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Fuego

De pequeña me encantaba el fuego. Aún me gusta. Me he quemado pocas veces en mi vida, y las quemaduras ni me molestan ni me duran demasiado.
Papá decía que "quien juega con fuego se mea la cama" y no le gustaba que jugara con naipes ni con fuego. Daba igual que al poker sólo nos apostáramos garbanzos y daba igual que el fuego se limitara a quemar cerillas. "Juegos de manos, juegos de villanos" y "quien juega con fuego se mea la cama".
Yo en cambio pensaba que había algún dios (siempre fui politeísta, qué le vamos a a hacer) encargado del fuego que me quería. Lo mismo que la diosa de los animales. Ningún perro me mordió nunca en el culo y jamás me quemé con una cerilla.
Jugaba a carbonizarlas enteras, sin soltarlas de la mano. La cerilla ardía hasta no poder más y los mosquitos nunca me picaron. Era algo así como un trato bien hecho, un negocio bien cerrado, unos socios en los que poder confiar.

También es cierto que tardé mucho en dejar de mearme la cama. Muchísimo.

Comentarios

L0usie ha dicho que…
a mí también me encanta sostener la cerilla hasta que se consuma casi entera..

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