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Reloj biológico

Cuento el tiempo en el cuarto de baño. No creáis que es por la radio-relo-despertador de encima del lavabo, sino por cada uno de mis productos de aseo personal. Hay momentos que duran una pasta de dientes y otros un champú. La mayoría de ellos equivalen a una crema hidratante y hay etapas muy muy largas que terminan cuando por fin se acaba la crema depilatoria.
Es una forma de organizar mi vida, lo queramos o no siempre organizamos la existencia dentro del cuarto de baño y me gusta hacer coincidir mis trabajos con botes de gel de ducha o mis relaciones con pastillas de jabón para las manos.
Llevo en Gijón un tubo de crema para la cara. Lo esparzo cada mañana después del agua de cornflower (no sé su traducción al español). Cada vez pesa menos. Cuando por fin lo corte con las tijeritas de las uñas para rebañar los últimos miligramos de sustancia lechosa, entonces será tiempo de coger las maletas. Au revoir.

Comentarios

Azena ha dicho que…
¿no fuiste tú la que me habló del agua de aciano para la cara?
The Wild Rose ha dicho que…
Sí, pero fuiste tú la que me dijo cómo se llamaba. Y claro, como ya lo sabías tú yo no me molesté en recordarlo. Estoy a 3 céntimos minutos de cualquier información que poseas.
Kaiser ha dicho que…
Cuánto te duran las amistades? Y cómo puede ser que lo más breve sea la crema depilatoria? Son las cosas más efímeras para las higienistas como yo?
Ojalá no entendiera tan bien lo que describes.
Espero ese día con ansia, avísame cuando empieces a rebañar...
Anónimo ha dicho que…
A mí me pasa con los cortes de pelo. De ahí mi rebelión de cortármelo yo mismo. Una vez tuve 137 bolsas de basura en casa (por usar). Poco después de que se acabaran se acabó mi casa.

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