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I. Cistitis.

Una cistitis no es mucho. Ganas de mear constantes. Nada de alcohol. Beber mucha agua. Zumo de arándanos y, a una mala, tres días de antibióticos. Es casi lo mínimo que te puede pasar cuando tienes el coño expuesto a demasiadas agresiones externas o internas. La regla. Aguantar las ganas de hacer pis. Un bañador mojado. Follar. Casi es una sencilla ecuación matemática de resultado igual o mayor que.
Sin embargo la primera vez que tuve una infección de orina me resultó algo tan extraño, tan fuera de lo esperable, tan imposible de solucionar, que aún tiemblo al pensarlo. Os contaré la historia.
Yo le había mandado una carta a S. en la que escribí TE QUIERO en letras gigantes y a lápiz (porque hubo un momento en que pensaba que el lápiz era mejor, que el lápiz no quedaba ahí para siempre, que se podía borrar, como si ciertas frases, ciertas palabras, fueran tan duraderas que necesitaran de lo efímero de la mina de carboncillo para equilibrarlas). Fue la primera vez que me declaré a nadie. Fue la primera vez que me despreciaron (porque más tarde me las ingenié para que no lo hicieran, para no arriesgar nunca nada, para no dar opción al rechazo). Bien. Sé que me he remontado muy atrás, pero, lo creáis o no, ese es el origen de la cistitis. Un “te quiero” de niña grande de 18 años escrito en una hoja de papel a un chico de ojos verdes que había visto una vez en mi vida (mamá me acompañó en el metro, me dijo que no tuviera miedo. ¿Lo imagináis? Una mamá consolando a una niña que jamás había tenido contacto con los hombres y que iba a conocer al chico que había encontrado en un chat de literatura y que había logrado hacer tambalear sus principios de odiar a todo ser humano con cromosoma Y en su ADN. Porque, si sois capaces de imaginarlo, entonces estáis conmigo. Y si no lo sois es mejor que no sigáis leyendo. Más justo. Más digno que lo dejéis aquí).
S. nunca me dio su teléfono. No pude hacer tonterías como mandarle mensajes a las tantas de la madrugada. No pude hacer más que escribirle alguna carta más, que mandarle algún regalo por su cumpleaños el 29 de noviembre a la calle Balmes número *** de Barcelona, que intentar –sin demasiado éxito-- seducir a su mejor amigo, que escribirle en cuanto había hablado por teléfono con otro tipo (esta vez de Valencia) un par de veces “es curioso, me he vuelto a enamorar de un chico que no conozco”, como para añadirle un poco más del ingrediente “efímero” a mis dos palabras escritas a lápiz, como para reconstruir el orgullo perdido en aquella ocasión a fuerza de que me viera como una mujer voluble, caprichosa, enamoradiza. Así que se lo dije y luego dejé que viniera a verme otro tipo más (de Barcelona, esta vez lo conseguí), le dejé que cogiera una habitación de hotel, le dejé que me besara en el ALSA que cogimos por error y que tardó más de una hora en llevarnos de Oviedo a Gijón por todos los pueblos de Asturias, le dejé que me metiera mano, le dejé que me dijera que si no me había masturbado nunca en mi vida era mejor que lo hiciera antes de que folláramos, le dejé que me comiera el coño, le dejé que me hiciera una foto en aquel hotel con la camisa que había teñido mamá de azul y le dejé que me invitara unos días en verano a Barcelona.
Nos vamos acercando a la cistitis. Tened paciencia.
Me las ingenié para quedar allí con S. Al fin y al cabo ya había pasado todo, le había demostrado que aquella carta fue sólo un capricho, que podía estar con cualquiera, que era una mujer perfectamente capaz de amar a muchos hombres, uno detrás de otro. Parece que se lo creyó. Ahora mismo no sé hasta qué punto, o fue un tipo listo y huyó a tiempo de la mujer obsesiva y cruel que yo me esforzaba tanto en ocultar.
Y ahí fue cuando comenzó mi cistitis. Tan fuerte que daban ganas de llorar. Tan fuerte que no conseguía salir del baño. Tan fuerte que apenas me podía sostener en pie. Tan fuerte que claudiqué y llamé a mamá y mamá se enfadó muchísimo y me dijo que infusión de salvia y zumo de arándanos y J.A. me dijo que antibióticos para poder seguir follando y antes de todo eso yo no tenía ni siquiera un nombre, no sabia lo que era, sólo que la única parte de mi cuerpo en la que podía pensar era en mi coño y que casi no podía andar cuando fuimos J.A. y yo en moto a ver a S. (y a su mejor amigo E. al que luego, como he dicho, intenté seducir con escaso éxito).
Hablamos exclusivamente de cine. Tarkovsky. Lauzon. David Lynch. En todo el tiempo que estuvimos los cuatro juntos tomando algo en esa ciudad a la que me va a costar volver, sólo hablamos de cine. Así que hice que mi mirada dijera lo que no podían decir mis palabras, que le dijera a S. algo así como “esta vez no voy a mirarte para aprenderte de memoria, esta vez ya te sé de memoria y no me hace falta. Ahora voy a mirarte tan fijamente como seas capaz de soportar, e incluso más, y te voy a mirar para atarte para siempre a mis ojos, para que un día recuerdes que era tuya, que estaba completamente entregada como un perro salvaje al que le das un día de comer y entonces ya no sabe cazar por sí mismo y te necesita. Te miraré con todo mi cuerpo, te miraré follándote, te miraré para que nunca nunca nunca puedas volver a escaparte, para que sepas que si me diste un día de comer te tenías que haber atenido a las consecuencias. Te miraré para que sepas que tú y yo tendríamos que estar juntos, y que si no lo estamos es exclusivamente culpa tuya”. Todo eso le dije, mientras él explicaba por qué Sacrificio era su película favorita, mientras J.A. nos miraba con cara de preocupación para después decirme “sigue habiendo algo entre vosotros” y mientras yo sorbía una tónica y sentía como fuego entre las piernas.
Después accedí a los antibióticos y más tarde los tomé yo misma, las veces que me volvió la cistitis, porque la cistitis siempre vuelve (siempre y cuando la hayas tenido una vez en tu vida). La cistitis puede “cronificarse”, y una parte de mí deseaba que se “cronificara”, como si mi coño pudiera decir más cosas que mis palabras e incluso alguna más que mi mirada.
J.A. tenía las manos sucias.
Ese fue el origen de todo. Sus manos sucias.
Me masturbaba con las manos sucias.
P. tampoco tenía las manos limpias, aunque no nos guste recordarlo.
La cistitis tiene mucho que ver con la suciedad. Nuestro coño no deja acercarse nada que esté demasiado sucio, sean unas manos, un cuerpo, un alma, una vida, una memoria, una conciencia...

(Me preguntaste cómo se titulaba el primer capítulo. Ahí lo tienes. El primer capítulo se titula "Cistitis")

Comentarios

Libertad Kaiser ha dicho que…
Cistítis...hablaremos de ella con un té :)
Anónimo ha dicho que…
Te cambio mi capítulo II de 90º N titulado "Iridiscencia" por tu capítulo II de "J.A". ¿Qué me dices? ¿Eh? ¿Eh? ¿Eh?

M.
The Wild Rose ha dicho que…
M., sabes perfectamente que no podría negarme. Hecho.

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