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Mostrando entradas de diciembre, 2008

Rescate

Tú... ¿Qué rescatarías?
Si viniera de pronto el fin del mundo o la guerra o una ola gigante
¿Qué te llevarías contigo?
¿Lo dejarías todo?
Bien sabemos que no
Entonces
Qué salvarías de la quema
Acaso los discos, los libros, los amigos
o sólo las paredes para quedarte dentro
o tal vez nada más que el ordenador portátil
o las pinzas de depilar o los teléfonos
Piensa. Piensa rápido
¿La televisión? ¿Seguro que no? ¿Seguro que la dejas tan triste e inútil en la repisa de la sala?
¿Qué entonces?
Las cartas, los peluches, los juegos de la infancia,
Los gatos. No creo que los gatos.
Las limas de uñas, las compresas, el papel higiénico.
¿Los condones? No, los condones no, estoy de broma
A papá y mamá. La cenicienta. Caperucita roja.
Los libros de poemas. Ja. Ja. Ja. Sabemos que no.
¿Qué entonces? Si tuvieras que huir
si no quedara tiempo
Si el mundo va a acabar aquí y ahora.
Vamos, ni siquiera lo pienses.
Coge los cuchillos, las ollas, los muebles de cocina,
o coge mejor aún las bragas y los amantes.
O no, espera, no te…

Explicación

No soy muy amiga de dar explicaciones. Sucede que me gusta la ambigüedad sobre casi todas las cosas. Me gusta que cada palabra tenga un significado diferente para cada persona que la lea y me apasiona que mis catalizadores no sólo catalicen algo mío y personal y único, sino un poco de cada uno de ustedes.
Sucede sin embargo que quiero haceros un regalo. Los regalos son buenos. Los regalos están bien. Por eso y por nada más que eso voy a renunciar momentáneamente a la ambigüedad para explicaros por qué G. y yo siempre nos felicitamos "el fin del mundo o el año nuevo". Con su permiso, señorita:

Fue hace no mucho tiempo, en un concierto de Lhasa de Sela, cuando G. y yo nos sentamos en la primera fila y renunciamos a casi todo lo renunciable. Nos quedamos absortas y prometimos cosas que prefiero no repetir aquí.
En ese concierto, Lhasa nos dio algo más que unas cuantas canciones.
Uno de los regalos que nos hizo fue contarnos esta historia: contó que se encontraba en una base naval j…

Alcohol

Las rosas también se inundan de alcohol.
De vez en cuando, no siempre,
es una forma de morir como otra cualquiera.

Lamarckista

Sí. A estas alturas me pongo a decir que Darwin no tenía razón. El pobre lo intentó, eso no se puede negar, y hemos vivido según sus teorías muchísimo tiempo: selección natural, vive el individuo más adaptado al medio. Conclusión: viven los mejores, los más altos, los más fuertes, los más hombres, los que saben ser flexibles y los que pueden hacer que los escuchen. A los demás se los traga la tierra y su material genético se pierde para siempre.
Pero vamos a ver ¿de verdad te lo crees? ¿De verdad en el mundo hay tanta casualidad que es posible imaginarse una aleta convertida en pierna a fuerza de "casualidades"? Resultan difíciles de tragar los pasos intermedios. No eso de que un pescado termine siendo mono, con eso podemos comulgar, el problema son esos pasos intermedios que lo han convertido en mamífero. Darwin no se sostiene sin tanta fe como requiere el creacionismo. Y ahí entramos nosotros: los lamarckistas.
Lamarck decía que una jirafa nacía con el cuello más largo porqu…

Corte

Me hice un corte tan profundo que no sangró. Era tan profundo que se soldó inmediatamente, como si nada hubiera sucedido. Es lo que ocurre con los cortes profundos, se parecen mucho a no haberse cortado en absoluto. Era tan profundo que no dejó huella, apenas nadie notó nada.

2009

Se va acercando el año nuevo. Hemos sido niños, buenos o malos pero hemos sido niños, y los Reyes Magos sólo te traen regalos si eres una niña (buena o mala, no importa). Me he pasado los últimos días recuperándome. No sé muy bien si me recuperaba de un resfriado, de una bronquitis o de unas palabras. Tampoco importa. Lo importante es que ya estoy casi bien, lo importante es que subiré al norte para dar un abrazo a la gente del norte (la gente del norte se merece muchos abrazos) y subiré también para limpiar mi terraza y que la vecina de abajo no tenga filtraciones por una buena temporada.
También estaré sana por una buena temporada, hasta el próximo resfriado o bronquitis o hasta las próximas palabras. Entonces volveré a tumbarme en la cama y a pensar que estaría mejor en otro sitio, muy al norte o muy al sur, pero en otro sitio, en un sitio donde poder ser niña con treinta años sin que se rían de mí o me tomen el pelo. Así los Reyes Magos me traerían infinidad de cosas.
Lo terrible es…

El fin del mundo

El fin del mundo existe. Es un abismo. Nadie lo ha visto. Todo el mundo le tiene miedo. Pensamos que el fin del mundo no existe porque un día un tipo no demasiado espabilado quiso dar la vuelta al mundo. Y lo consiguió, vaya si lo consiguió: todo un continente entero para conseguirlo. Por esa razón pensamos que el fin del mundo era una mentira, como el infierno o el cielo, que servía para asustar a los niños (a los no muy listos). Así que nos lo creímos, porque nosotros sí que somos muy inteligentes, a nosotros ya no nos van a engañar con cuentos para no dormir. Imaginamos la tierra totalmente cerrada, como un globo irrompible, sin abismo ni monstruos. Pero yo tengo una nueva noticia: existe. Así que no andéis tan tranquilos, no caminéis seguros sobre esta tierra, no seáis poco cautos. Un día alguien se caerá (yo misma) y entonces no podréis decís que no os lo había advertido. A partir de ahora una voz vivirá debajo de todos los pasos: "cuidado, el fin del mundo existe. No está l…

Fresas

Puede que sea quejica, que no sea otra cosa más que quejica. Aunque todos sabemos que la queja es como la pereza, son esas cosas que nunca son lo que parecen, siempre esconden algo detrás, algo que sólo sabe quien es capaz de bañarse en aguas sucias (se requiere cierta audacia, no lo vamos a negar ahora). Por eso no me voy a quejar esta vez, voy a dejar que pase el día, sin nada reseñable, sin apenas dolor y con la respiración suficiente. Voy a comer tres veces: desayuno, comida, cena, tan metódica como un monje. Voy a contestar a todas las llamadas de teléfono y seré simpática y nada quejica (ya no estás en edad de serlo). Hoy no voy a tener frío, ni sueño, ni nada en absoluto. Pero, sea como sea, tú lo sabes muy bien, las fresas siempre crecen... lejos... al otro lado... de la cerca. Las fresas ¡son tan buenas!

La Alhambra

Él miró a la Alhambra, el hermoso edificio, una de las maravillas del mundo, el orgullo de nuestra madre España. Estaba al otro lado de la ventana, monumental, hipnótica. Sabía que no iba a ser padre. No ahora. No esta vez. No era el momento. La alhambra brillaba al otro lado. Él no apartaba sus ojos de ella. De la Alhambra. También. Granada es una tierra con una belleza muy dura. Él miró a la Alhambra y le pareció una imagen vacía, una postal, un trozo de la nada más terrible.

Un día me lo encontré, ya lejos de Granada, pero no podía dejar de mirarla. A ella. A la Alhambra. Aún estaba clavada en sus dos ojos.

Sencilla

Simplicidad. Tranquila. Las cosas son exactamente lo que parecen. Eso es un tibio consuelo (otras veces es un consuelo en toda regla). Por eso el blanco y por eso vuelvo a casa siempre antes del último metro. Me siento en los vagones vacíos, aún sin sueño, como quien viaja a un país distinto, a ver a personas que no conoce. Es suave el metro. Suave y blanco. Huele bien. O bueno, no huele tan mal como en París. Nadie mea en las esquinas de los metros. Aquí somos todos extremadamente limpios. Nos duchamos todos los días y lavamos las camisas con jabón lagarto. Es así, no hay por qué ofenderse. Somos limpios y no del todo sanos, sólo lo insanos que nos permite la limpieza. La sencillez es sana, también. Sólo necesito aprender a ir de un lado a otro, a desplazarme, necesito aprender a caminar o a andar en bici o incluso a conducir un coche o un helicóptero. Cualquier cosa con tal de saber qué movimientos hacer, cómo y cuándo y aprenderlo todo como un paso de baile, undostres, undostres, u…

Taza rota

Lo cuento para no olvidarlo, para volver una y otra vez y saber que ha sucedido, que forma parte de mi vida y que pasó en un día determinado, a una hora, bajo el cielo de una ciudad concreta. Luego quién sabe si se pierde, si es un hecho que no va a importar en absoluto, si es poco más que el material convulso del que están hechos los días. Pero siempre pienso, ¿y si no? ¿y si es realmente un hecho crucial? Imagina, luego, cuando pase el tiempo (no demasiado, el suficiente) vuelves la vista atrás y te das cuenta de que aquello fue el final de algo o el inicio de otra cosa, o mejor aún, que anticipó algo más grave, algo que no necesitarás apuntar para acordarte.
Bien, hoy mi taza se ha roto por completo. Llevaba tiempo rajada desde el fondo hasta casi el borde. Me parece importante porque era una buena taza, porque aguantó mucho y porque nunca se me cayó ni hizo ningún ruido extraño cuando dormía en el fregadero. Un día aparecío con una línea marron en su interior y había perdido su sua…

Dirty Dancing

¿Qué por qué me gusta esa película? ¿En serio tengo que explicarlo? ¿De verdad hay que hacerlo? En fin. Tú lo has querido.
Había una vez un lugar donde siempre hacía frío. No importaba que fuese invierno o verano, que una estuviera dentro o fuera de casa; el frío se colaba en los huesos y no había modo de sacarlo. Por las noches las sábanas estaban humedas de frío y por la mañana una gotita helada caía de la nariz, durmieras como durmieras. Incluso con el culo pegado (literalmente pegado) a la cocina de carbón, hacía frío.
Pues bien, en ese lugar tan frío yo me sentaba a medio metro de la televisión, como quien acerca sus manos a la estufa. Me sentaba ahí y esperaba el raro milagro de sentir un poco de calor, aunque fuera de mentira, aunque no existiera aquí y ahora y sólo estuviese reflejado en la tímida pantalla, en lucecitas verdes, rojas y azules. Calor. Sólo eso. Pero nunca surgía la transformación, nunca en aquellas imágenes apareció una escena tan tierna como para calentar los hu…