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Inspiración Espiración

Tan fácil como contener la respiración. Dar un paso atrás. Apretar los puños. Bajar la cabeza. Asentir. Tan fácil como esconderse debajo de las sábanas, con el móvil apagado, con el ordenador apagado, con toda conexión con el mundo cerrada, con el ombligo hecho una pura cicatriz. Tan fácil como eso. Dejar que todo siga adelante, recluirme donde no moleste, donde no estorbe, donde no ofenda. No tener que responder de la acción, de la sonrisa, del mundo en general. No tener que hacerlo. Como si me drogara con morfina y me hubiera quedado años enteros en una chaise longue. Fumando. Quieta. Sin ofender. Callada. Como contener la respiración. Exactamente. Eso es. Sin respiración el tiempo no transcurre.
A veces llego a casa y pienso eso, en que sería fácil esconderse, morir de alguna manera para el mundo, dejar que las relaciones se hagan y se deshagan, que la gente se conozca, folle, se enfade. Observar todo desde lejos, con unos prismáticos grandes, como la científica que busca no intervenir en el objeto de estudio. Pienso que ellos serían más felices y ¿por qué no decirlo? yo igual también, no sé si feliz, pero estaría más satisfecha de mí misma. Incluso orgullosa de mí misma, mira, mira qué bien lo hago, tengo estudiados todos los pequeños movimientos para las pequeñas cosas. Y las grandes... las grandes son muy grandes para mí. Toda acción en el mundo, toda palabra en el mundo significa una alteración del universo. El jodido aleteo de la mariposa. Por eso meto menos la pata de lo que la metería realmente, si viviera en el mundo real siempre, sin tregua, sin descanso, por eso soy menos egoísta que si existiera al cien por cien, sin morfina ni sábanas, con una respiración completa que llenara mis pulmones. Por eso también soy más buena, menos soberbia, más tratable. Pero me quedo a medio camino, siempre a punto que poder decir ¡aquí estoy yo! o de desvanecerme de delicadeza.
Sin embarg lo fácil no es contener la respiración, no es natural que sea eso, no es real, no es bueno, pero sobre todo no es real. Lo fácil es respirar, lo natural, lo útil, lo que debemos hacer los seres humanos (para algo estamos vivos). Pero he aprendido a hacerlo tan bien, tan sumamente bien, lo de contener la respiración que siempre tengo la tentación de tomar el último aliento, el último bocado de oxígeno y después contener la respiración una vida entera.

Pero no voy a hacerlo. Prometí que no lo haría y yo cumplo la mayoría de mis promesas.

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