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Mostrando entradas de febrero, 2009

Mensajes

Bienvenida

Bacon

Cuando salí de la exposición, cuando conseguí salir de aquella exposición, cuando el último cuadro me expulsó como se expulsa a un bebé del vientre de su madre, fue necesario que algo de entre todas las cosas de este mundo me devolviera a mi cuerpo, a este lado de mí misma: un abrazo, una desnudez, un mordisco, un cordón umbilical, una mano, un pegote de pintura encima de la piel, una ballena blanca, un calor asfixiante, una respiración, un asesinato, una carcajada, una vida, un 24 de febrero, un trago de absenta o belladona, un sexo que estuviera debajo, una absolución.

9mm

Por si un día todo falla.

Escuchas

Los oí hablar, yo iba dos pasos por delante y escuché perfectamente cómo él le decía a ella: "odio a Pavese. Bueno, en realidad odio a los escritores que le gustan a todo el mundo".
Fue entonces cuando dejé de escuchar, aceleré el paso y los dejé a los dos lo más lejos posible.

Segunda presencia

Entrega del Premio "Eugenio Carbajal"

Viernes 20 de Febrero, Ateneo de Turón, Mieres, Asturias

Bajo Cero y yo

La chute

Lo dije una vez, que yo me voy siempre cinco minutos antes de que todo se vuelva sórdido. Lo dije y lo digo y lo pensé de vuelta a casa, en el vagón de metro, con los labios sin despintar, con la coordinación perfecta en las rodillas. Lo pensé y llegué a casa y sonó el teléfono. Fue entonces cuando me di cuenta de que me tenía que haber quedado esos cinco minutos, esos cinco minutos más que lo estropean todo, que lo vuelven vacío y absurdo. Tendría que haber hecho el transbordo y haber perdido el último metro y haber entrado en aquella discoteca donde entraron todos los valientes, los que se quedan esos cinco minutos de diferencia.
Lo digo porque una tiene que saber qué lugar le corresponde, tiene que saber estar donde debe estar. Y yo tenía que haber estado allí, ver lo que ella vio y estar a su lado en lugar de a este lado del teléfono. Tenía que haber estado allí para pedirle perdón, para darme cuenta de que me había equivocado, para salir con ella, después de cinco minutos, de aque…

Vivienda

Ya tengo donde habitar. Después de tanto tiempo vagando por el mundo ya tengo un sitio donde quedarme, un lugar que pueda llamar "mi casa", un trozo de tierra que me pertenece.
Porque, lo creáis o no, una puede habitar en un puñado de letras.
Por eso me acomodo, ligeramente ebria, en esta esquina, en este rincón, en el rincón que me has dejado, en el lugar donde mis piernas se estiran...

Presente

Hace mucho, muchísimo tiempo, alguien me regaló una rosa azul.
Las rosas azules son difíciles de encontrar, por eso duran una vida entera, por eso la guardo como un tesoro entre todas mis pobres cosas cotidianas.
Nunca jamás subestimes el poder de los regalos.

Informes

El teclado se convierte en un animalito.
Escribo sobre su lengua húmeda y luego él mismo escribe otras palabras, otras frases, otras voces que yo no he escrito, que nunca reconocería como mías.
Tecleo en la boca de un bicho extraño y deforme, con un té junto a mí, en un país que está a medio camino de todos los lugares. El bolígrafo hubiera sido mejor idea, pero ya no, no es posible hacerlo siempre así, tengo que redactar informes, y los informes se redactan sobre los animales, sobre las teclas, los informes se redactan en cucarachas y ciempiés.
Ojalá mi droga sí existiera, así tendría algo de lo que desengacharme. Esta imaginación complica las cosas hasta el infinito.
No todo el mundo pensará lo mismo de El almuerzo desnudo, habrá quien diga "pretenciosa y fallida" o tal vez "estuvo bien como anécdotas" o un "tiene escenas, pero nada más que escenas memorables". Yo por mi parte escribo sobre un bicho, y no puedo opinar porque redacto informes. Así es mi vida…

El Vals

El vals no se puede bailar sola. El tango y el vals son los dos únicos bailes del mundo que no se pueden bailar sola. De esos dos, el vals es el único que te hace perder el equilibrio. El único baile que te obliga a mirar a los ojos de quien te sujeta la espalda para que no te marees. Por eso el vals siempre tiene algo de abrazo, algo que crea un espacio fuera de todo lo exterior. Por eso, cuando todo esté cayendo, cuando la muerte, la destrucción, el horror y la masacre nos rodeen, bailaremos. Ya lo creo que bailaremos. Bailaremos un vals. Si hay algo en el mundo que pueda detener la guerra, ese algo es el vals. Coge mi mano. Te concedo este baile.

En teoría

Dicen los expertos que nuestro cerebro no está preparado para los golpes emocionalmente fuertes, que no es capaz de asimilar una tristeza o una alegría demasiado grandes. Así, si a alguien le ocurre algo muy bueno se mostrará eufórico unos momentos y si le ocurre algo muy malo se llenará de tristeza, pero al poco rato volverá a ser como era antes, volverá a la normalidad. El cerebro se encargará de mantenerlo en un grado cero más sano para su espíritu. Esa tristeza o esa alegría desmedidas no cambiarán su vida esencialmente.
Eso dicen...

La Despedida

Un día perdí el jardín, el manzano de ramas torcidas, la senda de las avellanas por donde jugar con el perro a marido y mujer, las fresas que sabían a sol, las moras como puros milagros, los escondites bajo árboles gloriosos.
Un día perdí el rosal junto al ladrillo, las calas y el acanto. Perdí también la marca en cruz de las amapolas sobre el dorso de mi mano y las margaritas, y perdí el sabor ácido de los tréboles.
Perdí mi vestido de novia, mis zuecos de primavera y los calcetines sucios para pisar la hierba.
Un día perdí la tristeza de años y las paredes lúgubres y el olor a meada y a moho y a polvo y a depravación y a podredumbre.
Un día perdí las costras sobre la piel y el negro de las uñas.
El mismo día en que perdí la tierra, perdí también todos sus gusanos.
Ya nada caerá sobre mí, viviré brillante como una virgen, desnuda, sin nada que perder, hecha de puras cenizas.

Hermosos vencidos

Ella me llamó anoche. Fue después una noche intranquila, una noche larga y densa, una noche de intentar estar aquí y ahora. Me pregunté si podíamos salvar a los suicidas, si Ella podía salvar a los suicidas. Me pregunte por qué no, por qué, si Ella me había salvado a mí, no podía salvar ahora a su madre. Me pregunté por qué, si Ella me cogió un día de la mano y me bajó de la azotea y bajó conmigo los doscientos pisos que me separaban de la vida, escalón a escalón, durante siete años, por qué no le está permitido hacer que su madre salga de la cama o encienda la luz o coma alguna cosa. Me pregunté por qué, en la lista de seres a los que podíamos salvar, nunca está nuestra propia madre. Ni siquiera en Su lista, ni en la mía, ni en la de cualquiera de vosotros.

Alquimia

Miré mis ojos, con atención, en el espejito. Quería comprobar si seguían siendo verdes. Mis temores se confirmaron, un color distinto se había apoderado de ellos, algún color extraño, como de noche en el desierto. No, si es que alguna vez fueron verdes ahora no lo son, viven veteados de otra cosa.

Disculpas

Un día me pediréis explicaciones.
Y yo no sabré qué responder. No sabré que deciros.
Sólo tararearé bajito, muy bajito, para que nadie pueda oirme.

El Guardián

Tengo una cueva llena de tesoros. Soy buena pirata y guardo todas las cosas importantes, las que brillan, las que despertarían la avaricia de cualquiera. Las guardo en una cueva porque no sé otro sitio, porque siempre ando navegando de un lado para otro y nunca estoy segura de cuándo habrá que abandonar el barco, o cuándo nos atacará la flota de algún gobierno poderoso.
No voy a decir dónde está la cueva. Ése es mi secreto. No hay mapas ni brújulas ni nada en absoluto que pueda conduciros a ella. Yo llego casi por casualidad, sin buscarlo, navego a la deriva y cuando ya pienso que me he perdido, que me voy a morir de sed en medio del océano, entonces una franja de tierra conocida aparece delante de mis ojos.
He luchado mucho por mis tesoros y, cuando yo no esté, nadie sabrá dónde encontrarlos, estarán a salvo de los hombres. Pero me daba miedo que alguien, alguna vez, también por casualidad, pusiera un pie en la isla y descubriera todos sus secretos.

Mi cueva ahora tiene un guardián. No …

Historias

Había tanto amor encima de la mesa que ellos dos se lo tuvieron que llevar a la cama.
Yo sólo caminé deprisa para dejarlos atrás, para que me perdieran, para que no les quedara otro remedio.

Nieve

Nevaste para mí.
Esta vez
como si fuera una canción de cuna.

Intentaré soportar tanta belleza,
voy a abrir los ojos y a mirar fijamente.
Dejaré que la blancura me cale hasta los huesos.

Si vamos a morir, será de esta manera.