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Bacon


Cuando salí de la exposición, cuando conseguí salir de aquella exposición, cuando el último cuadro me expulsó como se expulsa a un bebé del vientre de su madre, fue necesario que algo de entre todas las cosas de este mundo me devolviera a mi cuerpo, a este lado de mí misma: un abrazo, una desnudez, un mordisco, un cordón umbilical, una mano, un pegote de pintura encima de la piel, una ballena blanca, un calor asfixiante, una respiración, un asesinato, una carcajada, una vida, un 24 de febrero, un trago de absenta o belladona, un sexo que estuviera debajo, una absolución.

Comentarios

Chinasklauzz ha dicho que…
El divagar respecto a la lejanía del alma y esperar por todos los medios que este regrese, que se haga cargo de nosotros es un síntoma quizas de orfandad. Los poemas tambien ayudan a curar heridas.
Ahh, magnífico, querida! Sabía usted que el caudillo de la fotografía era una deliciosa y urinaria vedette, con una escandalosa pluma?

Uh! Yo mismo le prepararía un Gin-Fizz con tal de haberlo visto actuar sobre la grasa azulejada de las tabernas.

LLevaría la ropa interior limpia su hurtador amante de claraboya?

Ósculos, chata.
La Oruga ha dicho que…
Parece que, definitivamente, me estoy perdiendo la mejor exposición del año ;)

http://delendaestcarthago.com/articulos.html
Tantos aspavientos por un poco de panceta...
Pedro Lluch ha dicho que…
Yo tuve que salirme a media expo para vaciar las entrañas según se me habían revuelto. La más fuerte experiencia estética que jamás he vivido. NO OS LA PERDAIS!!!!

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Regreso

Sólo duele de verdad cuando regresas
Dejar cosas atrás no es complicado.
Lo difícil es volver a ver el mismo lado
Torcido por el tiempo lleno de arrugas gruesas
Pues mirar es mirarse en el espejo
Ya resistente a la idea, a Stendhal,
A la historia que quisiste contarte
Que te cuentas cada día desde lejos.
Nunca como esperabas, como un verso
Que muestra realidad ante tus ojos
Marcharse no es difícil, amigo mío
Llevamos una vida marchándonos de algo lo difícil, lo que desangra
Es volver para ver que aquello fue verdad
Que fuste la que fuiste,
Que el amor se mezcló con odio algunas veces
Que las tardes no habían sido cálidas,
Que traicionaste, que te traicionaron
Que nunca hubo perdón en la distancia.
Y luego, sin embargo,
Volver es volver a echar de menos.
No añoras hasta que tu piel recuerda
El olor familiar, el timbre de las voces, las paredes. Y vuelves a ser la que fuiste por
Un lapso muy breve, un instante fugaz
Un abrir y cerrar de ojos y mentiras.
La realidad ta…

Expectativas

Una vino a esta tierra del sur con ciertas expectativas. Los principios son duros, no pasa nada, se dijo una. No pasa nada si al principio no tienes mucho amigos o si tienes que hacer algún que otro recado antes de empezar a hacer cosas más importantes en el trabajo, o si no viene a verte mucha gente al principio, o si no publicas ningún libro de momento o si, en definitiva, empiezas poco a poco.
Lo importante es ir aprendiendo, desarrollándote, adaptándote. Poco a poco tendrás tu grupo, tu puesto, incluso tu familia. Esas cosas requieren un poquito de paciencia.
Han pasado seis años desde entonces. No puedo decir que esos años hayan sido malos, al fin y al cabo he tenido buenos momentos y lo he pasado bien. Es dulce compartir tu vida con alguien a quien realmente amas, con alguien a quien te gusta ver todas las noches al dormir y todas las mañanas al despertarte. El problema han sido las expectativas. La expectativa te pone en una posición de esperar, de estar verdaderamente convenci…

India. Entrada.

Sales del avión. Coges el metro. El metro parece sacado del futuro, un metro que toda ciudad desearía tener: limpio, rápido, con información precisa de dónde te encuentras y cuánto te falta para llegar a tu destino (unas lucecitas azules se van encendiendo entre el nombre de una estación y otra a medida que avanzas). Incluso una luz roja te indica por qué puerta salir (derecha o izquierda). Ningún olor, ningún ruido perturba este universo organizado en luces de colores. Nada te hace sospechar lo que habita en la superficie, las riadas de gente, la ciudad palpitante.
Sales del metro. Te invade la oleada de personas, el perfume inciensado de pobreza. Atraviesas la calle negándote a todos los ofrecimientos, que pasan de la asertividad a la violencia. No, thank you, con tu ropa europea y tu piel extremadamente pálida y tu suficiencia. El hotel está cerca. Miras otra vez el plano: Sólo hay que coger esta calle, asegurarse del nombre en una placa, luego contar tres perpendiculares, torcer …