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La Alhambra


Él miró a la Alhambra, el hermoso edificio, una de las maravillas del mundo, el orgullo de nuestra madre España. Estaba al otro lado de la ventana, monumental, hipnótica. Sabía que no iba a ser padre. No ahora. No esta vez. No era el momento. La alhambra brillaba al otro lado. Él no apartaba sus ojos de ella. De la Alhambra. También. Granada es una tierra con una belleza muy dura. Él miró a la Alhambra y le pareció una imagen vacía, una postal, un trozo de la nada más terrible.

Un día me lo encontré, ya lejos de Granada, pero no podía dejar de mirarla. A ella. A la Alhambra. Aún estaba clavada en sus dos ojos.

Comentarios

Libertad Kaiser ha dicho que…
Cambio de imagen...que blanco más digital!

Y sobre el texto.....me queda pendiente una visita:

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a-escena ha dicho que…
Hay lugares que no se pueden dejar de mirar. Como personas de admirar.

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