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Se hizo carne

Pues bien, tanto tiempo y no os cuento casi nada. Es lo que tienen las mudanzas, que mueves las cosas de un lado a otro y no queda nada para contar. Contar requiere reposo y ¿por qué no decirlo? rutina. Por eso no digo dónde estoy, me gusta que me imaginéis a medio camino, en un asiento de Alsa (preferiblemente ventanilla) con una maleta en la que no sé muy bien que llevo. Esa es la realidad y no otra cosa.
Bueno, pero no era eso. Lo que quería contar no es la mudanza sino el episodio. Ya casi he terminado de escribir el diario-juego de Sandra. Quedan sólo los retoques para que ninguna asociación feminista pueda protestar. Y eso no es tampoco lo que quiero contar, pero es necesario para que entendamos el episodio, pues hoy me la encontré en el metro. No le pregunté el nombre, pero era Sandra: acababa de terminar la carrera de biología y ya había conseguido su primer trabajo. Fue a la universidad a buscar unos tochos de medicina en los que su jefe tenía publicados un par de soporíferos capítulos. Ella sonreía tras sus gafas azules y hablaba de su laboratorio y también de su novio (esta vez su novio estudiaba periodismo y tampoco sé si se llamaba César).
Lo más gracioso fue que no fui yo la que la reconoció a ella, sino ella la que me reconoció a mí. Vio que me tambaleaba por la inercia y me agarró del brazo para que no me cayera. Después me contó toda su historia, que era en el fondo la historia que yo creé y ella vivió. Cuando se despidió y bajó de un solo salto pensé: los personajes son los seres más agradecidos de esta tierra.

Comentarios

Luisa Guadalupe ha dicho que…
De veras, son agradecidos? Los más agradecidos? Últimamente no pienso de nadie que sea agradecido. Tendrás que explicarme más de eso, por favor.

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