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Mostrando entradas de 2009

Cumpleaños

No fui a su cumpleaños no porque no me apeteciera, o hiciera frío, o fuera ya muy tarde para hacer planes de última hora.
No fui a su cumpleaños porque no me habría creído a mi misma dándole dos besos, un abrazo y deseándole cosas buenas.
Al final todo se reduce a un problema de verosimilitud.

Versos

También habría que firmar un pacto hipocrático para escribir poemas.
Y sellarlo con lacre.
y ten mucho cuidadporque nunca sabrássi pones en peligrola vida de tu ser más querido para escribir dos versos, es decir,para que esos dos versos se escriban y te olviden.De la Muerte en Verano, Francisco Javier Ávila

Elección

Yo tampoco quiero
Venecia
sin ti.

Carpetas

Ella guardó su foto en la carpeta "mi gente" de su computadora.
Él se puso muy contento.

Él escribió un comentario.
Él dijo "Acabo de ser incluido oficialmente entre tu gente :-) Genial" y fue feliz.

Ella no contestó nada.
Ella pensó que ya bastante había hecho incluyendo su foto en esa carpeta.

Porque la verdad es que tardó bastante en decidirse. Tardó bastante en abrir esa carpeta para poner su foto. Ella elige cuidadosamente cada una de las fotos que mete en la carpeta y aún más cuidadosamente aquellas que borra. Cada foto que borra la hace envejecer un poco, así que tiene que ir con sumo cuidado, no vaya a ser que un día se haga demasiado vieja sin darse cuenta.

Creo que, cuando ella vio su comentario, sus dedos vacilaron un instante, decidiendo si debería borrar ese comentario, o esa fotografía, o toda la carpeta.
De alguna manera esa carpeta era un museo, un lugar donde colocar a toda la gente a la que echa de menos porque no están con ella.

Él no se dio cuenta, pero …

Formol

Conservo algunas cartas. Tampoco todas, la mayoría de las cartas se desprenden de nuestras manos y pasan a vivir en otro lugar, en otro tiempo, a formar parte de otra familia. Hoy las he vuelto a abrir. Las he leído. Hoy, que tengo tantas cosas que dejar hechas. Esta noche cojo un avión para aquella ciudad en la que fui adolescente. Me lo creo a medias. El viaje. La ciudad. La vida. He aprendido a sobrevivir al escepticismo, pues demostrado está que después del fin del mundo lo único que sucede es el año nuevo, que nada se interrumpe, que los procesos continúan, pero sobrevivir al escepticismo no significa que se haya disipado en absoluto. Miro las cartas como quien mira las marcas de la pared de la casa veraniega para ver cuánto ha crecido de un año a otro. Hemos crecido, quien va a dudarlo, pero esas marcas también nos dicen que siempre seremos lo que fuimos, que el metro sesenta contiene al metro cincuenta e incluso al metro veinte. A veces creo que está todo en las cartas. No la…

Cronología

Mi casa tiene tres tiempos. El hoy está en el piso de en medio, el ayer en el piso de abajo y el mañana, por supuesto, en el piso de arriba. Por las noches el hoy cae sobre el ayer y el mañana sobre el hoy, mientras un nuevo día se prepara arriba del todo.
Yo vivo en el ayer, sobre todo. A veces hago cosas en el hoy (generalmente comer, tender la ropa o ver la tele). Al mañana casi nunca subo. No hay nada allí que me pertenezca. Por las noches, si me pilla un sueño ligero, noto cómo los días caen lentamente sobre mi cuerpo..

Necesidad

Creo que hay golpes en la vida que te hacen fuerte. Pero también, y esto no hay que olvidarlo, te vuelven desdeñosa. Supongo que son los ángeles que te obligan a tomar conciencia de la realidad de la existencia y la relatividad de todo lo demás.
A veces me invade el espíritu romántico, el mismo que me hacía imaginarme mi funeral cuando era adolescente (menos mal que por aquel entonces los emos no existían), y es ese espíritu el que me hace imaginarme la vida de los otros si yo estuviera en ella. No sé si por la muerte o por una repentina desaparición o huída. Sólo que ahora no me los imagino como antes, llorando y pálidos sobre mi cadaver, maquillada como una verdadera Ofelia prerrafaelita. Me los imagino no demasiado distintos a como son ahora. Me imagino su día a día, la compañía que le harán sus cosas cotidianas, sus tristezas y miedos, sus pequeñas y grandes alegrías. Me imagino que todo, al menos todo lo importante, volvería a su sitio. Ninguna existencia daría un vuelco inabarcab…

Tumores

Por lo que veo, las palabras te encolerizan más que los nefandos hechos.

Cantar de Valtario

Porque las acciones no duelen. Se hacen. Son hechas. Y punto. No hay más vuelta de hoja. Tampoco los desplantes, las decepciones, los olvidos o los crímenes. Todas ésas son cosas con las que podemos convivir. Al final quedan por perdonar las frases, sólo las frases, las tímidas y enclenques palabras son las que hacen daño.
Así que de entre las pocas cosas que me han herido en la vida (y digo herido de verdad, de tambalearme sobre el suelo y pensar que alguien tendría que morir en ese momento) está aquella frase: "la perra tiene unos tumores tan grandes como tus tetas". No fue desafortunada la comparación, fue simplemente imperdonable.
Luego me explicó que fue lo primero en que pensó para que me hiciera una idea del tamaño, que no se le ocurría nada en este mundo que tuviera el mismo tamaño que mis tetas. Yo no pude soportar la idea de ver mis tetas como tumores de una doberman.
La perra mu…

Feliz Año

Ni siquiera las velas más grandes son infinitas, pero este año tenemos una enorme vela verde. Se acabará, quién lo duda, pero durará mucho. Espero que baste para este invierno, que os tengo a casi todos tan condenadamente lejos.

Compañía

Las teclas de la máquina de escribir me producían una suerte de tranquilidad.

La casa no estaba nunca en silencio, y no era por los discos de Joaquin Díaz que T. y yo escuchábamos una y otra vez hasta aprendernos de memoria más romances de los que serías capaces de imaginar. Tampoco era por la tele, la radio o los gritos de alguien que se había ofendido mucho. Lo que hacía que en mi casa no existiera ese silencio desasosegante y vacío eran las teclas de la máquina de escribir.

Papá siempre estaba a medias de escribir algo. Nunca empezando o terminando, siempre a medias de escribir. Tecleaba con dos dedos, los índices con considerable rapidez. Fue a un curso de mecanografía, pero a duras penas se le quitó el vicio de los dos dedos. Yo estuve más tiempo en mecanografía. Si me descuido un par de meses más me acabo presentando a exámenes de secretaria. Menos mal que, cuando estoy a punto de conseguir un objetivo concreto, paro a tiempo, doy media vuelta y me voy.
En casa siempre sonaban las …

Tiempo

Sí que es otro tiempo. Por si alguna vez lo había dudado, ayer un hombre y un hermoso piano de cola me hicieron tomar conciencia con seguridad absoluta. No sé si es exactamente la música lo que mide el tiempo de otra forma, o es el arte, o el sexo, o la muerte. No lo sé. Pero sé que que es un tiempo distinto, que no hay un solo reloj en este mundo capaz de calcularlo, y que sólo a veces, sólo en contadas ocasiones, llegamos a acariciar su naturaleza indómita y aún salvaje.
Al principio me empeñaba por medirlo igual que lo había hecho siempre, por ponerle principio, final, duración o consistencia. A veces intento pensar mientras este tiempo salvaje sucede, aunque sea para poder organizarlo según el hilo de mí misma. Me da miedo que empiece y, una vez que ha empezado, me da más miedo aún que se termine. Como si pudiera terminarse, como si dentro de sí mismo hubiera momentos y espacios delimitados.

No. Es un tiempo que no puedo conocer, ni dominar, ni medir, ni esperar de él un principio y…

Principios

Papá me lo preguntó, y yo no fui capaz de responderle.
Me preguntó ¿qué es lo que vio la primera mujer de Barbazul?
Está claro que las demás vieron cabezas cortadas, vieron sangre, vieron lo que les ocurrió a sus predecesoras.
Pero ¿qué vio la primera? ¿qué había en esa habitación que causara tanto espanto? ¿Cuál es el principio de la historia?

Insomnio

Si pienso en que sucederá algo muy bueno, tengo miedo de que la realidad me decepcione.

Si pienso en que sucederá algo muy malo, tengo miedo de atraerlo hacia mí y que la realidad lo confirme.

Por eso no duermo bien, porque mis pensamientos para conciliar el sueño siempre han sido las recreaciones de un futuro extremo y ahora, supongo que cosas de la edad, ya no puedo pensar en nada. Y es difícil, muy difícil, conciliar el sueño sin pensamiento alguno que lo arrope.

Puzle

--¿Tú sabes montar el anillo de mamá?
--Sí. Yo sé.

Vacaciones

Mis dilatadas (en el tiempo y en el espacio) vacaciones tocan a su fin.
Siembro hibiscos en mis zapatillas, por si el invierno es largo, o frío, o duro, o no sabemos qué hacer con él.

Paciencia

Lo jodido, lo realmente jodido de los angelotes es su paciencia, su infinita paciencia, su capacidad de esperar por una años enteros. No importa el tiempo que intentes escabullirte, tarde o temprano encontrarás un angelote sobre la repisa. Es una vieja ley de la que culpamos a las abuelas y de la que ya es imposible escapar. Los angelotes, amigos míos, son así.

Desprendimiento

Fue el portero (a) abrirle la puerta:

--Entra, señora mía, que Kutah se pueda alborozar por ti,
Que el palacio de la Tierra sin regreso se alegre de tu presencia.
Cuando la primera puerta le hizo cruzar, / Arrebató y quitó la gran corona de su cabeza.
--¿Por qué, oh portero, quitaste la gran corona de mi cabeza?
--Pasa, señora mía, así son las reglas de la Dueña del Mundo Inferior.
Cuando la segunda puerta le hizo cruzar, / Arrebató y quitó los pendientes de sus orejas.
--¿Por qué, oh portero, quitaste los pendientes de mis orejas?
--Pasa, señora mía, así son las reglas de la Dueña del Mundo Inferior.
Cuando la tercera puerta le hizo cruzar, / Arrebató y quitó las cadenas de su cuello.
--¿Por qué, oh portero, quitaste las cadenas de mi cuello?
--Pasa, señora mía, así son las reglas de la Dueña del Mundo Inferior.
Cuando la cuarta puerta le hizo cruzar, / Arrebató y quitó los adornos de su pecho.
--¿Por qué, oh portero, quitaste los adornos de mi pecho?
--Pasa, señora mía, así son las reglas de la …

El otro lado de la cama

Mamá dormía siempre en el lado izquierdo de la cama.
Papá dormía sobre mamá.
Cuando yo dormía con ellos (porque tenía miedo o porque me había meado encima) lo hacía del lado de mamá, junto a la mesita de noche de la izquierda.
No me gusta demasiado dormir sola en una cama grande. Me solía acurrucar en la esquina de la izquierda, con un libro, unos apuntes, un móvil, lo que fuera, al otro lado, para no sentir el horror vacui, el abismo del espacio demasiado vacío.
De todas formas sabéis que no siempre dormí sola. Al lado derecho, durmieron J.A., R, J, A y algún que otro nombre poco relevante (no muchos, alguno que otro). P. y yo dormíamos en camas separadas, así que no había ningún lado que repartirse.
Cuando llegué el viernes a casa (me di cuenta a la segunda noche) me acosté en el otro lado de la cama. Dejé las zapatillas en el lado derecho, me tendí bajo Corto Maltés y puse el cojín grande en mi antiguo lado izquierdo (todavía el horror vacui). Lo miré como quien mira sus fotos de cuando…

Espías

De pequeñas jugábamos a ser espías. Teníamos libros y aprendíamos códigos secretos: el lenguaje de las manos, el código morse, la tinta invisible hecha con zumo de limón, los mensajes secretos de colores. Era uno de nuestros juegos favoritos.
Pero ahí no quedaba la cosa. Éramos espías de verdad. Espías profesionales. Espías de esas a las que habría que haber pagado por su trabajo.
Mamá nos dejaba encargadas tareas: escuchar detrás de las puertas, apuntar quién llamaba por teléfono y cuánto tiempo duraba la llamada, leer los papeles sueltos, buscar datos, recopilar pistas. Nos lo tomábamos en serio, lo de ser espías, como si hubiéramos nacido para ello.
Llegué a dejar una grabadora en modo REC en la cocina, cuando vino R. a visitar a mi padre. Aquella cinta de casete fue una de las cosas más enormes, más pesadas que he hecho en mi vida.
Mamá nos enseñaba a espiar en silencio, a contarle las cosas sólo a ella, a mentir a las personas mayores. "Quien tiene la información tiene el poder&…

Sueño

Ayer, cuando conseguí dormir fácilmente (hoy ya no lo consigo) soñé con A. Me alegraba de verlo. En el fondo no le guardo rencor. Quien es capaz de ponerse precio a sí mismo no merece demasiado rencor por nuestra parte. Soñé que le preguntaba por Kirke y que él me respondía "está mal. Sólo toma café". Eso me preocupó. El café no es un buen alimento (menos aún si es el único) para los gatos.
Kirke es una gata. A veces pienso que es otra cosa, un alma, una venganza, un monstruo, una diosa, una personita... pero lo cierto es que es una gata.
Tenía completamente dominado a A. Le gustaba tenerlo en casa. Estaba más tranquila que nunca, a pesar de tener que convivir con un gato callejero al que toleraba a duras penas. A. quería mucho a Kirke (de la manera en la que se quiere a los gatos, claro está). La solía llamar "pompón adorable". Me pregunto qué pensaría ella de ese nombre, cómo le parecería que alguien la llamara "pompón adorable".
Kirke me conoce bien. De e…

Rendir cuentas

Y luego, repito que me iba a mi tierra, a aquella tierra suficientemente lejana para que cuantos hogares existían en ella parecieran ser uno solo, junto al cual el más humilde de todos nosotros tiene derecho a sentarse. Por millares nos contamos los que, ilustres o de oscuro nombre, andamos errantes sobre la faz de la tierra ganando del otro lado de los mares nuestra fama, nuestro dinero o sólo una corteza de pan; pero me parece a mí que, para cada uno de nosotros, el volver a nuestra tierra ha de ser algo como ir a rendir cuentas. Volvemos para hallarnos cara a cara con nuestros superiores, nuestras familias, nuestros amigos, aquellos a quienes obedecemos y aquellos a quienes amamos; pero aun los que ni unos ni otros tienen, los más libres, solitarios, irresponsables y desprovistos de todo lazo que los una; aun aquellos para quienes nuestro país no encierra un rostro que les sea caro ni una voz que suelan hallar dulces sus oídos; aun ellos mismos, tienen que encontrarse con el espíri…

II. Señorita

Él no le gustaba a nadie. Ni a las chicas, ni a mi padre, ni a mi madre, ni a mi hermana, ni a mis amigas, ni a Ángeles (Ángeles que era la persona más buena del mundo, Ángeles que quería a todo el mundo) y creo que en el fondo tampoco le gustaba a su propia familia. Creo que eso era exactamente lo que me gustaba de él. Estar con él era quitarle la razón a todo el mundo, a cada una de las personas que se consideran suficientemente buenas como para juzgar a los demás. Mi decisión cobraba entonces un valor casi histórico, temible, absoluto. Mi decisión no era producto de las decisiones de otros, yo no era la que se llevaba al más popular de la clase ni la que le levantaba los novios a sus amigas. Nada más lejos de la realidad. Yo era la mejor de todos ellos, la soberbia, la capaz de rescatar a un hombre de su propia destrucción, la que tenía un poder único, la más civilizada.
Así que todo sucedió bastante lejos de los instintos animales, de esos mismos instintos que nos hacen abofetear l…

Isla

Puede que sea la distancia lo que me separa, lo que me impide volver a la isla. Puede ser eso o el cambio de continente, porque cambiar de continente es traspasar una gran, una enorme frontera. O también puede ser la "hora menos en Canarias", el dato objetivo de que allí el tiempo es distinto y en él ocurre una vida diferente.
También, por aventurar, podría ser la incapacidad de utilizar todo lo aprendido en esta parte del mundo para emplearlo allí, en la otra parte. La certeza de que volveré a ser exactamente igual que como era la última vez que estuve, ni más ni menos, ni más lista, ni más fuerte, ni más segura de mí misma.
Es lo que ocurre cuando vas a un lugar con una regularidad ritual. Así ocurrió en el Colloto de cada sábado y así ocurre en el Tenerife de cada verano. No hay más vuelta de hoja. No existe discusión al respecto. De nada vale imaginarse volviendo al territorio de la infancia, como una vieja nostálgica, cargada de todos los fracasos y las alegrías de la vid…

Fuego

De pequeña me encantaba el fuego. Aún me gusta. Me he quemado pocas veces en mi vida, y las quemaduras ni me molestan ni me duran demasiado.
Papá decía que "quien juega con fuego se mea la cama" y no le gustaba que jugara con naipes ni con fuego. Daba igual que al poker sólo nos apostáramos garbanzos y daba igual que el fuego se limitara a quemar cerillas. "Juegos de manos, juegos de villanos" y "quien juega con fuego se mea la cama".
Yo en cambio pensaba que había algún dios (siempre fui politeísta, qué le vamos a a hacer) encargado del fuego que me quería. Lo mismo que la diosa de los animales. Ningún perro me mordió nunca en el culo y jamás me quemé con una cerilla.
Jugaba a carbonizarlas enteras, sin soltarlas de la mano. La cerilla ardía hasta no poder más y los mosquitos nunca me picaron. Era algo así como un trato bien hecho, un negocio bien cerrado, unos socios en los que poder confiar.

También es cierto que tardé mucho en dejar de mearme la cama. Muc…

I. Cistitis.

Una cistitis no es mucho. Ganas de mear constantes. Nada de alcohol. Beber mucha agua. Zumo de arándanos y, a una mala, tres días de antibióticos. Es casi lo mínimo que te puede pasar cuando tienes el coño expuesto a demasiadas agresiones externas o internas. La regla. Aguantar las ganas de hacer pis. Un bañador mojado. Follar. Casi es una sencilla ecuación matemática de resultado igual o mayor que.
Sin embargo la primera vez que tuve una infección de orina me resultó algo tan extraño, tan fuera de lo esperable, tan imposible de solucionar, que aún tiemblo al pensarlo. Os contaré la historia.
Yo le había mandado una carta a S. en la que escribí TE QUIERO en letras gigantes y a lápiz (porque hubo un momento en que pensaba que el lápiz era mejor, que el lápiz no quedaba ahí para siempre, que se podía borrar, como si ciertas frases, ciertas palabras, fueran tan duraderas que necesitaran de lo efímero de la mina de carboncillo para equilibrarlas). Fue la primera vez que me declaré a nadie. …

Martini S.A.

Ahora sólo bebo té. Así empieza la canción, que como todas las canciones parece que están esperando por ti en algún lugar al que vas a llegar tarde o temprano.
Ahora sólo bebo té. Ni siquiera me dio tiempo de aprendérmela de memoria (sólo la letra, sólo me aprendo de memoria la letra, porque en la melodía poco tiene la memoria que hacer) y me fui sin música, sin ordenador, con una cámara de fotos averiada y un teléfono móvil, porque ya no somos capaces de renunciar a los mensajes --sí a todo lo demás--. Sólo con un libro de naufragios. Soy consciente de que los libros de naufragios son paradójicamente un mastil al que agarrarse cuando el barco empieza a hacer aguas. Por eso hay tan pocos, porque en un naufragio es necesario que no todo el mundo se salve, que haya cadáveres ("ce cadavre") y porque no podemos navegar siempre a salvo. "Al mar hay que tenerle respeto". Papá me lo repetía una y otra vez, para que mi soberbia no superara mi propia vida.
Y sin embargo nunca…

Tránsito

704 mensajes borrados del móvil. Foto del perfil borrada y cambiada. Fondo de pantalla del ordenador distinta. Carpeta "verano" sustituída por la carpeta "otoño". Suelo del cuarto barrido. Salsas de la cocina en la basura. Mochila azul con las últimas cosas de A. en el cubo de residuos orgánicos. Cartera azul sustituída por cartera de Dorothy. Piernas depiladas. Botellas de agua vacías. Libreta negra acabada. Lavadora de blanco puesta. Maletas deshechas. Música de llamadas sustituída por otra. Fotos borradas para siempre.
Cambio de estación o naves ardiendo. En esta orilla nadie ha pisado nunca. Me remango los pantalones y poso el pie sobre los cantos rodados. Es como meter los dedos en un río. El agua los recorre, los limpia, los purifica, los deja completamente solos, completamente libres.

Herida

Adelante, Mr. Cash, canta otra vez para mí. Canta para mí siempre. Te escucharé en el fondo de todas las cosas que no se entienden. Mr Cash, tienes la última palabra, aunque la última palabra sea esa: hurt.
Amo cada una de tus arrugas, cada una de tus cicatrices, cada aspereza de tu voz. Así que canta fuente, intensamente, con toda la brutalidad que existe sobre la tierra. También con toda la ternura.

Cuencos

La casa de M. es como un laberinto lleno de juegos, sorpresas y objetos inesperados. Hay que estar preparada para ir allí. Mente abierta. Ropa de abrigo. Pastelitos.
M. sacó su cuenco tibetano y lo golpeó con un trozo de madera. Después le dio vueltas al trozo de madera alrededor del cuenco y se lo puso delante a la pequeña R. y luego a mí. Recorrió con su sonido desde nuestra frente hasta nuestra barriga. El cuenco desprendía un sonido intenso.

--¿Te molesta?, preguntó

R. contestó que no. Yo contesté que un poco delante de los ojos.
M. dijo que sólo molestaba si teníamos alguna parte bloqueada. También dijo que había personas que no soportaban el sonido ni de lejos.
Hoy pensé que hay personas que son como cuencos tibetanos, que sólo las soportamos si nuesta alma no está enferma. Y libros. Sí, también puede que haya libros de esa clase.

Un año

No una semana. No. Ni un mes. Ni unos días. G. murió hace nada menos que un año. En un año suceden muchas cosas. En un año hay viajes, rupturas, aparece gente nueva y pierdes el contacto con los de siempre. En un año vas y vuelves, en un año tienes conversaciones importantes y conversaciones difíciles (la vida está hecha de conversaciones difíciles). En un año hablas horas enteras por teléfono, escribes cartas, postales, mails, post, poemas, cuentos, exámenes, trabajos, declaraciones de hacienda. En un año te enteras de noticias, de incendios, de guerras, de caídas de la bolsa.
Pero nadie, nadie en absoluto se dio cuenta de que G. había muerto. Como si el mundo la hubiera olvidado, como si G. hubiera sido demasiado buena para este mundo de intrigas, mentiras y escondites. G. vivía en una isla pequeña, en una ciudad pequeña. Su muerte la tapó un volcán y un aire cálido.
Su ahijada fue la primera de nosotros en enterarse. Un puto año después. Lo más terrible de todo no fue su muerte, pues…

Deshechos

Sé que casi todo son deshechos. Yo misma tiré bolsas y bolsas de basura. Libros. Ropa. Periódicos. Repuestos. Muchos repuestos. Repuestos de cada cosa. Todos los objetos por duplicado, no fuera a ser que un día se perdieran o se rompieran o se prendieran fuego. Son deshecho los muebles, las lámparas, los botes de conserva. Son deshechos los objetos inútiles, los que estaban delante de las dos filas de libros en las estanterías, los muñecos, los ceniceros hechos de arcilla, los botes pintados. También es un deshecho la botellita que alguien pintó en la guardería y que pone "Sibi" escrito en el fondo, en un papel mugroso pegado por un celo que ha resistido el paso de más de 25 años (quién lo diría, el celo, el material indeleble, el futuro de nuestra información). Es tan deshecho esa botellita como los disquetes del Monkey Island, como los aparatos que no funcionan, como la nevera mil veces pintada. Sí. No es otra cosa. Sin embargo cayó al lado del cubo de la basura (no dentro…

Yo soy de arriba

Es raro que esto sea volver. Volver tendría que ser volver al norte, volver a la casita junto a la playa, volver a la ciudad que conozco, a la familia que me conoce, a los colchones de lana y a la cocina donde han pasado tantas y tantas voces (si mi cocina hablara...). Así que fue raro ayer, cuando me dejaron a la puerta de mi casa alquilada que comparto con gente que casi no conozco, cuando metí la nariz en la rosa y me temí que había vuelto a perder una apuesta(cada color tiene un olor distinto, eso es algo que ya sabemos), cuando me llamó B. a la una de la mañana para ver si andaba cerca del centro o al menos no me había metido en la cama o al menos estaba vestida... cuando me di cuenta de que había vuelto, de que ahora Madrid es un "volver". Pero, a pesar de todo, sigo siendo del norte, sigo eligiendo la sangre por encima de cualquier otra cosa.

Mercería

-- ¿Algo más?
-- Sí. Un acerico... no sé cómo lo llamáis aquí.
-- Sí, se llama acerico, pero ya nadie lo llama así.

(las mercerías tienen algo de viaje en el tiempo)

Acerico, cico, cico
no tiene patas ni hocico.
El hijo de acerico
tiene patas, hocico y coz.

Listas

Mamá hacía listas. Listas de los cumpleaños de la familia, de las cosas pendientes, de la comida que era más sana, de los ejercicios diarios. Mamá hacía listas. Las pegaba en la pared de la cocina, junto al almanaque de la Caja de Ahorros de Asturias. Mamá hacía listas. Listas en papeles de todo tipo, en hojas de publicidad y hojas arrancadas del almanaque de la Caja de Ahorros de Asturias.
No cumplía demasiadas cosas de las que estaban en las listas. Los papeles se iban amarilleando en la pared de la cocina, se llenaban de grasa, se despegaban. La tinta se borraba. Había cosas pendientes que pasaban de una lista a otra, de un papel a otro.
Mamá nos enseñó a hacer listas.
Yo también hacía listas.
Listas de cosas pendientes. Lista de todas las cosas que tendría que hacer. Una vez hice una lista en el espejo del cuarto de baño con lápiz de ojos color turquesa. Mamá ya no estaba en casa. Yo quité todas sus listas de la pared de la cocina, las que estaban junto al almanaque de la Caja de Ahor…

Inspiración Espiración

Tan fácil como contener la respiración. Dar un paso atrás. Apretar los puños. Bajar la cabeza. Asentir. Tan fácil como esconderse debajo de las sábanas, con el móvil apagado, con el ordenador apagado, con toda conexión con el mundo cerrada, con el ombligo hecho una pura cicatriz. Tan fácil como eso. Dejar que todo siga adelante, recluirme donde no moleste, donde no estorbe, donde no ofenda. No tener que responder de la acción, de la sonrisa, del mundo en general. No tener que hacerlo. Como si me drogara con morfina y me hubiera quedado años enteros en una chaise longue. Fumando. Quieta. Sin ofender. Callada. Como contener la respiración. Exactamente. Eso es. Sin respiración el tiempo no transcurre.
A veces llego a casa y pienso eso, en que sería fácil esconderse, morir de alguna manera para el mundo, dejar que las relaciones se hagan y se deshagan, que la gente se conozca, folle, se enfade. Observar todo desde lejos, con unos prismáticos grandes, como la científica que busca no interve…

Velas

Cuando apagué las velas sólo pedí una cosa: estar centrada.

El alma

El Dios del jardín se llama Teo.
Se encarga de arrancar las malas hierbas, de podar los rosales (siempre por encima de los brotes) y de cortar tres flores para el jarrón inclinado.
A veces se le va la mano, pero a qué Dios no se le va de vez en cuando...
Teo es un buen Dios.

Puertas

Abro una puerta todas las mañanas. Junto al té y las galletas siempre hay una puerta. La puerta puede ser una frase, un paseo, una decisión para llevar a cabo a corto o medio plazo. Detrás de las puertas nunca sabes muy bien lo que te puedes encontrar. Por eso nos gustan los arcos, los portones cerrados, los picaportes. Nos gusta mirar desde fuera los umbrales, o tocar y escondernos, como niños traviesos, amos y señores de las calles.
No soy una persona curiosa. Cuando alguien se hacía de rogar para conarme sus secretos yo respondía un "deja, no te molestes, en realidad no quiero saberlos" lo mismo que cuando alguien ponía sus dedos en forma de pistola y gritaba "¡manos arriba o disparo!" yo contestaba un cínico "Adelante. Dispara. Soy inmortal". Tímida vengadora. También cuando veía que alguien (generalmente un tío) disfrutaba sobre manera haciéndome cosquillas las aguantaba hasta que desistían y soltaba un triunfal "no tengo cosquillas". No. No…

Plaga

Lo que más asco me dio no fue que hubiera polillas, no me dio asco verlas ni tocarlas. Lo que más asco me dio tampoco fue que hubiera huevos de polilla en el techo de la cocina. Ni siquiera fue tener que limpiar con una servilleta humedecida aquellos huevos y notar que su redondez resbalaba por las yemas de mis dedos. Lo que más asco me dio, lo que no puedo recordar sin un escalofrío, lo que aún me atenaza la respiración, fue la forma de aquel conjunto de huevos. Porque los huevos de polilla tienen también forma de polilla, y una sólo es capaz de resistir lo idéntico hasta cierlo límite. Más allá de ese límite el asco es inevitable.

Golondrinas

Cuando se murieron nuestras golondrinas pensé en que nunca me había gustado aquel tango, pero también pensé en que una nunca sabe cuándo puede necesitar a Carlos Gardel. Pasa con todo lo que es mayor que nosotros, que nunca sabemos cuándo podremos necesitarlo. Lo pensé, pero no dije nada. No canturreé nada. Callé decentemente la boca. El tango sólo sonaba en mi cabeza.


La puerta de la Nostalgia

Hay lugares a los que una debería volver sólo cuando ha pasado suficiente tiempo, sólo cuando los reflejos están a punto de borrarse.

Correspondencia

Seguro que la recuerdas, aquella noche en el bar llamado El Buho, con Pedro Guerra sobre nuestras cabezas, con el permiso para sorber mojitos, con mucha, muchísima luz aunque fuera de noche (porque no todas las luces se ven a simple vista) y con ese verso que retumbó en nuestros dos pequeños corazones... "y los verdinos callaron". Fue sólo un instante, y ese verso fue difícil de encontrar luego y aquel momento, aquel instante en que nos rescataron del exilio fue imposible de recuperar (pero nadie, nadie en absoluto, ni siquiera el mismísimo Pedro Guerra canturreando el romance con los Sabandeños, nos lo podrá quitar jamás). Aquí estamos tú, yo, ella. Aquí está mi correspondencia a tu regalo.

Copia

Cuando mi abuela paterna me dijo que me iba a regalar mi vestido de Primera Comunión y me preguntó que cómo lo quería ni siquera me pensé la respuesta: Quiero uno como el de mamá. Uno que sea exactamente igual al de mamá.
Pero en realidad no quería su vestido. Quería su mirada. Esa mirada de orgullo. Esa conciencia de que por un instante, al menos en ese momento, no existía un ser más enorme sobre la faz de la tierra, un ser al que Dios (su Dios) quisiera más.
(Gracias, T.)

Bondad

Minimiza los daños. Recoge tus cosas. No olvides nada. No dejes la cama deshecha, ni flores encima de la mesa, ni tu taza sobre la mesita. No estés nunca demasiado tiempo ni realices actos demasiado grandes. No está bien. No es justo. La crueldad consiste en volverse imprescindible para marcharse luego. Pasa por los lugares sin casi dejar huella, pisa despacito, no rompas vasos, no dejes tu olor impregnado en ningún lugar del que no se vaya después de diez lavados.
No te sientes nunca en el mismo lugar, no cojas sitio, no dejes que te recuerden luego, cuando observen las sillas vacías. No adquieras rutinas. Haz algo diferente cada día, cada vez. Nunca el mismo gesto con las manos o la boca. Procura no realizar tampoco actos propios, actos que te identifiquen como un ser único dentro de este mundo. No escuches música pasada de moda o imposible de conseguir en tiendas o en canales de televisión.
No hagas muchos regalos. Intenta regalar sólo objetos con precio. Un regalo que podría hacer c…

El corazón

Papá no le hacía muchos regalos. Él no era de hacer demasiados regalos y estaba bien, papá no entendió nunca la diferencia entre lo mío y lo tuyo, entre lo que nos pertenece y lo que no nos pertenece, así que no tenía mucho sentido hacer regalos.
Por eso los regalos que le hizo se pueden contar con los dedos de una mano: la lágrima de topacio, el broche de máscara que tenía ella en el bolso que le había meado un gato (tal vez Kira), la barquita de corcho que los dos se encontraron en un río cuando eran novios y la caja de música.
La caja de música, con una flor en la tapa y El Lago de los Cisnes en el interior, siempre me pareció lo más cercano que existía en aparatos artificiales a un corazón. Ella lo llenó de canicas, de las canicas con las que jugaba cuando era pequeña, y así su corazón no estaba nunca solo, en su corazón guardaba todas las canicas de la infancia, todas las pequeñas historias (cuando robó pensamientos, cuando su hermano le rompió el arco, cuando jugaba a las cartas …

Captura

En los días tristes me gusta venir aquí. Me gusta ponerme exigentona y egoísta. Me gusta arrellanarme en el sofá a sorber té. Me gusta pedir prestado un pendrive con alguna serie. Me gusta apoderarme del ordenador y cotillear todas las ventanas abiertas. En los días tristes siempre anima tener una hermana como la mía.

Entrecortadas

Barbazul

Era una caja de zapatos. Una sencilla cajita de zapatos. Estaba en lo alto de su armario y me la enseñó muy pronto y me dijo "mira, aquí guardo todas sus cartas".
Las cartas no se terminaron. Puede que no me guste recordarlo así, pero en realidad las cartas no se terminaron. Le llegó otra más y me dijo "me ha llegado otra carta".

Más tarde sí, porque él cambió de casa y de armario y no le dio la nueva dirección y guardó la caja de zapatos en la parte de abajo del nuevo armario empotrado, en el mismo armario donde yo más tarde colgué el anorak naranja que tan poco le gustaba, en el mismo armario que estaba junto a la cama donde yo dormiría casi todas las noches.

Pensaba a menudo en la caja, la pequeña y discreta caja de zapatos. Pensaba que había un punto dentro del armario, algo así como un agujero negro, una concentración de densidad, una habitación con cabezas cortadas por todas partes. No hablaba de ello. Nos gustaba pensar que nos entendíamos sin hablar demasiado…

Intenté evitarlo

Pero nada. Tarde o temprano siempre acabamos escribiendo un soneto de tema mitológico. Aquí está el principio, que en el post anterior me quedé con las ganas.


Yo no voy a pedir que tú respetes
Oh, poderoso mar, la vida de los hombres.
De sobra sé que hay que seguir el orden
Tras calma, tempestad. Tras vida, muerte.

Ni volveré a encender mi vela cuando este
viento la apague desde el norte.
Se morirá en tus aguas y la noche
Separará los cuerpos para siempre.

Pero deja que llegue sano y salvo
que le alumbren tu luna y tus estrellas
que descanse su piel entre mis brazos.

Oh mar, que los destinos creas
Aguarda un poco y ahógale, si acaso.
Ahógale, si acaso, cuando vuelva.

Leandro

Ahógale, si acaso, cuando vuelva.

Tradición

Ahora veo con claridad por qué no puedo amarlo
ni puedo odiarlo, o dedicarle una plegaria:
(Habría quedado tan divinamente grandioso como Hombre
y ahora como Dios aparece tan humanamente pequeño!
Miré hacia arriba, donde con mirada excéntrica
la imagen coloreada colgaba de la sencilla cruz.
Era día hacía tiempo - le volví la espalda
y me sequé las lágrimas - y me fuí...


R.M. Rilke

Muñecas

Por las noches regresan a mí las frases que yo misma puse en sus bocas. Sus boquitas de piñón me han encarnado. Con toda la crueldad, con toda la ternura necesarias. No estoy aquí más que para dar las gracias a mis actrices, para acariciar a mis muñecas. Cris. Cris. Mamá. Mamá.
"Así que aquí estáis, ¿eh, pillinas?"

Lentitud

Como si de un ensayo se tratase.
Ejecuto todos los movimientos necesarios con una lentitud pasmosa. Levanto un pie, luego otro pie, luego muevo la cabeza y coloco los platos o construyo cisnes o leo una letra detrás de otra. No es control, no controlo cada uno de los movimientos. Sólo intento aprender cómo hay que hacerlo, cómo se debería limpiar, estudiar, amar, comer, vivir. Pruebo una y otra vez, aún no preparada para el torrente de los días que se suceden, de las pocas horas de sueño y sin embargo los deberes necesarios para que nadie se ofenda. Es un ensayo. Eso es lo que es. Un ensayo. A ver si de una vez por todas, cuando sea la hora de la verdad, cuando toque el gran estreno, ésta que escribe presionando cada tecla con la presión adecuada, sabe hacerlo todo igual pero más rápido, mucho más rápido, para que le dé tiempo y no rompa nada.

Dos tetas

Dos tetas. Sólo dos. Ni una más, ni una menos. Dos tetas pequeñas y puntiagudas. Entre ellas duerme un ratón. Un ratoncito pequeño con la cola cortada. Sssshhhhh. Silencio. Que nadie diga nada. El ratoncito necesita dormir. El ratoncito que vive entre dos tetas necesita un sueño muy muy profundo y muy largo.

Cartas

Lo bueno de escribir cartas en una libreta es que no corres el riesgo de caer en la tentación de enviarlas a su destinatario. Y eso es una gran ventaja.

Re-presentación

Mañana jueves 14 de Abril a las 20:00 h.
Ateneo Obrero de Gijón (piso justo encima de donde vivió Roger Wolfe)
Presentación de Lunula (Charo, Berta, Maite, yo misma)
Si alguien se pasa 15 minutos antes le reto a una rapidísima partida de ajedrez. Las mesas del Ateneo son el mejor lugar del mundo para jugar al ajedrez.
Si alguien llega tarde tendrá que pagar la sidra de después (advertencia hecha).

Sobre el cuento

El otro día fui a una conferencia de Cristina Fernández Cubas, a parte de que dice cosas muy interesantes, me gustaron sus ojos saltones y su manera de hablar. ¡Tenéis que leer sus cuentos!

ñoaranza

de un golpe--

Poda y regeneración

Llegar a su casa era complicado. El jardín componía un laberinto de formas confusas, elevado a medias de piedra y tupidos arbustos. Los visitantes debían armarse de paciencia y no caer en la tentación de desesperarse pues en cuanto el espíritu del laberinto detectaba el miedo, eliminaba a su portador por métodos no conocidos, quedando sólo, en la entrada de la antigua mansión, ovillos de una lana carnosa, vegetal. Pero sólo los afortunados que llegaban a la puerta podían preguntarse de qué material estaban hechos los extraños ovillos amontonados.

Ella solía recibir a las visitas sentada ante una máquina de coser antigua que presidía el salón. La vista se iba inmediatamente a sus manos callosas y heridas de trabajar tan particular lana. A las preguntas de los más atrevidos, ella respondía que tejía arbusto de jardín para impedir el paso a los extraños.

Si uno pregunta en la cantina del pueblo cercano, los lugareños le dirán que la casa no siempre estuvo tan protegida. Después, con preven…
Ave incapaz de volar

Repasemos primero los defectos.
No soy rápida, desconozco la línea recta
y mi visión se ha hallado siempre muy deteriorada.
Por si todo esto fuera poco, mi fama de tonta me precede
y soy escandalosamente cobarde, me someto a cualquier autoridad.
No consigo encontrarme virtudes. Si acaso
que soy capaz de comer de todo
-no distingo el sabor agrio-
y todo me aprovecha.

Parece un milagro que ningún depredador
haya comprometido mi existencia.

Creo que el azar me protege,
quizás le resulte atractiva
la manía que tienen los hombres
de definirme con una paradoja.

El Coro

Todas las tragedias tenían uno. Al menos al principio, cuando en los teatros resonaba la voz de los dioses. A veces lo echo en falta, al coro, a esa parte común con la que dialogar, con la que llegar incluoso a pelearse.
El coro aparece cuando tiene que aparecer, y no cuando a una le viene mejor. El coro aparece en medio de los asesinatos, del matricidio o del incesto. Aparece casi como un monstruo, como un leviatán que emerge de las aguas y trae consigo la destrucción y la esperanza. Mi jardín está a medio plantar, mis rosas no han sido regadas en el último mes, mis ortigas crecen por todas partes. Sin embargo aquí está, EL CORO, los seres que me ayudarán a volver a reestablecer el orden perdido. Necesito a Charo para reparar las heridas de mi casa de Gijón. Voy a necesitar al coro para reestablecer el jardín.
Los cadáveres abonan la primavera. El coro llegó aquí para expiar las culpas de esto humano que aún me habita.

Ellos son:

http://losritosdepaso.blogspot.com/
http://vi230850.blogia.…

Rosas

Te regalo una rosa.
Es más. Te regalo todas las rosas que te dé la gana.
Nunca nos van a faltar. Kawasaki se ha encargado de eso.

Ancla

El no saber exactamente quizá también es importante. El camino bajo los pies. El cielo sobre la cabeza. Difícil conformarse sin todas las cosas que acompañan como un ancla. El ancla en el barco, la seguridad de que la podemos echar en cualquier puerto y quedarnos ahí una noche, una semana, dos meses, la vida entera. Así que miro mis libros no ya como mira el árbol sus horas, sino como miran los marineros su ancla, con la promesa de que llegaré a algún lugar donde sea posible posarlo todo, posarme a mí misma, como si yo pudiera ocupar muy poquito, tan sólo la materia de un cuerpo, de cincuenta y un kilos de peso y metro sesenta de estatura, cuando existe la certeza de que el ancla forma parte de todo, que mi traslado significa un camión, una mudanza en toda regla, un montón de ayuda externa (o al menos tener la promesa de una ayuda externa, con eso muchas veces es suficiente).
Suena Bola de Nieve. Esta vez no lo voy a poner. Sólo suena. Sólo para mí. Sólo "vete de mí" y saber …

Mamá

Yo también seré obvia. Esta vez no me vais a pedir originalidad, ni lucidez, ni nada. A la mierda los jodidos románticos, los geniales, los del siglo XIX. Voy a ir al supermercado de la esquina y voy a comprar una rosa roja, una vulgar rosa roja y voy a hacer cola en la caja de la cajera más guapa para pagarla con un billete azul. Nada de regalos que se preparan con tiempo, con astucia, con una tarjetita escrita para la ocasión. Nada de olvidar fechas o decir que una sólo hace regalos cuando le salen del corazón y no cuando lo manda El Corte Inglés.
Aquí está, mamá, con dos días de antelación, mi estúpido regalo obvio y vulgar, mi rosa roja del carrefour, mis ganas de llevártela a la tumba.

Despejándose

Presenten armas

MADRID. 8 DE MAYO. TRES ROSAS AMARILLAS. 20:00 HORAS.

Que nadie se atreva a decir que no avisé. No soportaría que alguien más se permitiera el lujo de juzgarme. Hoy no.

Epitafio

Porque todos necesitamos uno, igual que un nombre. No se puede vivir sin nombre ni se puede morir sin epitafio. Sin él sería como si nunca nadie nada hubiera existido. Aquí está. Aceptad el epitafio, grabado sílaba a sílaba, acorde sobre acorde, imagen tras imagen, encima de esta tumba en donde aún no crecen belladonas.

Manquer

Sucede que una nunca sabe muy bien lo que va a echar de menos, ni cuándo, ni por cuánto tiempo. Sucede que es una ciencia extraña, la de echar de menos, y una debería aprenderla poco a poco. Sí. Es eso. Una no debería morirse sin saber al menos reconocer aquello que va a echar de menos. Creo que es suficiente tarea para una vida. Porque si no lo reconoces sucede que de repente un día echas de menos un cuarto de baño de un bar de París al que no has hecho ni una sola foto, o echas de menos la ventana de Galway de vuelta a casa, con los primorosos cisnes bordados a ganchillo que te parecían entonces un poco ridículos o incluso echas de menos las empanadas de atún (no bonito. Atún) de aquella pastelería en la que no compraste nada para el viaje de vuelta.
Ir poco a poco recogiendo miguitas, las pocas que han dejado los pájaros. Recoger la foto de aquel cuarto de baño. Recoger las libretas viejas, las de las bofetadas, las únicas que saben mejor que tú hasta qué punto eres capaz de echar d…

Números

4394 mails desde 1997 hasta 2004.
A veces me asusta pensarlo.
A veces ni siquiera lo pienso.
En el fondo creo que he aprendido a convivir con ello.

Ubicación

Esta mañana, mientras me hacía a la idea de las medidas de la habitación y de la pared pegada a la cama conté las camas en las que había dormido. Nueve Diez camas en quince días. Va a ser difícil superar el record. Va a ser necesaria un poco de ebriedad para que todo se vuelva menos sólido, un poco de morfina para dejar mi cuerpo tumbado en en un lugar del todo inconcreto. Suena una y otra y otra vez.

Anubis

E. y yo encargamos aquella máscara de Anubis en la tienda de los Dioses cuando las dos tratábamos de que no existiera nada fuera de nosotras. Decidimos que necesitábamos a un Dios que protegiera nuestra pequeña y abigarrada casa de cualquiera que quisiera hacernos (hacerle) daño. "Anubis, el protector de todos los umbrales".
E. se fue un año después, tras lágrimas y alguna de las conversaciones más duras que he tenido en mi vida. Anubis se volvió violento, se llenó de sombras como si alguien lo apuntara con un foco demasiado potente y nada frontal. E. me retiró la palabra, como quien retira aquello más valioso que posee. Ya no hubo palabras entre nosotras, que nos las habíamos aprendido todas, que éramos las reinas de todas las palabras. Anubis calló y la dejó marchar.
Años después coloqué aquella máscara en otra pared, con una alcayata porque Anubis es demasiado macizo como para sostenerse con cuelga-fáciles. Entonces no sabía que los Dioses son mejores que los hombres, más f…

El aromo

Y tú, WR ¿qué quieres de la vida? Tú que eres tan tú cuando te levantas y tan poco tú cuando te acuestas, porque te has ido llenando de ese montoncito de cosas ajenas, de esas cuantas máscaras necesarias para sobrevivir (tan contrario a vivir, tan tener que elegir una de las dos cosas).
Contesta que una casa, un par de cosas bonitas, unos cincuenta libros, tres libretas. Contesta que una manta, un poco de alcohol para las noches frías, un sofá-cama. Vamos. Contesta eso si te atreves. Yo te cerraré la boca. Dejaré tu boca muy cerrada para que se derramen en ella ríos y tarros de miel y luego también hiedras. Las hiedras que se meten por tus fosas nasales y te llenan de salvia y troncos retorcidos. Contesta que quieres un marido y dos hijos y un trabajo de 2000 euros al mes y yo abriré tu boca para que el agua y la miel entren en ella y entonces ya por dentro no quedará nada de carne, ni una sola gota de bilis, ni un solo hueso y podrás ser un árbol. Porque si hay algo que quieres ser, s…

Sillones

Los sillones rojos son acogedores. En una ciudad como ésta es bueno saber un par de lugares acogedores, porque harán falta. Los sillones rojos no son un mal principio. Sentarse en ellos, descalzarse las botas, subir los pies, tenerlos a ellos al lado o frente a mí, a ellos frente a los que puedo descalzarme. Lo demás de la ciudad poco a poco se vuelve inteligible. Los mapas, los estancos, las esquinas, los sótanos. La forma de llegar desde La Latina a Malasaña pasando por Lavapiés. Las academias de baile. Los teatros. Los amigos. Sí, también los amigos se están volviendo inteligibles poco a poco. Es inteligible a distancia a la que hay que mantenerse para que no te muerdan el culo, justo justo como los perros del tío L., mantenerse a salvo, a tres pasos contados con las botas puestas.
Esperar hasta los sillones rojos para descalzarse, para empezar a contarlo todo, para desarmarse si aún fuera necesario (posible sí que lo es, he de decir que después de casi 30 años, seis casas, dos gato…

5:32 am

S.C.: No, tranquila. ¿Tú me dijiste algo de que para entretener a las ratas había que usar manzanas o lo soñé? Creo que lo soñé.

A.M.: Debiste soñarlo.

Sangre

Aquel hombre nos había engañado. Ya sospechamos algo cuando los perros comenzaron a caer enfermos de aquellos parásitos que eran como cucarachas. Sí, el hombre escondía algo, no nos estaba diciendo toda la verdad.
Lo descubrimos al analizar su sangre. Su sangre estaba tan degradada que había perdido el color rojo. Él la teñía a propósito para que nadie se diera cuenta de la burla, pero allí mismo, dentro de los tubos de ensayo, su sangre lechosa y blanca, casi como semen, quedaba al descubierto.
No hubo explicación. La falta de colores no tiene explicación. Simplemente no nos podemos fiar de alguien con la sangre blanca. Habrá que tomar cartas en el asunto. Eso es todo.

Postales

Confío en las postales para todas las cosas importantes de esta vida. Las postales son hechos, y por tanto convierten a la palabra en un hecho. Las palabras necesariamente pocas, necesariamente desnudas, necesariamente valientes para atravesar países sólo pueden vivir en estos trocitos de cartulina. Confío en las postales para contar secretos, para que me cuenten secretos, porque los secretos sólo lo son de verdad cuando cualquiera puede verlos pero casi nadie (a veces una sola persona) puede entender lo que quieren decir.
Por eso (quién sabe si fue por eso) hoy volvió esta postal que le escribí a ella, que ella escaneó con todo su cariño, con todo el cariño que nos tenemos y que saltará por encima de cualquiera que se interponga en nuestro camino.
Niña, camino contigo. T. también camina contigo. Caminamos las tres juntas. Que no se te vaya de la cabeza ni un solo momento.