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Testigos

No te quiero mirar porque tú fuiste
testigo presencial de mis derrotas.

Vuelves ahora con la mirada limpia
como si ya estuvieras sano
o no fueras el mismo.

Y tengo que mirar tus ojos. Aceptar
la desdicha de ser la que fui un día.
No quieras compartir el mismo espacio
con quien vivie en un tiempo diferente,
renuncia al goce de recordar juntos
las pasadas batallas.

Mirarte es ya mirar atrás,
mirar a la que no podía levantarse,
a la que estaba sola,
a la que cayó sin rdención alguna,
a la que peca
porque ya ha olvidado.

Pasa de largo, así podrás, en todo caso
ser el buen recuerdo, el hombro amigo,
las maduradas tardes en que no éramos
del todo felices, ni estábamos
del todo juntos, pero teníamos (quién se atreve a dudarlo)
el suave encanto de los perdedores,
la belleza inevitable del fracaso.

Comentarios

Campanilla ha dicho que…
Sencillamente maravillosa, de casta le viene al galgo, un beso.
Anónimo ha dicho que…
Sin futuro ni pasado,
pisando un sendero de palabras muertas,
inútiles como faros en la llanura,
con la única verdad de la imaginación,
doy mis coordenadas al borde del abismo.
Acabó tiempo ha el momento
de sentar al camino las heridas,
de mostrar a los peregrinos llagas,
por ver si en su tierra tenían cura.
Murió el amor aquel con la extrema unción
saturado de óleos y calas.
Pasó el tiempo de espiar entre los juncos las carnes amadas con ojos ardientes y surcos de lágrimas.
No hay razones, ni curas, ni faltas.
No es limpio lo que nunca fue sucio.
Es espera cósmica que se alumbra en la estrella
que siempre fue lejana, y nunca tuvo dueño.
Bañarse en su luz es la recompensa
de ser último espejo, grano de arroz, poso de té
donde a punto estuvo de comer, mirarse y beber.
Perdido en tuberías mañana volveré a las nubes para besar su cara o regar sus flores.

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