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La Casa

La casa era como una novela. Todo en ella tenía un sentido y una colocación exacta. Nada estaba donde se esperaba que estuviera pero todos los objetos ocupaban su espacio inevitable y único y conducían a un destino de ranas o de piernas rotas.
La luz precisa, los colores llevan hasta su centro-corazón de yema de huevo, los libros vibran como en una partitura (la misma partitura enmarcada junto a las cortinas rojas).
Era una casa hermosa, como es hermoso un cuadro o un poema.
Era una casa donde hubiera resultado del todo imposible vivir. No se puede vivir entre símbolos a no ser que te conviertas en uno de ellos.
Eso pensé, mientras acariciaba las paredes.

Comentarios

Alberto ha dicho que…
Con mi título de medicina recién sacado, pronto me tuve que especializar en problemas de espalda. El número de jorobados había crecido exponencialmente en los últimos años. Harto de pruebas clínicas nada concluyentes, les preguntaba a mis pacientes por sus conductas cotidianas en busca de la causa común que les unía a esta pandemia. Me decían que se sentían como atrapados, como si a sus aspiraciones les hubieran puesto coto, pero que tampoco querían salir de esa especie de cárcel por otro lado tan maravillosa.
A mí, desde siempre, me gustaba pasear por las ciudades a todas horas, cada vez más solitarias, a todas horas. Observaba los edificios, cuantas más plantas tuvieran mejor, y me preguntaba que sucedería detrás de esas paredes.
El problema se había convertido en una cuestión de estado. El Gobierno ordenó investigar la cuestión lo cual requería un profundo estudio de campo. Cosa imposible pues la gente era muy recelosa de su vida privada defendiéndola con uñas, dientes y silencio.
Me seguía gustando pasear por las ciudades, pero el eco de mis pisadas me resultaba ya insoportable. Cambié de profesión, me hicé artificiero, de esos que se encargan de destruir los edificios en ruinas. Convertido en un experto y todavía rondándome por la cabeza el problema de los jorobados, cada vez más acuciante, mi plan ya estaba listo. Una mañana hice volar una de las caras de uno de los edificios de apartamentos de la capital. Casas hermosísimas, donde se respiraba paz, con todos los artilugios para la vida moderna y la despensa llena para sobrevivir varios años sin salir. Como si esperasen una guerra nuclear.
Una casa hermosa, si señor, yo volvería sin dudarlo, trataría de fundirme en ella, como un objeto. más durante un instante. Posiblemente después saldría corriendo sin mirar atrás
Libertad Kaiser ha dicho que…
Pues yo y mi casa, sí, en ese orden, estamos celosas.
grace ha dicho que…
No debería, su casa (según creo) es cien por cien habitable. O en mi caso, un 25%...
a-escena ha dicho que…
No podría vivir en una casa así.
Si bien en la primera casa, nos planteamos qué habitación elegiríamos si viviéramos allí.Es evidente, que la segunda jamás se nos hubiera ocurrido ni pensar en ello.

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