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Merecimiento

Me pregunto qué se necesita exactamente para merecer aquello que te sucede. No lo malo, no me pregunto el "qué he hecho yo para merecer esto" quejica y sacrificado. No es eso. Es lo bueno lo que me interesa, qué has hecho exactamente para merecer la comida que comes o la cama donde duermes. Qué he hecho, qué actos heroicos y bondadosos he realizado para merecer a la gente que me rodea, para merecer su cariño, su respeto, su admiración a veces.
Qué se necesita para merecer el aire que respiro, la vida que estoy viviendo, los sorbitos del té, la velita que arde, el agua que me bebo. A veces me cuesta encontrar los motivos, las causas de las consecuencias que acontecen, las razones por las cuales estoy aquí ahora, pudiendo escribir esto. Cuántos puntos se necesitan acumular para no sentir culpa, quiero decir, no la culpa por haber hecho algo malo, por haber matado, o robado, ni la culpa de Segismundo por haber nacido, sino más bien la culpa por sentir que no es justo, que alguien te lo está regalando todo, los tangos y los pies, las lágrimas para las cinco de la mañana en vela.
No es que esté triste. O más bien sí. Es exactamente que estoy triste, que me gustaría pensar en todo esto como algo más que un gran, un inmenso golpe de suerte. Me gustaría acostarme cada noche sintiendo que he hecho lo suficiente, que me he merecido el día entero, minuto a minuto, cada una de las risas y cervezas, cada libro, cada pincel sobre la mesa.
Así que a veces dejo de comer, dejo de respirar, dejo de beber sorbitos de té, dejo de ver a nadie. No es una protesta y una queja, es más bien un acto de coherencia, un intento de dar una explicación que cualquiera pueda aceptar, que cualquiera sea capaz de entender.

Feliz día.

Comentarios

Campanilla ha dicho que…
Muchas veces me pregunto lo mismo, y aunque mi vida no solo está marcada por la felicidad, me siento privilegiada muchas veces por tener lo que tengo, de nacer donde nací, de tener la gente que tengo a mi lado, en fin, que muchas veces pienso como tú que no me lo merezco.
Pero por otro lado, pienso que si acepto lo que me ha tocado de malo, que también es abundante, entonces no tengo por qué cuestionar lo bueno ni despreciarlo, sino por el contrario saborearlo sorbo a sorbo, y disfrutar cada minuto de lo que tengo, y pensar que si no hay motivo para que me pasen cosas malas, ¿por qué ha de haberlo para las buenas? pero al final siempre llego a la conclusión de que lo que tengo también me lo he trabajado, no sólo lo material, que es poco, sino lo personal y sentimental, así que nada, a disfrutarlo mientras haya, que nunca se sabe...
a-escena ha dicho que…
Madre mía, qué texto tan grande.
Gracias.

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