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El otro lado de la cama

Mamá dormía siempre en el lado izquierdo de la cama.
Papá dormía sobre mamá.
Cuando yo dormía con ellos (porque tenía miedo o porque me había meado encima) lo hacía del lado de mamá, junto a la mesita de noche de la izquierda.
No me gusta demasiado dormir sola en una cama grande. Me solía acurrucar en la esquina de la izquierda, con un libro, unos apuntes, un móvil, lo que fuera, al otro lado, para no sentir el horror vacui, el abismo del espacio demasiado vacío.
De todas formas sabéis que no siempre dormí sola. Al lado derecho, durmieron J.A., R, J, A y algún que otro nombre poco relevante (no muchos, alguno que otro). P. y yo dormíamos en camas separadas, así que no había ningún lado que repartirse.
Cuando llegué el viernes a casa (me di cuenta a la segunda noche) me acosté en el otro lado de la cama. Dejé las zapatillas en el lado derecho, me tendí bajo Corto Maltés y puse el cojín grande en mi antiguo lado izquierdo (todavía el horror vacui). Lo miré como quien mira sus fotos de cuando niña, al lado izquierdo, y supe que nunca más volvería a dormir allí.
Los cambios, los reales, los profundos, los verderos cambios, consisten en estas elecciones, inconscientes elecciones que va tomando nuestro propio cuerpo.

Comentarios

L0usie ha dicho que…
La persona que duerme al laod derecho es la que toma las riendas,eso creo yo..
a-escena ha dicho que…
Qué bien!!!. Más adelante pruebe otra cosa: dormir un día a un lado y otro día a otro de la cama.
Anónimo ha dicho que…
La persona que duerme siempre en el lado derecho de la cama, la que se sienta siempre de frente a una puerta, la que abre cada noche para dormir un poco la ventana es la que tiene más probabilidades de acabar en un manicomio. O eso creo yo.

M.

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