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Lamarckista

Sí. A estas alturas me pongo a decir que Darwin no tenía razón. El pobre lo intentó, eso no se puede negar, y hemos vivido según sus teorías muchísimo tiempo: selección natural, vive el individuo más adaptado al medio. Conclusión: viven los mejores, los más altos, los más fuertes, los más hombres, los que saben ser flexibles y los que pueden hacer que los escuchen. A los demás se los traga la tierra y su material genético se pierde para siempre.
Pero vamos a ver ¿de verdad te lo crees? ¿De verdad en el mundo hay tanta casualidad que es posible imaginarse una aleta convertida en pierna a fuerza de "casualidades"? Resultan difíciles de tragar los pasos intermedios. No eso de que un pescado termine siendo mono, con eso podemos comulgar, el problema son esos pasos intermedios que lo han convertido en mamífero. Darwin no se sostiene sin tanta fe como requiere el creacionismo. Y ahí entramos nosotros: los lamarckistas.
Lamarck decía que una jirafa nacía con el cuello más largo porque su mamá-jirafa había estirado mucho el cuello para alcanzar las hojas de los árboles. Vale, suena a cuento chino, suena a teoría pasada de moda y parece que Darwin superó esta idea con su explicación de las "casualidades afortunadas" o "selección natural". Pero ahora pensemos que nuestras células están llenas de información. Sí, pensemos en el ADN, en la cadena que hace que cada ser sea de una determinada manera. La evolución consiste en un cambio en ese ADN. Hasta ahí todos de acuerdo. Son leyes de la genética.
Vamos a pensar ahora que un ser vivo desea algo de una manera desmedida. Lo que desea afecta a su propio ser. No vamos a pensar que la jirafa estira el cuello para alacanzar las hojas de los árboles, sino que desea con todas sus fuerzas alcanzar esas hojas. Si hay algo que puede transformar la información contenida en cada célula, ese "algo" no es la casualidad, sino el deseo. ¿Por qué? Porque el deseo transmite información a las células, y es más fácil pensar que la información transforma la información a creer que es la casualidad la que lo hace. ¿No es cierto? Pues bien, los seres vivos se transmiten información a sí mismos a través del deseo y las células reproductivas guardan esa información, ese ADN transformado ligeramente por las meras ganas de transformarse. Es así como, poco a poco, nos vamos convirtiendo en otra cosa.
Otra pregunta ¿el deseo es siempre positivo? Dicho de otra manera ¿la evolución nos transforma en mejores de lo que éramos? Basta comprobar cotidianamente aquello que deseamos para darnos cuenta de que no es así. Es más, me atrevería a decir que siempre deseamos lo que no tenemos o incluso aquello que nos puede hacer daño. ¿Entonces? La evolución responde a nuestros deseos de no ser lo que somos. La información está en permanente movimiento.
Por tanto lo digo bien alto: ¡Soy Lamarckista! ¡El deseo es el único motor de la transformación en este mundo! Lo digo y me quedo tan ancha.

Comentarios

Libertad Kaiser ha dicho que…
Lo dices y es tu deseo decirlo.
Por cierto, la mayor parte de la obra de Darwin no está traducida al castellano, y ahora se acaba de editar La Reproducción de las Orquideas...por si hay algún darwinista.
Y digo yo, si deseo fuerte no desear, podré evolucionar en mí misma?
Sonia ha dicho que…
¿Y que deseemos no es la mayor de las casualidades?.
En cualquier caso, y si nuestras hijas son futuro de nuestro ansia de no ser, igual mejor no reproducirse, por si acaso...
Ansetobeah ha dicho que…
Voluntad de poder et omnia vanitas.

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