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Mostrando entradas de julio, 2009

Mercería

-- ¿Algo más?
-- Sí. Un acerico... no sé cómo lo llamáis aquí.
-- Sí, se llama acerico, pero ya nadie lo llama así.

(las mercerías tienen algo de viaje en el tiempo)

Acerico, cico, cico
no tiene patas ni hocico.
El hijo de acerico
tiene patas, hocico y coz.

Listas

Mamá hacía listas. Listas de los cumpleaños de la familia, de las cosas pendientes, de la comida que era más sana, de los ejercicios diarios. Mamá hacía listas. Las pegaba en la pared de la cocina, junto al almanaque de la Caja de Ahorros de Asturias. Mamá hacía listas. Listas en papeles de todo tipo, en hojas de publicidad y hojas arrancadas del almanaque de la Caja de Ahorros de Asturias.
No cumplía demasiadas cosas de las que estaban en las listas. Los papeles se iban amarilleando en la pared de la cocina, se llenaban de grasa, se despegaban. La tinta se borraba. Había cosas pendientes que pasaban de una lista a otra, de un papel a otro.
Mamá nos enseñó a hacer listas.
Yo también hacía listas.
Listas de cosas pendientes. Lista de todas las cosas que tendría que hacer. Una vez hice una lista en el espejo del cuarto de baño con lápiz de ojos color turquesa. Mamá ya no estaba en casa. Yo quité todas sus listas de la pared de la cocina, las que estaban junto al almanaque de la Caja de Ahor…

Inspiración Espiración

Tan fácil como contener la respiración. Dar un paso atrás. Apretar los puños. Bajar la cabeza. Asentir. Tan fácil como esconderse debajo de las sábanas, con el móvil apagado, con el ordenador apagado, con toda conexión con el mundo cerrada, con el ombligo hecho una pura cicatriz. Tan fácil como eso. Dejar que todo siga adelante, recluirme donde no moleste, donde no estorbe, donde no ofenda. No tener que responder de la acción, de la sonrisa, del mundo en general. No tener que hacerlo. Como si me drogara con morfina y me hubiera quedado años enteros en una chaise longue. Fumando. Quieta. Sin ofender. Callada. Como contener la respiración. Exactamente. Eso es. Sin respiración el tiempo no transcurre.
A veces llego a casa y pienso eso, en que sería fácil esconderse, morir de alguna manera para el mundo, dejar que las relaciones se hagan y se deshagan, que la gente se conozca, folle, se enfade. Observar todo desde lejos, con unos prismáticos grandes, como la científica que busca no interve…

Velas

Cuando apagué las velas sólo pedí una cosa: estar centrada.

El alma

El Dios del jardín se llama Teo.
Se encarga de arrancar las malas hierbas, de podar los rosales (siempre por encima de los brotes) y de cortar tres flores para el jarrón inclinado.
A veces se le va la mano, pero a qué Dios no se le va de vez en cuando...
Teo es un buen Dios.

Puertas

Abro una puerta todas las mañanas. Junto al té y las galletas siempre hay una puerta. La puerta puede ser una frase, un paseo, una decisión para llevar a cabo a corto o medio plazo. Detrás de las puertas nunca sabes muy bien lo que te puedes encontrar. Por eso nos gustan los arcos, los portones cerrados, los picaportes. Nos gusta mirar desde fuera los umbrales, o tocar y escondernos, como niños traviesos, amos y señores de las calles.
No soy una persona curiosa. Cuando alguien se hacía de rogar para conarme sus secretos yo respondía un "deja, no te molestes, en realidad no quiero saberlos" lo mismo que cuando alguien ponía sus dedos en forma de pistola y gritaba "¡manos arriba o disparo!" yo contestaba un cínico "Adelante. Dispara. Soy inmortal". Tímida vengadora. También cuando veía que alguien (generalmente un tío) disfrutaba sobre manera haciéndome cosquillas las aguantaba hasta que desistían y soltaba un triunfal "no tengo cosquillas". No. No…

Plaga

Lo que más asco me dio no fue que hubiera polillas, no me dio asco verlas ni tocarlas. Lo que más asco me dio tampoco fue que hubiera huevos de polilla en el techo de la cocina. Ni siquiera fue tener que limpiar con una servilleta humedecida aquellos huevos y notar que su redondez resbalaba por las yemas de mis dedos. Lo que más asco me dio, lo que no puedo recordar sin un escalofrío, lo que aún me atenaza la respiración, fue la forma de aquel conjunto de huevos. Porque los huevos de polilla tienen también forma de polilla, y una sólo es capaz de resistir lo idéntico hasta cierlo límite. Más allá de ese límite el asco es inevitable.

Golondrinas

Cuando se murieron nuestras golondrinas pensé en que nunca me había gustado aquel tango, pero también pensé en que una nunca sabe cuándo puede necesitar a Carlos Gardel. Pasa con todo lo que es mayor que nosotros, que nunca sabemos cuándo podremos necesitarlo. Lo pensé, pero no dije nada. No canturreé nada. Callé decentemente la boca. El tango sólo sonaba en mi cabeza.