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Aceptación

Acepto que no aceptaba el frío, que lo miraba extraña, desde lejos, que contenía la respiración como sobre un puente, esperando que se acabara pronto, que no fuera nada más que el tránsito necesario, que el precio que pagar por una nueva primavera.
Acepto que nunca me creí el invierno, porque de donde vengo siempre es invierno y una siempre espera haberlo dejado atrás, haber superado cualquier clase de invierno merced a un viaje en Alsa, una habitación, unos niños que juegan en frente de la casa.
No quise estar en frío, sudar bajo la ropa, abrigarme, ponerme botas, guantes, jerséys gordos y un edredón de plumas. Pensé que no queriendo era suficiente para que pasara en un abrir de ojos, para que me despertara ya con rosas en la terraza y ensaladas de pasta y calor en el cuerpo.
De pronto me di cuenta de la estación en que vivía, y que no iba a acabar pronto por más que yo contuviera la respiración, así que comencé a respirar, a caminar sobre el asfalto helado. Ayer mismo pensé que el frío no era tan terrible, que me tendría que acostumbrar a él, paso a paso, dejar que la piel sienta la ausencia de sol y de tu cuerpo, que en la ausencia también hay que saber vivir unos meses al año, que no puedo negar lo que no existe.
Así que vivo en frío, ya sin impaciencia, ya con aceptación, no resignada a un clima, sino lo suficientemente fuerte y entera como para no tener prisa, lenta para cruzar este puente respirando trece veces por minuto.
Al fin y al cabo las rosas siempre vuelven a crecer, si se sabe esperar por ellas.

Comentarios

Con tal de no estudiar eres capaz de ponerte a hablar hasta del tiempo...
;-P

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