablar del cielo de Gijón sino de la temperatura perfecta de esa casa, del aire regulado por paredes ancestrales y el sol absorbido poco a poco y las siestas y la lectura a la sombra y las velas porque se fue la luz y los minutos que le arrancaba al sueño para escribir un par de capítulos. Soy capaz de deciros que estoy allí, pues la tierra entra en nosotras sin miramiento alguno, por arañazos y polvo y agua y piel de sapo. Soy capaz de confesar que robábamos fruta de los árboles y tomates y calabacines de las huertas, pero esto es un secreto y ha de quedar entre nosotros.
Mirar hacia los pinos me curó poco a poco la misantropía. He vuelto reconciliada con todos, si es que se puede decir que he vuelto...

Comentarios

La Oruga ha dicho que…
No sé cómo decirlo, escribirlo.
Habitamos tan lejos de la tierra... y tan lejos de la tierra siento, sigo sintiendo, presintiendo, que me equivoco, que me sigo equivocando.
No sé cómo decirlo, escribirlo.
Palabras más, palabras menos.
Tan lejos.
La Oruga ha dicho que…
Encontré las palabras.

"En esta hora, en esta hora temprana todavía, creo que yo soy el campo, el granero, los árboles; mías son las bandadas de pájaros [...] Mía es la garcilla que extiende las alas con pereza, y la vaca que hace ruido al echar una pezuña tras otra antes de coger el siguiente bocado, y la golondrina enloquecida que desciende aprisa, y el verde que sustituye al evanescente rojo, el silencio y la campana, el grito del hombre que recoge los caballos de tiro de los campos: todos son míos. [...] No soy una mujer, sino la luz que cae en esta valla, en este suelo. Soy, pienso a veces, las estaciones, enero, marzo, noviembre, el barro, la niebla, el amanecer. [...] Lo que yo doy es más fiero. Yo no sé dejarme llevar gentilmente, no sé tratar con otras personas. Lo que más me gusta es la mirada fija de los pastores que encuentro en la carretera, la mirada fija de las gitanas junto al carro en una zanja dando de mamar a sus hijos [...] Tendré [...] una cocina a la que llevarán los corderos enfermos en cestas para que se calienten, donde cuelguen los jamones, y brillen las cebollas. Seré como mi madre, con un delantal azul, silenciosa al cerrar las alacenas."

V.W. (Las Olas)
Anónimo ha dicho que…
buf, la carne tengo de gallina. en fin, gracias a la vida que nos ha dado tanto y a nosotras que lo sabemos.Toda la libertad del mundo para ti, para mí, para los nuestros. A nosotras que sabemos usarla: ¡qué nos den más vida!!!
VIVA LA VIDA!!!!soy charo.

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