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Mostrando entradas de junio, 2009

La puerta de la Nostalgia

Hay lugares a los que una debería volver sólo cuando ha pasado suficiente tiempo, sólo cuando los reflejos están a punto de borrarse.

Correspondencia

Seguro que la recuerdas, aquella noche en el bar llamado El Buho, con Pedro Guerra sobre nuestras cabezas, con el permiso para sorber mojitos, con mucha, muchísima luz aunque fuera de noche (porque no todas las luces se ven a simple vista) y con ese verso que retumbó en nuestros dos pequeños corazones... "y los verdinos callaron". Fue sólo un instante, y ese verso fue difícil de encontrar luego y aquel momento, aquel instante en que nos rescataron del exilio fue imposible de recuperar (pero nadie, nadie en absoluto, ni siquiera el mismísimo Pedro Guerra canturreando el romance con los Sabandeños, nos lo podrá quitar jamás). Aquí estamos tú, yo, ella. Aquí está mi correspondencia a tu regalo.

Copia

Cuando mi abuela paterna me dijo que me iba a regalar mi vestido de Primera Comunión y me preguntó que cómo lo quería ni siquera me pensé la respuesta: Quiero uno como el de mamá. Uno que sea exactamente igual al de mamá.
Pero en realidad no quería su vestido. Quería su mirada. Esa mirada de orgullo. Esa conciencia de que por un instante, al menos en ese momento, no existía un ser más enorme sobre la faz de la tierra, un ser al que Dios (su Dios) quisiera más.
(Gracias, T.)

Bondad

Minimiza los daños. Recoge tus cosas. No olvides nada. No dejes la cama deshecha, ni flores encima de la mesa, ni tu taza sobre la mesita. No estés nunca demasiado tiempo ni realices actos demasiado grandes. No está bien. No es justo. La crueldad consiste en volverse imprescindible para marcharse luego. Pasa por los lugares sin casi dejar huella, pisa despacito, no rompas vasos, no dejes tu olor impregnado en ningún lugar del que no se vaya después de diez lavados.
No te sientes nunca en el mismo lugar, no cojas sitio, no dejes que te recuerden luego, cuando observen las sillas vacías. No adquieras rutinas. Haz algo diferente cada día, cada vez. Nunca el mismo gesto con las manos o la boca. Procura no realizar tampoco actos propios, actos que te identifiquen como un ser único dentro de este mundo. No escuches música pasada de moda o imposible de conseguir en tiendas o en canales de televisión.
No hagas muchos regalos. Intenta regalar sólo objetos con precio. Un regalo que podría hacer c…

El corazón

Papá no le hacía muchos regalos. Él no era de hacer demasiados regalos y estaba bien, papá no entendió nunca la diferencia entre lo mío y lo tuyo, entre lo que nos pertenece y lo que no nos pertenece, así que no tenía mucho sentido hacer regalos.
Por eso los regalos que le hizo se pueden contar con los dedos de una mano: la lágrima de topacio, el broche de máscara que tenía ella en el bolso que le había meado un gato (tal vez Kira), la barquita de corcho que los dos se encontraron en un río cuando eran novios y la caja de música.
La caja de música, con una flor en la tapa y El Lago de los Cisnes en el interior, siempre me pareció lo más cercano que existía en aparatos artificiales a un corazón. Ella lo llenó de canicas, de las canicas con las que jugaba cuando era pequeña, y así su corazón no estaba nunca solo, en su corazón guardaba todas las canicas de la infancia, todas las pequeñas historias (cuando robó pensamientos, cuando su hermano le rompió el arco, cuando jugaba a las cartas …

Captura

En los días tristes me gusta venir aquí. Me gusta ponerme exigentona y egoísta. Me gusta arrellanarme en el sofá a sorber té. Me gusta pedir prestado un pendrive con alguna serie. Me gusta apoderarme del ordenador y cotillear todas las ventanas abiertas. En los días tristes siempre anima tener una hermana como la mía.

Entrecortadas

Barbazul

Era una caja de zapatos. Una sencilla cajita de zapatos. Estaba en lo alto de su armario y me la enseñó muy pronto y me dijo "mira, aquí guardo todas sus cartas".
Las cartas no se terminaron. Puede que no me guste recordarlo así, pero en realidad las cartas no se terminaron. Le llegó otra más y me dijo "me ha llegado otra carta".

Más tarde sí, porque él cambió de casa y de armario y no le dio la nueva dirección y guardó la caja de zapatos en la parte de abajo del nuevo armario empotrado, en el mismo armario donde yo más tarde colgué el anorak naranja que tan poco le gustaba, en el mismo armario que estaba junto a la cama donde yo dormiría casi todas las noches.

Pensaba a menudo en la caja, la pequeña y discreta caja de zapatos. Pensaba que había un punto dentro del armario, algo así como un agujero negro, una concentración de densidad, una habitación con cabezas cortadas por todas partes. No hablaba de ello. Nos gustaba pensar que nos entendíamos sin hablar demasiado…

Intenté evitarlo

Pero nada. Tarde o temprano siempre acabamos escribiendo un soneto de tema mitológico. Aquí está el principio, que en el post anterior me quedé con las ganas.


Yo no voy a pedir que tú respetes
Oh, poderoso mar, la vida de los hombres.
De sobra sé que hay que seguir el orden
Tras calma, tempestad. Tras vida, muerte.

Ni volveré a encender mi vela cuando este
viento la apague desde el norte.
Se morirá en tus aguas y la noche
Separará los cuerpos para siempre.

Pero deja que llegue sano y salvo
que le alumbren tu luna y tus estrellas
que descanse su piel entre mis brazos.

Oh mar, que los destinos creas
Aguarda un poco y ahógale, si acaso.
Ahógale, si acaso, cuando vuelva.

Leandro

Ahógale, si acaso, cuando vuelva.

Tradición

Ahora veo con claridad por qué no puedo amarlo
ni puedo odiarlo, o dedicarle una plegaria:
(Habría quedado tan divinamente grandioso como Hombre
y ahora como Dios aparece tan humanamente pequeño!
Miré hacia arriba, donde con mirada excéntrica
la imagen coloreada colgaba de la sencilla cruz.
Era día hacía tiempo - le volví la espalda
y me sequé las lágrimas - y me fuí...


R.M. Rilke