Ir al contenido principal

Sillones

Los sillones rojos son acogedores. En una ciudad como ésta es bueno saber un par de lugares acogedores, porque harán falta. Los sillones rojos no son un mal principio. Sentarse en ellos, descalzarse las botas, subir los pies, tenerlos a ellos al lado o frente a mí, a ellos frente a los que puedo descalzarme. Lo demás de la ciudad poco a poco se vuelve inteligible. Los mapas, los estancos, las esquinas, los sótanos. La forma de llegar desde La Latina a Malasaña pasando por Lavapiés. Las academias de baile. Los teatros. Los amigos. Sí, también los amigos se están volviendo inteligibles poco a poco. Es inteligible a distancia a la que hay que mantenerse para que no te muerdan el culo, justo justo como los perros del tío L., mantenerse a salvo, a tres pasos contados con las botas puestas.
Esperar hasta los sillones rojos para descalzarse, para empezar a contarlo todo, para desarmarse si aún fuera necesario (posible sí que lo es, he de decir que después de casi 30 años, seis casas, dos gatos, veinticuatro perros, y unos cuantos millones de caídas... aún es posible desarmarse). Pero hay que elegir el lugar, la iluminación, la compañía, la música que suena. Olaya cantando con una sola guitarra a contraluz, a la contra de todas las luces que conozco. Los sillones rojos, aguardando, casi como en el salón de la única casa en la que podrías vivir.

Comentarios

Libertad Kaiser ha dicho que…
Un sillón rojo es sólo un escenario, y dice "sólo" una que recrea precisamente escenarios. Pero sobre las tablas, todos podemos morder.

He recordado que, además de una revista, me debes cosas tuyas (sí, sí, cosas tuyas, con tu nombre en ellas) que me son igual de imprescindibles. O me las traes, o me dices dónde las consigo, preciosa.
The Wild Rose ha dicho que…
En mi casa se consigue todo. Aunque haré lo posible por alcanzártelas.
Ya sabes, metro Ascao.

Entradas populares de este blog

Regreso

Sólo duele de verdad cuando regresas
Dejar cosas atrás no es complicado.
Lo difícil es volver a ver el mismo lado
Torcido por el tiempo lleno de arrugas gruesas
Pues mirar es mirarse en el espejo
Ya resistente a la idea, a Stendhal,
A la historia que quisiste contarte
Que te cuentas cada día desde lejos.
Nunca como esperabas, como un verso
Que muestra realidad ante tus ojos
Marcharse no es difícil, amigo mío
Llevamos una vida marchándonos de algo lo difícil, lo que desangra
Es volver para ver que aquello fue verdad
Que fuste la que fuiste,
Que el amor se mezcló con odio algunas veces
Que las tardes no habían sido cálidas,
Que traicionaste, que te traicionaron
Que nunca hubo perdón en la distancia.
Y luego, sin embargo,
Volver es volver a echar de menos.
No añoras hasta que tu piel recuerda
El olor familiar, el timbre de las voces, las paredes. Y vuelves a ser la que fuiste por
Un lapso muy breve, un instante fugaz
Un abrir y cerrar de ojos y mentiras.
La realidad ta…

India. Entrada.

Sales del avión. Coges el metro. El metro parece sacado del futuro, un metro que toda ciudad desearía tener: limpio, rápido, con información precisa de dónde te encuentras y cuánto te falta para llegar a tu destino (unas lucecitas azules se van encendiendo entre el nombre de una estación y otra a medida que avanzas). Incluso una luz roja te indica por qué puerta salir (derecha o izquierda). Ningún olor, ningún ruido perturba este universo organizado en luces de colores. Nada te hace sospechar lo que habita en la superficie, las riadas de gente, la ciudad palpitante.
Sales del metro. Te invade la oleada de personas, el perfume inciensado de pobreza. Atraviesas la calle negándote a todos los ofrecimientos, que pasan de la asertividad a la violencia. No, thank you, con tu ropa europea y tu piel extremadamente pálida y tu suficiencia. El hotel está cerca. Miras otra vez el plano: Sólo hay que coger esta calle, asegurarse del nombre en una placa, luego contar tres perpendiculares, torcer …

Expectativas

Una vino a esta tierra del sur con ciertas expectativas. Los principios son duros, no pasa nada, se dijo una. No pasa nada si al principio no tienes mucho amigos o si tienes que hacer algún que otro recado antes de empezar a hacer cosas más importantes en el trabajo, o si no viene a verte mucha gente al principio, o si no publicas ningún libro de momento o si, en definitiva, empiezas poco a poco.
Lo importante es ir aprendiendo, desarrollándote, adaptándote. Poco a poco tendrás tu grupo, tu puesto, incluso tu familia. Esas cosas requieren un poquito de paciencia.
Han pasado seis años desde entonces. No puedo decir que esos años hayan sido malos, al fin y al cabo he tenido buenos momentos y lo he pasado bien. Es dulce compartir tu vida con alguien a quien realmente amas, con alguien a quien te gusta ver todas las noches al dormir y todas las mañanas al despertarte. El problema han sido las expectativas. La expectativa te pone en una posición de esperar, de estar verdaderamente convenci…