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Esqueleto


Las cartas se escriben para nadie, como si nadie fuera capaz de leer, de entender cada una de las palabras. Las cartas son un esqueleto sobre el que posar la carne, como si la carne necesitara sujección de algún tipo.
Ocupo el espacio, me desparramo, como un gas, como un líquido, como la luz que entra por la ventana desde el más puro Madrid. Esta luz de Madrid tan agradable, tan poco gris, tan iluminadora de ventanas.
"Había olvidado tu costumbre de coleccionar tazas sobre la mesa". Lo dijo con ternura, como si de alguna manera yo fuera mi colección de tazas sobre la mesa. "¿Llevo alguna para la cocina?" No. Me gustan las tazas sobre la mesa. Huelo el resto de líquido, de té, de vino, de leche no porque casi no bebo leche. Me gusta que hayan estado calientes, que se hayan vuelto tibias, que conserven algo de su tibieza cuando las acabo y las pongo en fila india sobre la mesa negra, como si fueran soldaditos.Mi ejército de tazas vacías va a conquistar el mundo.
Leo cartas mientras bebo el té y escupo malos sueños. Las cartas que nadie recibió nunca, las cartas sin destinatario, las que trazan un plan.
Las tazas son también un esqueleto, un lugar al que sujetarse, un mástil, una fila siempre idéntica que sabe a Earl Grey con miel y que me da un besito en la boca todas las mañanas, como un novio cariñoso o, al menos, como ese nadie al que escribir las cartas, al que leer las cartas de las otras, las de Ovidio, las fracasadas, las arrepentidas.

Comentarios

Libertad Kaiser ha dicho que…
La vida deslocalizada, con suerte, conlleva algunas cartas dulces.
L0usie ha dicho que…
Qué dulce.
Anónimo ha dicho que…
"Estoy en el filo del filo del borde de la cornisa del acantilado". No se debe ir tan allá. Imagine que sintiera una emoción real e intensa y dolorosa y placentera al releer por primera vez unas cartas antiguas. No fue superficial para mí, pienso.
No pude pasar por San Andrés, estuve en Las Palmas. Si alguna vez necesita algo, descabellado o inútil o como sea, dígamelo.
The Wild Rose ha dicho que…
Sólo si es descabellado recurriré a usted. Aún no sabe lo importante que fue. Y es mejor así. Que no lo sepa. Que nadie lo sepa.
Inquilino ha dicho que…
Envíalas, envíalas ya. El proyecto de una caja de música no suena. No puedes vivir dentro del dibujo de una casa, por bonito que sea. Todo debe ser ejecutado, todo debe ser realizado, el poder del símbolo para cambiar la realidad está en el acto, poético o no, no tiene importancia. El acto lo cambia todo, esa es la base de la magia.

Tienes que mandarlas, para que sean cartas. Para que no continuen intoxicando con el veneno de su indecisión, que no sigan no-siendo con esa forma tan suya de no-ser, tan tóxica y dulce como toda nostalgia. Tienes que mandarlas, poniendo muy claro el nombre del destinatario, en letras muy grandes, con exceso de sellos por si acaso.

Aunque sepas que se han mudado, aunque no conozcas su paradero, aunque no haya dejado señas, aunque se hayan desvanecido, aunque no existan ya... da igual, mándalas, usa la magia y confía en las casualidades y no olvides nunca el código postal...

Eso sí, no pongas nunca, nunca, el remite en el sobre. No dejes que vuelvan. No dejes que vuelvan sin respuesta.

Aun estoy esperando la mía.

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