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Explicación

No soy muy amiga de dar explicaciones. Sucede que me gusta la ambigüedad sobre casi todas las cosas. Me gusta que cada palabra tenga un significado diferente para cada persona que la lea y me apasiona que mis catalizadores no sólo catalicen algo mío y personal y único, sino un poco de cada uno de ustedes.
Sucede sin embargo que quiero haceros un regalo. Los regalos son buenos. Los regalos están bien. Por eso y por nada más que eso voy a renunciar momentáneamente a la ambigüedad para explicaros por qué G. y yo siempre nos felicitamos "el fin del mundo o el año nuevo". Con su permiso, señorita:

Fue hace no mucho tiempo, en un concierto de Lhasa de Sela, cuando G. y yo nos sentamos en la primera fila y renunciamos a casi todo lo renunciable. Nos quedamos absortas y prometimos cosas que prefiero no repetir aquí.
En ese concierto, Lhasa nos dio algo más que unas cuantas canciones.
Uno de los regalos que nos hizo fue contarnos esta historia: contó que se encontraba en una base naval junto con los soldados. Contó también que esa base estaba decorada, llena de banderitas y luces, pues era navidad. En el horizonte estaban los barcos enemigos, preparados para atacar.
Había entre la gente una sensación ambigua. Tenían, por un lado, miedo del ataque inminente. Por otro lado querían celebrar el año nuevo. Esperaban, esperaban la muerte o el nuevo calendario. Verían luces, luces de fuegos artificiales o de bombas. Algo cambiaría después de esa noche, aunque no se sabía muy bien qué iba a ser.
Por eso a partir de entonces amamos las fronteras, por eso tenemos un poco menos de miedo, y por eso, después de aquel concierto, siempre brindamos por el fin del mundo... o el año nuevo.
(Lhasa cantó así)

Comentarios

Yo aún no sé si lo soñamos o sucedió realmente.
Ya he escrito mis deseos para el año nuevo (o el fin del mundo)

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