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Antes del Desayuno

Aún no he desayunado. Intento que me dé sueño, pero nadie me lo da. Así que me he levantado, me he lavado la cara (sólo la cara) y aún no me he despintado las uñas (dangerous red, ponía el esmalte). Pensaré en desayunar ahora mismo. Tostadas con mantequilla y mermelada de fresa o mejor aún con tomate, aceite y sal. Un té, eso seguro. Té rojo. Me gusta desayunar té rojo, me calienta por dentro. Pienso todo esto pero sigo escribiendo en mi ordenador, en la habitación recién colocada (lo más colocada que puede estar una habitación) y Kirke me mira porque no le gusta la comida que le compré o porque me da los buenos días. Difícil que sea lo segundo. Aún es casi de noche aunque empieza a haber luz y a descender las bolsas de los ojos y yo casi a descender para desayunar, pero aún no. Dejadme un poco más en este limbo, en la escritura que no es del todo vida. Dejadme que me pregunte ¿por qué mi amor no me desea? y luego siga viviendo feliz, como hermanos o eunucos, sin más. Así igual dejo de tener un coño tan violento (y azul, como el de Isla), o no, quién sabe. Quién se atrevería a decir nada. Nadie. Nadie. Nadie. Voy a subirme el desayuno, sólo puedo comer sola en contadas ocasiones y ésta no es una de ellas y sí, el ordenador es una compañía. Tan buena como cualquier otra.

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Que traicionaste, que te traicionaron
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Expectativas

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