Ir al contenido principal

Compañía

Las teclas de la máquina de escribir me producían una suerte de tranquilidad.

La casa no estaba nunca en silencio, y no era por los discos de Joaquin Díaz que T. y yo escuchábamos una y otra vez hasta aprendernos de memoria más romances de los que serías capaces de imaginar. Tampoco era por la tele, la radio o los gritos de alguien que se había ofendido mucho. Lo que hacía que en mi casa no existiera ese silencio desasosegante y vacío eran las teclas de la máquina de escribir.

Papá siempre estaba a medias de escribir algo. Nunca empezando o terminando, siempre a medias de escribir. Tecleaba con dos dedos, los índices con considerable rapidez. Fue a un curso de mecanografía, pero a duras penas se le quitó el vicio de los dos dedos. Yo estuve más tiempo en mecanografía. Si me descuido un par de meses más me acabo presentando a exámenes de secretaria. Menos mal que, cuando estoy a punto de conseguir un objetivo concreto, paro a tiempo, doy media vuelta y me voy.
En casa siempre sonaban las teclas de la máquina de escribir. Bonito juguete para las niñas. Bonita manera de ganarse la vida, si alguno de nosotros se hubiera ganado la vida con eso.
Papá era una bata verde de lana, humo y sonido de teclas que volaban unas sobre otras.

Yo he cambiado la máquina de escribir por el portátil. El cigarrillo por una barra de incienso y la bata de lana por un poncho gris (también de lana). Por lo demás, sigo sin sentirme nunca sola. Debe haber una suerte de fantasma, de duende que habita las batas de lana, respira humo y habla con el sonido de las teclas.

Comentarios

L0usie ha dicho que…
Precioso final, con lo difíciles que son los finales...

Entradas populares de este blog

Regreso

Sólo duele de verdad cuando regresas
Dejar cosas atrás no es complicado.
Lo difícil es volver a ver el mismo lado
Torcido por el tiempo lleno de arrugas gruesas
Pues mirar es mirarse en el espejo
Ya resistente a la idea, a Stendhal,
A la historia que quisiste contarte
Que te cuentas cada día desde lejos.
Nunca como esperabas, como un verso
Que muestra realidad ante tus ojos
Marcharse no es difícil, amigo mío
Llevamos una vida marchándonos de algo lo difícil, lo que desangra
Es volver para ver que aquello fue verdad
Que fuste la que fuiste,
Que el amor se mezcló con odio algunas veces
Que las tardes no habían sido cálidas,
Que traicionaste, que te traicionaron
Que nunca hubo perdón en la distancia.
Y luego, sin embargo,
Volver es volver a echar de menos.
No añoras hasta que tu piel recuerda
El olor familiar, el timbre de las voces, las paredes. Y vuelves a ser la que fuiste por
Un lapso muy breve, un instante fugaz
Un abrir y cerrar de ojos y mentiras.
La realidad ta…

India. Entrada.

Sales del avión. Coges el metro. El metro parece sacado del futuro, un metro que toda ciudad desearía tener: limpio, rápido, con información precisa de dónde te encuentras y cuánto te falta para llegar a tu destino (unas lucecitas azules se van encendiendo entre el nombre de una estación y otra a medida que avanzas). Incluso una luz roja te indica por qué puerta salir (derecha o izquierda). Ningún olor, ningún ruido perturba este universo organizado en luces de colores. Nada te hace sospechar lo que habita en la superficie, las riadas de gente, la ciudad palpitante.
Sales del metro. Te invade la oleada de personas, el perfume inciensado de pobreza. Atraviesas la calle negándote a todos los ofrecimientos, que pasan de la asertividad a la violencia. No, thank you, con tu ropa europea y tu piel extremadamente pálida y tu suficiencia. El hotel está cerca. Miras otra vez el plano: Sólo hay que coger esta calle, asegurarse del nombre en una placa, luego contar tres perpendiculares, torcer …

Expectativas

Una vino a esta tierra del sur con ciertas expectativas. Los principios son duros, no pasa nada, se dijo una. No pasa nada si al principio no tienes mucho amigos o si tienes que hacer algún que otro recado antes de empezar a hacer cosas más importantes en el trabajo, o si no viene a verte mucha gente al principio, o si no publicas ningún libro de momento o si, en definitiva, empiezas poco a poco.
Lo importante es ir aprendiendo, desarrollándote, adaptándote. Poco a poco tendrás tu grupo, tu puesto, incluso tu familia. Esas cosas requieren un poquito de paciencia.
Han pasado seis años desde entonces. No puedo decir que esos años hayan sido malos, al fin y al cabo he tenido buenos momentos y lo he pasado bien. Es dulce compartir tu vida con alguien a quien realmente amas, con alguien a quien te gusta ver todas las noches al dormir y todas las mañanas al despertarte. El problema han sido las expectativas. La expectativa te pone en una posición de esperar, de estar verdaderamente convenci…