Ir al contenido principal

La chute

Lo dije una vez, que yo me voy siempre cinco minutos antes de que todo se vuelva sórdido. Lo dije y lo digo y lo pensé de vuelta a casa, en el vagón de metro, con los labios sin despintar, con la coordinación perfecta en las rodillas. Lo pensé y llegué a casa y sonó el teléfono. Fue entonces cuando me di cuenta de que me tenía que haber quedado esos cinco minutos, esos cinco minutos más que lo estropean todo, que lo vuelven vacío y absurdo. Tendría que haber hecho el transbordo y haber perdido el último metro y haber entrado en aquella discoteca donde entraron todos los valientes, los que se quedan esos cinco minutos de diferencia.
Lo digo porque una tiene que saber qué lugar le corresponde, tiene que saber estar donde debe estar. Y yo tenía que haber estado allí, ver lo que ella vio y estar a su lado en lugar de a este lado del teléfono. Tenía que haber estado allí para pedirle perdón, para darme cuenta de que me había equivocado, para salir con ella, después de cinco minutos, de aquella discoteca y gritar y llorar y cantar en medio de la ciudad vacía pero, sobre todo, tenía que haber estado allí para vivir ese momento en que un tipo pierde a la mujer más hermosa del mundo, porque esos momentos son importantes en la vida y hay que vivirlos enteros, con todos sus matices.
La caída. Hay que ver la caída. Hay que vivir la caída para mantenernos a salvo, para seguir siendo grandes, aunque la caída nos reclame estar justo en el centro de lo sórdido. Me dan tanta pena los hombres que no reconocen a las verdaderas mujeres que me pondría a llorar aquí mismo, desconsoladamente, como una niña chica. Quizá todo sea cuestión de Peter Pan, de quedarse con Peter Pan demasiado tiempo y luego ya no saber distinguir la vida, pero me niego a echarle la culpa a Peter Pan, Peter Pan también se va cinco minutos antes de que se vuelva sórdido, como yo, Peter Pan es bueno, Peter Pan nunca se ha caído.
Déjame, querida mía, que esta mañana te ponga una canción triste y te sirva un té y te dé un abrazo. Las niñas perdidas también sabemos luchar, las niñas perdidas nos disfrazaremos de algo bonito y estúpido y tomaremos esta ciudad como el país de Nunca Jamás, las niñas perdidas nos esconderemos en los árboles y observaremos la caída con una sonrisa de bestias. Y luego, cuando todo acabe, contaremos historias y beberemos un té de mentirijillas.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Jane Birkin... Truffaut la amó en secreto... y es que hay tantas mujeres que no saben ver al hombre que se esconde, que casi lloraría contigo... por lo mismo...

D.
Oh! Me temo que no puedo estar más de acuerdo:

"Me temo que siempre he preferido el descenso, la caída, la fláccida sensación de disiparse, la ausencia de atletismo..."

(Algunos, de tanto flirtear con la sordidez, hemos llegado a preconizar las ignominias, a adivinar el vómito de la ineludible decadencia y reconocer el desconchado maquillaje ajeno y propio)
The Wild Rose ha dicho que…
D., has venido a este jardín a tener razón.
Vanity ha dicho que…
Me gusta tu blog, tu forma de escribir. Entre tristeza, esperanza ténue, inocencia...qué blog de los tuyos me recomiendas que siga?


saludos
Alberto ha dicho que…
¡Qué bien, el jardín se pone cinéfilo!
Jenny huía, Forrest se iba a Vietnam, Jenny se drogaba, Forrest jugaba a ping pong, Jenny se perdía, Forrest corría perdido y pescaba gambas.

5 minutos de separación... sólo 5.

¿Ponemos un proyector entre el naranjo y el limonero?
The Wild Rose ha dicho que…
Vanity, el jardín es el más habitable de todos ellos. Te sigo leyendo y te mando una pequeña buganvilla para que la plantes en una esquina. Dios sabe si logrará prender, con las buganvillas nunca se sabe.
Libertad Kaiser ha dicho que…
El mañana post-caída también está llegando :) besos desde la casa de las chutes (que suena como a chuches).
a-escena ha dicho que…
Me ha conmovido esta historia.

Entradas populares de este blog

Regreso

Sólo duele de verdad cuando regresas
Dejar cosas atrás no es complicado.
Lo difícil es volver a ver el mismo lado
Torcido por el tiempo lleno de arrugas gruesas
Pues mirar es mirarse en el espejo
Ya resistente a la idea, a Stendhal,
A la historia que quisiste contarte
Que te cuentas cada día desde lejos.
Nunca como esperabas, como un verso
Que muestra realidad ante tus ojos
Marcharse no es difícil, amigo mío
Llevamos una vida marchándonos de algo lo difícil, lo que desangra
Es volver para ver que aquello fue verdad
Que fuste la que fuiste,
Que el amor se mezcló con odio algunas veces
Que las tardes no habían sido cálidas,
Que traicionaste, que te traicionaron
Que nunca hubo perdón en la distancia.
Y luego, sin embargo,
Volver es volver a echar de menos.
No añoras hasta que tu piel recuerda
El olor familiar, el timbre de las voces, las paredes. Y vuelves a ser la que fuiste por
Un lapso muy breve, un instante fugaz
Un abrir y cerrar de ojos y mentiras.
La realidad ta…

India. Entrada.

Sales del avión. Coges el metro. El metro parece sacado del futuro, un metro que toda ciudad desearía tener: limpio, rápido, con información precisa de dónde te encuentras y cuánto te falta para llegar a tu destino (unas lucecitas azules se van encendiendo entre el nombre de una estación y otra a medida que avanzas). Incluso una luz roja te indica por qué puerta salir (derecha o izquierda). Ningún olor, ningún ruido perturba este universo organizado en luces de colores. Nada te hace sospechar lo que habita en la superficie, las riadas de gente, la ciudad palpitante.
Sales del metro. Te invade la oleada de personas, el perfume inciensado de pobreza. Atraviesas la calle negándote a todos los ofrecimientos, que pasan de la asertividad a la violencia. No, thank you, con tu ropa europea y tu piel extremadamente pálida y tu suficiencia. El hotel está cerca. Miras otra vez el plano: Sólo hay que coger esta calle, asegurarse del nombre en una placa, luego contar tres perpendiculares, torcer …

Expectativas

Una vino a esta tierra del sur con ciertas expectativas. Los principios son duros, no pasa nada, se dijo una. No pasa nada si al principio no tienes mucho amigos o si tienes que hacer algún que otro recado antes de empezar a hacer cosas más importantes en el trabajo, o si no viene a verte mucha gente al principio, o si no publicas ningún libro de momento o si, en definitiva, empiezas poco a poco.
Lo importante es ir aprendiendo, desarrollándote, adaptándote. Poco a poco tendrás tu grupo, tu puesto, incluso tu familia. Esas cosas requieren un poquito de paciencia.
Han pasado seis años desde entonces. No puedo decir que esos años hayan sido malos, al fin y al cabo he tenido buenos momentos y lo he pasado bien. Es dulce compartir tu vida con alguien a quien realmente amas, con alguien a quien te gusta ver todas las noches al dormir y todas las mañanas al despertarte. El problema han sido las expectativas. La expectativa te pone en una posición de esperar, de estar verdaderamente convenci…