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Ojos

Mirar como si creara el mundo cada vez, por eso busco idénticos lugares y organizaciones idénticas de las cosas, porque así reconozco, y reconocer es fundamental (Aristoteles, al menos, así lo dijo). Entonces si nada se parece a nada, cada vez el mundo es otro mundo. Me protejo de la intensidad de las cosas tras unos cristales de 3 dioptrías y ahora también tras un enorme orzuelo (bella palabra, desastrosa realidad). Descanso. Compresas de té y corteza de encina. No mirar. Limpiar la mirada. No sucumbir ante los colorines y la hipnosis de la imagen. Es más fácil sin tele, es más difícil con pantalla cualquiera. Digamos entonces que esta es una pantalla cualquiera, donde nada puede ser creado, porque todo es reconocido, todo estaba antes, todo prefigurado de antes (apúntense los que estén estudiando. Para hacer un buen trabajo sobre una obra literaria las dos únicas palabras que hay que usar obligatoriamente son "trasunto" y "prefigurar". Así es. No hay más) ¿En qué estaba? Mirando por no arrancar los ojos, pero bien protegiditos detrás de occidente y de las pantallas y de los cristales y de las ventanas. No miro. No miro nada. Nada de lo que yo miro existe.

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Regreso

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Que te cuentas cada día desde lejos.
Nunca como esperabas, como un verso
Que muestra realidad ante tus ojos
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Llevamos una vida marchándonos de algo lo difícil, lo que desangra
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Que fuste la que fuiste,
Que el amor se mezcló con odio algunas veces
Que las tardes no habían sido cálidas,
Que traicionaste, que te traicionaron
Que nunca hubo perdón en la distancia.
Y luego, sin embargo,
Volver es volver a echar de menos.
No añoras hasta que tu piel recuerda
El olor familiar, el timbre de las voces, las paredes. Y vuelves a ser la que fuiste por
Un lapso muy breve, un instante fugaz
Un abrir y cerrar de ojos y mentiras.
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India. Entrada.

Sales del avión. Coges el metro. El metro parece sacado del futuro, un metro que toda ciudad desearía tener: limpio, rápido, con información precisa de dónde te encuentras y cuánto te falta para llegar a tu destino (unas lucecitas azules se van encendiendo entre el nombre de una estación y otra a medida que avanzas). Incluso una luz roja te indica por qué puerta salir (derecha o izquierda). Ningún olor, ningún ruido perturba este universo organizado en luces de colores. Nada te hace sospechar lo que habita en la superficie, las riadas de gente, la ciudad palpitante.
Sales del metro. Te invade la oleada de personas, el perfume inciensado de pobreza. Atraviesas la calle negándote a todos los ofrecimientos, que pasan de la asertividad a la violencia. No, thank you, con tu ropa europea y tu piel extremadamente pálida y tu suficiencia. El hotel está cerca. Miras otra vez el plano: Sólo hay que coger esta calle, asegurarse del nombre en una placa, luego contar tres perpendiculares, torcer …

Expectativas

Una vino a esta tierra del sur con ciertas expectativas. Los principios son duros, no pasa nada, se dijo una. No pasa nada si al principio no tienes mucho amigos o si tienes que hacer algún que otro recado antes de empezar a hacer cosas más importantes en el trabajo, o si no viene a verte mucha gente al principio, o si no publicas ningún libro de momento o si, en definitiva, empiezas poco a poco.
Lo importante es ir aprendiendo, desarrollándote, adaptándote. Poco a poco tendrás tu grupo, tu puesto, incluso tu familia. Esas cosas requieren un poquito de paciencia.
Han pasado seis años desde entonces. No puedo decir que esos años hayan sido malos, al fin y al cabo he tenido buenos momentos y lo he pasado bien. Es dulce compartir tu vida con alguien a quien realmente amas, con alguien a quien te gusta ver todas las noches al dormir y todas las mañanas al despertarte. El problema han sido las expectativas. La expectativa te pone en una posición de esperar, de estar verdaderamente convenci…